Reina y sociedad

El Museo Arqueológico Nacional recuerda los profundos cambios que España experimentó
bajo el mandato de Isabel II
Singular en la historia de España, donde representa el paso de la monarquía absolutista a la constitucional; convulsa en sus preferencias políticas y complicada en el aspecto emocional, la Reina Isabel II de Borbón es en el primer centenario de su muerte objeto de una nueva mirada que la acerca más a su sociedad y a su época.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
“Usted es una época histórica”, le recordaba Cánovas a Isabel II en 1875, cuando ya era su hijo quien regía los destinos de España; cuando ella vivía desterrada en París y le negaban la posibilidad de regresar a su tierra: una singular forma de acusarla del complejísimo proceso de transición que este país atravesó en las décadas de su reinado. Treinta y cinco años en los que España  estableció modernizaciones constitucionales  al-

canzadas en países europeos décadas antes y en los que se comenzó a dibujar una sociedad industrial y de infraestructuras que caminaría segura al definitivo cambio que el término de siglo implicaría. Treinta y cinco años que son ahora de nuevo mirados bajo el complejo marco que simboliza el quehacer menospreciado y la personalidad complicada de esta Reina que ya a los tres años provoca la primera situación de conflicto institucional –es nombrada heredera del trono pese a que existía un varón en la familia-, que vivirá el abandono emocional de su propia madre y tutora política, que es casada contra su voluntad con su primo Francisco de Asís de Borbón y que vivió a merced de las intrigas y manejos de políticos que veían en ella el gigante de pies de barro afín a cualquier fuerza bien empleada: Isabel II, Reina de España, mujer sin estructuras férreas de carácter, de ideologías o emocionales, pero adscrita a uno de los periodos más importantes de nuestra historia.

Nueva mirada

Es esta mujer polémica y compleja que reinó en el periodo que va de 1833 a 1868, y que dejó sin rumbo cierto el inmenso proceso de modernizar el país heredado, el nuevo significante que historiadores y estudiosos intentan vislumbrar desde los aspectos múltiples que se conocen de la realidad política, social, cultural y económica de su sociedad y de su época. Sus aciertos, escasos a juzgar por el constante perfil que de su reinado ha realizado la historiografía; sus estruendosos desaciertos, de valida de otros gobernantes silenciosos; sus rasgos biográficos y –especialmente- el espacio social en el que nació y vivió están siendo estrictamente estudiados al cumplirse cien años de la fecha de su fallecimiento: nuevas biografías, ensayos, documentales, seminarios, mesas redondas, conferencias y exposiciones, como la que estos días mantiene abierta el Museo Arqueológico Nacional en Madrid -organizada por el Patrimonio Nacional y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales- que bajo el título Liberalismo y Romanticismo en tiempos de Isabel II pasa revista a todas las claves de este periodo extraordinario de nuestra historia a través de más de doscientas piezas entre cuadros, esculturas, grabados, fotografías, libros y objetos –prestadas para la ocasión por medio centenar de instituciones nacionales y extranjeras- y entre las que se encuentran obras de Federico de Madrazo, Vicente López, Antonio María Esquivel, Jenaro Pérez Villamil, Eugenio Lucas Velázquez y Franz Xaver Winterhalter, entre otros.

Avances y rémoras

Un recorrido con doble vertiente –el más directamente relacionado con la reina y el que atañe casi exclusivamente a su sociedad- es el que ha elegido Carlos Dardé, comisario de la exposición, para reflexionar acerca de los grandes apartados que este periodo contiene: La Europa Liberal y de las nacionalidades; La implantación del régimen liberal en España, 1833-1868; La reina y su entorno; Los “adelantos realizados”; El romanticismo literario; El renacimiento de las culturas catalana, gallega y vasca; La recreación del pasado; España vista por los extranjeros. La imagen romántica de España y, por último, España vista por los españoles. Una sociedad en transición. Nueve grandes secciones en las que se encuentran objetos personales de Isabel II como el sillón de trono infantil, su botiquín homeopático, adornos de mesa, cristalerías, retratos al pastel de sus cinco hijos...además de numerosos testimonios de sus viajes por España; documentos de la situación política e institucional como Constituciones y leyes, panfletos, manifiestos revolucionarios, las espadas de los generales Narváez, Espartero, O´Donell y Prim, medallas y objetos conmemorativos; huellas de cómo España avanzó en su modernización con la mejora de las comunicaciones e infraestructuras, las nuevas unidades de pesos y medidas, la inauguración del ferrocarril...; pruebas del extraordinario quehacer literario que se produjo al calor de los nuevos preceptos liberales que también provocó el renacer cultural de Cataluña, Galicia y el País Vasco; imágenes de cómo el mito y la leyenda afloran en una concepción europea de “lo español”; y, como cierre, los testimonios de cómo veían los propios españoles el singular proceso de avance social de una sociedad aún pre-industrial, mayoritariamente rural y profundamente religiosa.

 

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