Se cumplen 75 años de la creación del
Instituto-Escuela, un intento de modernización educativa en la España de 1928
La Asociación Cultura y Educación junto con el Ateneo de Madrid y CC.OO organizan unas jornadas conmemorativas
Con motivo de la celebración del 75 aniversario de la creación, por parte de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), del primer Instituto-Escuela en Madrid, se celebran unas Jornadas de debate sobre el peso e influencia de estos centros en el panorama educativo de su época.
Los actuales Institutos de Secundaria “Ramiro de Maeztu” –en la foto- e “Isabel
la Católica” fueron los primeros Instituto- Escuela creados en Madrid
en 1928.

Madrid. MARGARITA GIRON
En este encuentro han intervenido numerosos expertos en educación, como el recién nombrado secretario general de Educación, Alejandro Tiana; el catedrático de la Universidad Juan Carlos I, Luis Palacios; y el Presidente de Acción Educativa, Angel Remacha.
Todos ellos coinciden en destacar la enorme influencia de este movimiento pedagógico antes y durante la II República, no solo en el aspecto educativo, sino en el clima social de la España de aquel momento histórico. La ILE fue fundada en 1876 por un grupo de catedráticos, entre los que se encontraban Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate y Nicolás Salmerón, separados de la Universidad por defender la libertad de cátedra y no ajustar sus enseñanzas a los dogmas oficiales en materia religiosa, política o moral.
Palacios señala como aportación importante de la Institución Libre de Enseñanza “el mundo de valores que propone y una cosmovisión educativa en la que la educación integral se convierte en una realidad palpable”. Algo que no se ha vuelto a hacer hasta ahora: estudiar por igual teatro que matemáticas; ciencias que manualidades, así como dar importancia a las excursiones y a los viajes culturales de los estudiantes. Igualmente, dio un tratamiento inteligente y no problemático a la religión y al aprendizaje de idiomas.

Educar hombres

Palacios recordó las palabras de una de las figuras más importante de la ILE, José Castillejo, quien aseguraba que “lo importante es hacer hombres, no ciudadanos de derechas o de izquierdas”. Esto chocaba con las pretensiones de los partidos políticos, más interesados en imponer su propio sistema educativo que les permitiera “fabricar” determinado tipo de ciudadanos adecuados a su ideología y conveniencia.
Por su parte, Alejandro Tiana se sirvió de la película La lengua de las mariposas para referirse al tipo de escuela y de docencia que tenía lugar durante la II República. Don Gregorio, el personaje que encarna al maestro, es un tipo de docente que surge de todo un movimiento pedagógico anterior que germina en la ILE y que se va extendiendo en círculos cada vez más amplios por todo el sistema educativo de la época. Fue un proceso de “abajo a arriba” que nace de un grupo de gente comprometida en “cambiar la escuela cambiando al maestro”. En palabras de Manuel Cossio, sucesor de Giner de los Ríos al frente de la ILE, “no es lo urgente comprar aparatos para nuestras escuelas, sino que nuestros maestros estén en disposición de utilizarlos”.
También fue un proceso apartidario, ajeno a la política de partido, aunque, según señala Tiana, “es cierto que colocaron a algunos de ellos en puestos de poder con el objeto de poder desarrollar su labor con mayor continuidad”.

Institución elitista

Respecto a la acusación de elitismo que en ocasiones se ha vertido sobre la ILE, Tiana matizó que no se trataba de una actitud socioeconómica sino moral: querían formar a los mejores profesores y darles la ocasión de que fuesen transformando la escuela.
Tiana también recordó que la reforma educativa de la República, que tantas tensiones provocó en la sociedad de entonces, se produjo a raíz la confluencia del Institucionismo anterior con el socialismo. Este último rechazaba las reformas y apostaba directamente por la revolución. Fue a principios del siglo XX cuando el PSOE empieza a creer que la educación tiene algo que hacer en los cambios sociales.
La Guerra Civil de 1936 supuso la proscripción de la ILE así como la confiscación de todos sus bienes, dando lugar a un largo paréntesis en sus actividades. Tras la entrada en vigor de la Constitución de 1978, la Fundación recuperó su patrimonio y su plena capacidad de acción.

 

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