En la presente colaboración, el autor esboza una serie
de reflexiones sobre una dimensión europea de la educación, que, a su juicio, debe presentarse como factor clave para el desarrollo constructivo y fructífero de la gran nación de naciones que
aspira a ser la Unión Europea, y argumenta que,
actualmente, las diferencias estructurales e internas entre los sistemas educativos de los estados miembros son evidenciables,
lo que no facilita mucho el proceso.

Reflexiones acerca
de una dimensión europea
de la Educación

Alfonso Diestro Fernández
Doctorando en Ciencias de la Educación, Universidad Pontificia
de Salamanca

AS  viejas  aspiraciones  de  una

Europa como estado supranacional están tomando mucha fuerza actualmente, aunque las razones que impulsan esta iniciativa distan mucho de parecerse a las históricas. La Grecia Clásica, el Imperio Romano en su mayor auge, la unidad alcanzada con Carlomagno, la Ruta del Camino de Santiago, la Europa Napoleónica, etc., constituyeron enclaves fundamentales para entender la cultura europea de ese momento. Pero ninguno de estos momentos históricos hubo de convivir con el fenómeno globalizador y con una situación político-económica como la actual.
Europa -en su formato de UE- se ha convertido en una supranación, inicialmente por motivos económicos, y posteriormente por motivos mucho más globales -hemos de hacer frente a los Estados Unidos en todos los aspectos-. Sea como fuere, el proceso constructivo de la UE nunca contó con la educación para fortalecerse, y así, imbuir en el proceso a la totalidad de Estados y ciudadanos. Hoy, con una superestructura bien definida en el marco institucional, político, e incluso, legislativo, se realizan numerosos esfuerzos por incluir a la educación y a sus sistemas nacionales en todo este megaproyecto.
La DEE (Dimensión Europea de la Educación) apareció por primera vez como concepto en una resolución del Consejo de Ministros Europeos de Educación en 1976. El “Informe Adonnino” (1985) intenta una concienciación ciudadana y un mayor realce de la DEE, pero no es hasta 1988 cuando se elabora una resolución específica de este concepto, que resultó la base del Libro Verde de la Dimensión Europea de la Educación[1] (principal documento sobre este tema) publicado en 1993, en el cual se establecen las líneas de actuación en la política educativa.
El citado Libro Verde expone:“La escuela tiene como tareas generales contribuir, entre otras cosas, a la igualdad de oportunidades para todos; a dar a los jóvenes el sentido de la responsabilidad en una sociedad solidaria; a desarrollar la capacidad de autonomía, de juicio, de sentido crítico y de capacidad de innovación; a desarrollar, en particular, el gusto por aprender a aprender a lo largo de toda la vida y a proporcionarles una formación y cualificación que faciliten su inserción en la vida activa” (Objetivo general)
“Conviene precisar los objetivos específicos en relación con los objetivos generales citados y, con ello, el « valor añadido » de la acción comunitaria:
- Contribuir a desarrollar una ciudadanía europea
- Ofrecer oportunidades para mejorar la calidad de la enseñanza
- Preparar a los jóvenes para una mejor inserción social y profesional”

Dinámica unionista

Los objetivos, además de la inclusión en la dinámica unionista de la DEE, son claros: ciudadanía, calidad de la educación, igualdad de oportunidades, inserción social y profesional, etc. Objetivos muy loables, dignos e incluso factibles, si no fuera porque los Estados se han olvidado de incluir desde un principio (los acuerdos unionistas comenzaron a mediados del S. XX) al sector educativo en el megaproyecto constructivo de la Europa Común. Se denota una cierta sensación de haber empezado la casa por el tejado... Como podremos ver, no se llegó a un acuerdo sobre la conceptualización de lo que suponía y había de representar la DEE. Ello queda reflejado en el Dictamen del Consejo Económico y Social de Europa[2], en sus puntos 3.3 y 3.4 (observaciones generales):

3.3 El Comité lamenta que el Libro Verde no haga referencia a la cultura -elemento fundamental de la identidad europea- y que sea a través de la educación y la formación profesional como se intente alcanzar los valores europeos, en lugar de comenzar por la propia cultura. El verdadero fundamento de la integración europea es la cultura, que agrupa las reglas de la democracia y el estado de derecho, la ciudadanía, las tradiciones y mentalidades, así como la riqueza de la multiplicidad histórico-cultural. Esta idea de continente que engendra su fuerza creadora es la que es preciso mantener para superar la crisis de valores que afecta a la sociedad civil y que provoca manifestaciones de revuelta.”

3.4 El Comité estima que la Comisión no aclara exactamente lo que entiende por «dimensión europea de la educación». En opinión del Comité, debe abarcar los aspectos siguientes:
- Fomentar el conocimiento de las diferentes culturas europeas;
- Tener el humanismo como denominador común;
- Utilizar el conocimiento de las lenguas extranjeras comunitarias como un factor determinante para la cooperación cultural, económica, técnica y científica, con vistas a la creación de una Europa de los ciudadanos y a la plena realización del mercado interior;
- Conocer las asignaturas europeas que se enseñan;
- Elaborar un sistema en el que los individuos puedan desarrollar sus capacidades potenciales para integrarse mejor en un mundo más competitivo;
- Desarrollar la investigación fundamental y aplicada en el ámbito de la educación.

