Apoyo psicológico a alumnos madrileños
La Oficina de Salud Mental elabora unas guías de orientación para profesores y padres tras el 11-M
¿Es seguro el colegio?, ¿podemos coger el tren?... estas son algunas preguntas que se formulan niños y adolescentes tras los atentados del pasado 11 de marzo. Profesores y padres disponen de unas guías de orientación, que ha confeccionado la Oficina Regional de Salud Mental de la Comunidad de Madrid, donde se incluyen líneas de actuación para afrontar las consecuencias psíquicas del trágico suceso.
Los estudiantes con una situación emocional más frágil requieren una atención específica.
(Foto: Rafael Martínez)

Madrid. ROSAURA CALLEJA
La guía de orientación para profesores especifica que, “dependiendo de la edad o de la afectación directa o no, los alumnos pueden sentirse asustados, preocupados acerca de su futuro, de su seguridad o del porvenir de su familia”. Los psicólogos advierten que, tras el trauma, la clase puede convertirse en un escenario caótico o en un lugar de refugio y el profesor debe enfrentarse a estas situaciones, que pueden prolongarse semanas o incluso meses.
Empezar el día con la rutina habitual y, después, ofrecer a los escolares un espacio para discutir y preguntar sobre los acontecimientos, son algunas de las propuestas que figuran en este documento, donde también se recomienda identificar a los estudiantes que se encuentren en una situación emocional frágil.
Estos expertos insisten en que la jornada escolar tenga una estructura normal, pero se reservarán unos momentos para la expresión de los sentimientos verbalmente o a través de dibujos o juegos.

Modificación de conducta

Mientras que el profesor debe acudir al psicólogo del centro, cuando observe un cambio importante en el comportamiento habitual de un alumno, también mantendrá informados a los padres de esta modificación de conducta.
Los especialistas consideran que la mayoría de los niños y adolescentes son capaces de superar el trauma, no obstante señalan que existe un porcentaje (especialmente en menores de 11 años), en que las consecuencias psicológicas pueden ser perdurables.
En este sentido, la detección precoz de los síntomas y su correcto tratamiento logrará la integración de la experiencia traumática en la vida del alumno. También subrayan que el profesor que debe cuidar de sí mismo y, si percibe que es incapaz de afrontar la situación, pedir ayuda.

Orientación familiar

Paralelamente, este servicio de Salud Mental ha diseñado una guía destinada a los padres, ya que los niños buscan refugio en ellos y su actitud les afecta directamente. Si el padre se muestra tranquilo, podrá transmitir esta calma al hijo.
Según puntualiza este documento, los alumnos que presentan mayor riesgo son los que han experimentado algún perjuicio directo, como consecuencia de la tragedia, porque residan cerca de los lugares del atentado o porque hayan perdido familiares o amigos.
Mientras que algunos prefieren hablar de los acontecimientos, otros se preocupan en silencio, por lo que la familia debe asumir que la reacción de cada niño depende de su edad, temperamento y de su manera de enfrentar los problemas.
“No tema hablar de la situación traumática con sus hijos”, recomiendan los expertos y sugieren que se debe averiguar qué es lo que ya saben y han visto, preguntándoles qué piensan y sienten.

Imágenes reiterativas

De igual modo que en el centro escolar, en la casa familiar  se debe mantener la rutina cotidiana, para transmitir seguridad a los niños. No obstante, los padres limitarán el tiempo de televisión, sobre todo en los espacios informativos. La repetida visión de las mismas imágenes, por parte de los más pequeños, puede interpretarse como si ocurriese un nuevo atentado.
A juicio de los psicólogos, los comentarios en familia pueden influir negativamente en los niños, por lo que recomiendan que no se fomenten ideas de prejuicio ni venganza, como forma de resolver los problemas.
Médicos de Atención Primaria, Pediatras y Centros de Salud Mental constituyen las redes de apoyo a disposición de los ciudadanos que lo demanden.
Las reacciones de malestar emocional y de alteraciones del comportamiento de niños y adolescentes forman parte de una reacción normal ante una situación traumática. Sin embargo, los más pequeños a menudo no expresan sus temores, para no entristecer aún más a sus padres, lo cual no significa que no existan.
Negar la importancia de lo sucedido y hacer “como si no hubiera pasado nada”, sólo contribuye a incrementar sus sentimientos de soledad y aislamiento y favorece la presentación de complicaciones psiquiátricas.

 

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