3.4.2. La educación debe fundarse en una visión paneuropea, para que cada ciudadano tome conciencia, más allá de las particularidades nacionales e individuales, de que pertenece íntegramente a la civilización de nuestro continente.”

Sentido comunitario

Como se puede apreciar, otorgar a la educación un sentido comunitario (DEE) no parece un objetivo asequible, pues ni desde el seno de las instituciones se ponen de acuerdo en una definición, ni parece que el camino para conseguir esta meta esté bien planeado. Si el Libro Verde de la DEE se olvida de la cultura y de lo que el Comité Económico y Social plantea en el punto 3.4 del Dictamen, el futuro educativo dentro de la UE no tiene visos de ser esperanzador en este aspecto.
A este panorama, de inicio desalentador, hemos de incluirle una serie de factores relevantes para el posible desarrollo de una educación comunitaria -europea-. Por un lado, existe una tendencia nacionalista en los países miembros que choca con el proyecto de la DEE. Algunos Estados miembros presentan muchos inconvenientes a la hora de renunciar a ciertas peculiaridades de su sistema educativo, por otras de carácter supranacional. Las pedagogías nacionales suelan estar enraizadas en la cultura patriótica e histórica y parece que se corre cierto riesgo de perder la identidad cultural (nacional y regional) A esta circunstancia hay que añadirle viejas rencillas históricas, una realidad multicultural y plurilingüe, movimientos de población masivos, políticas nacionales y sistemas de gobierno diferenciados, por no mencionar, que muchos estados son gobernados por partidos políticos de ideologías muy diferenciadas a la de sus vecinos.
Por otro lado, la educación ha entrado en una dinámica competitiva y productiva que la aleja de los principios fundamentales que han de guiar al acto educativo. La escuela, centro de muchas cosas y foco de muy pocas actualmente, ha perdido el norte pedagógico entre toda esta maraña de proyectos globales, calidad educativa, competencia, cualificación y capacitación profesional. La dinámica de la globalización y la economía neoliberalista afectan también de manera decisiva en este proceso. La tendencia globalizadora marcada por las multinacionales, los medios de comunicación, las bolsas internacionales, etc., están produciendo cambios muy relevantes que afectan a la sociedad en su conjunto y a la educación en particular. La economía neoliberalista está introduciendo la rara necesidad de invertir lo justo para sacar el máximo de rendimiento, así como una tendencia masiva de convertir la educación en un factor de consumo y producción.

Diferencias y dificultades

La realidad del panorama educativo europeo presenta muchas dificultades, pero a tenor de lo visto en el estudio de sus sistemas educativos, quizás, las mayores se presenten a la hora de armonizar ese gran cúmulo de diferencias propias entre los sistemas educativos nacionales. El panorama educativo de la Europa de los 15 se muestra como un crisol de características propias.  Este problema aumenta con la reciente adhesión de nuevos miembros. Las diferencias propias encontradas entre los Estados miembros de la UE, por citar algunas, hacen referencia a los siguientes aspectos[3]:
La educación preescolar tiene una diferente consideración. En algunos estados suele ser gratuita, en otros, es obligatoria la asistencia, al menos, durante un año. Lo más llamativo es que en Estados como Irlanda o los Países Bajos no se contempla el periodo preescolar.
La duración de la escolarización obligatoria y la estructura de la misma presentan variaciones en los Estados. Generalmente suele abarcar hasta el periodo 14-16 años y se establece una duración extensiva entre los 8 años (Italia) y los 12 años (Países Bajos)
El periodo de la escolarización obligatoria y gratuita presenta además diferencias en cuanto a la organización de sus tramos. Podemos encontrar dos tendencias claras: la de los países que cuentan con una estructura única (Dinamarca, Portugal o Finlandia) y la de los países que tienen diferenciados los tramos de la educación primaria y la secundaria (inferior)
La mayoría de los estados suelen seguir un currículo común hasta el final del periodo de la escolarización obligatoria, pero algunos países se decantan por la elección de rama o itinerario a los 10 o 12 años (Alemania, Austria y Luxemburgo).
El tamaño de las clases (ratio profesor-alumno) no presenta homogeneidad ninguna en los Estados de la UE. En algunos países no hay una legislación que delimite el tamaño del grupo clase, como es el caso de Francia, Bélgica, Países Bajos, Finlandia, etc. Otros países como España, Portugal, Alemania, tiene previstas leyes al respecto. Pero aún así, las diferencias son constantes. Mientras que algunos países limitan el tamaño de sus clases aproximadamente, otros tienen previstos números mínimos y máximos (Portugal e Italia).
El tipo de evaluación-promoción es otro de los aspectos que presentan diferencias extremistas. Mientras que en los países nórdicos e Inglaterra se apuesta por la promoción automática en Primaria, otros países, eligen entre otra variedad de propuestas (repetición al final de etapa, por motivos excepcionales, posibilidad de repetición en cada curso).
En algunos países suelen seguir un currículo común hasta la Secundaria Inferior (educación integrada) Mientras que la para la Secundaria Superior cada país ofrece diferentes ramas. En otros países no existe diferenciación entre la Secundaria Inferior y la Superior.
La duración del curso académico y del horario lectivo también presenta diferencias ostensibles entre los países. Simplemente en el reino Unido encontramos diferencias claras. Mientras que en Escocia se superan las mil horas lectivas en la Secundaria Inferior, en Irlanda del Norte apenas sobrepasa las 800 horas. Hay casos realmente llamativos como el de Italia que prevé un número mínimo de 900 horas lectivas y un máximo de 1250 aproximadamente.
En la secundaria inferior encontramos casos como el de Portugal y Austria. El número máximo de horas lectivas del primero (Portugal) ni si quiera supera el mínimo establecido por el segundo (Austria).
Esta serie diferencias se presentan en una comparación general y breve de los 15 países de la UE a finales del S. XX sólo en los aspectos mencionados, otros muchos quedan por el camino. Pero si nos centrásemos en comparar a los países cruzándolos uno por uno, el resultado podría llegar a ser sorprendente.

Falta de acuerdo

Como se puede evidenciar, el panorama que rodea a la posibilidad de una educación europea es bastante desolador. No existe acuerdo en las instituciones, ni entre los países. Las diferencias estructurales y organizativas son enormes. No obstante, los políticos se resisten a ver esta realidad y ante el “desastre” aparente del Libro Verde de la Dimensión Europea de la Educación, se han buscado una solución alternativa no carente de cierta ironía (la casa por la ventana) Ante la imposibilidad de llegar a un consenso en lo referente a la educación formal, se reorientan los esfuerzos a la recién nominada educación a lo largo de la vida (educación no formal e informal) Los políticos europeos han centrado su interés en la siguiente fase de la educación (el final de la educación formal) ya que no pueden permitirse el lujo de dejar fuera del megaproyecto europeo a la educación. Aunque tal vez, no con una intención integradora y consolidativa del proceso, sino como un servicio productivo de personal cualificado, capaz de adaptarse a los cambios.
Los “Padres de la Unión” han tardado mucho, más de tres décadas, en darse cuenta de la necesidad y la importancia de la educación para afianzar el proyecto comunitario. En pocos años, la educación ha pasado del anonimato a ser el centro de atención de medidas y proyectos comunitarios. No es posible consolidar un proyecto unionista de semejante envergadura sin contar con la Educación y la Pedagogía. Pero la letanía temporal de las medidas, la imposibilidad del consenso entre países en cuanto a la educación formal, los intereses económicos, etc., puede que hayan hecho perder buena parte del sentido -fines- de la educación (DEE) en el proceso europeo.
La relación de lo expuesto nos induce a pensar que el proyecto educativo europeo, en cuanto a la necesidad de dotarlo de una base conceptual coherente está carente de cierto sentido común y pedagógico. La idea de Europa se nos presenta como un desafío colectivo para los europeos, que estamos afrontando individualmente. La escuela no respira de los aires comunitarios por muchos proyectos que estén en marcha actualmente. Los éxitos de los programas Sócrates, Comenius, Erasmus, Leonardo, etc., no representan la realidad de la educación en Europa, al menos, esa realidad no es evidenciable a tenor de lo visto en los sistemas educativos nacionales. La ciudadanía, el civismo y la cultura europea no son representativos en estos momentos, más que en los enormes edificios institucionales de la UE.

1) Comisión de las Comunidades Europeas. Libro Verde de la Dimensión Europea de la Educación. Oficina de publicaciones de la UE. Luxemburgo. 1993
2) Comisión de las Comunidades Europeas. Dictamen del Comité Económico y Social sobre el Libro Verde de la DEE. Oficina de Publicaciones de la UE. 1994
3) Los datos educativos a los que se hace referencia son anteriores a la adhesión de los nuevos estados miembros en 2003. Los datos y estadísticas mencionados, pueden encontrarse detalladamente en la bibliografía que ofrece EURYDICE www.eurydice.org/Publication_List/fr/FrameSet.htm

Libros de referencia:
Comisión de las Comunidades Europeas. Libro Verde de la Dimensión Europea de la Educación. Oficina de publicaciones de la UE. Luxemburgo. 1993
Comisión de las Comunidades Europeas. Libro Blanco sobre la educación y  formación. Enseñar y aprender. Oficina de publicaciones de la UE. Luxemburgo. 1995
Comisión de las Comunidades Europeas. Dictamen del Comité Económico y Social sobre el Libro Verde de la DEE. Oficina de Publicaciones de la UE. 1994
ETXEBERRÍA, F. Políticas educativas en la Unión Europea. Ariel. Barcelona. 2000
EURYDICE. Las cifras claves de la educación en Europa. 99-00. Oficina de publicaciones de la UE. Bruselas. 2001
EURYDICE-CEDEFOP. Estructuras de los sistemas educativos y de formación inicial en la Unión Europea. Oficina de publicaciones de la UE. Bruselas. 1995

 

arriba