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La
educación ha sido, y es, un tema prioritario para todos los pueblos que
confían en el progreso y miran con esperanza el futuro. Nuestro pueblo
debe aspirar a ello, a través del vínculo información/conocimiento, como
parte de un proceso socio-histórico, enmarcado en una sociedad significativa
y promisoria.
La Escuela
de Adultos no puede estar ausente a lo expuesto. Por ello permanentemente,
se realizan grandes esfuerzos para mejorar los niveles de alfabetización,
brindando en su proceso educativo estrategias y herramientas apropiadas
al saber hacia estas personas que, por ciertas circunstancias vivenciales,
no pudieron acceder al mismo oportunamente (por ejemplo: cuidar o estar
a cargo de sus hermanos más pequeños, realizar tareas rurales, vivir a
grandes distancias de las escuelas más cercanas, sostener a su familia
económicamente, etc.)
Este esfuerzo de docentes y alumnos
merece un valioso reconocimiento, que no siempre se brinda. Los docentes
procuran ampliar y actualizar sus conocimientos para volcarlos en la enseñanza
hacia los educandos. Pero también, desde su rol, tratan de insertar a
los estudiantes en las distintas comunidades, elevando sus niveles hacia
planos más abarcativos, ya sean intelectuales, sociales y/o culturales,
y desafiando a diario los grandes obstáculos de la marginalidad, de la
cual estos jóvenes y adultos son el producto.
Profesional
específico
El
educador de Adultos es un profesional en su área. Requiere de una especificación
que lo acredita para ejercitar en este tipo de docencia, adquiriendo no
sólo los saberes metodológicos, didácticos y pragmáticos, sino ampliando
sus conocimientos hacia los principios característicos que atraviesan
los jóvenes y adultos.
No es una tarea sencilla. El alumnado
matriculado, responde por lo general a contextos de barrios carenciados
y marginados y en consecuencia, el docente debe por una parte satisfacer
las demandas de los lineamientos curriculares propios de las políticas
educativas y por otro, los problemas significativos de la comunidad educacional
a la que atiende.
El trabajo
pedagógico se encuadra entonces en temas que configuran el diario vivir
de los alumnos como ser: la falta de valores, la marginalidad, el inconformismo
social, los conflictos personales, las carencias económicas, la inserción
laboral, la necesidad de ser escuchados y la orientación adecuada para
atravesar las situaciones adversas en que se enfrentan a diario.
Muchas veces
estos docentes, requieren el apoyo de profesionales que posean distintas
especificidades,(psicólogos, sociólogos, médicos, etc) para satisfacer
las demandas de los alumnos y otras tantas, de los recursos apropiados
para atender el fragmento de habitantes que capacita.
Estos alumnos adultos traen un bagaje
de experiencias de vida, que el docente requiere "apropiarlas"
para canalizarlas a través de la educación sistemática, plasmándolas en
los jóvenes, con el propósito de elevar sus posibilidades en pos de un
mejor rendimiento educativo. "Si tuviera que reducir toda la psicología
educativa a un solo principio diría: el factor más importante que influye
en el aprendizaje es lo que el alumno ya sabe. Averíguese esto y enséñese
en consecuencia" (David Ausubel).
Campo
de acción
El campo de acción de estos educadores
es cada vez más amplio, e incluye actuaciones específicas, tales como:
* Escuchar las problemáticas de los
alumnos, ofreciéndoles ayuda con una mirada en positivo.
* Emplear diferentes metodologías,
acordes a la heterogeneidad grupal.
* Estar atentos a sus saberes previos,
atendiendo a sus necesidades diferentes.
* Valorar las habilidades, destrezas
y experiencias adquiridas durante la vida.
* Ser creativos y flexibles, enfrentando
situaciones áulicas imprevistas.
* Acercarlos a contextos variados (estos
alumnos sólo conocen el ámbito donde viven, no están acostumbrados a viajar,
ni a conocer la ciudad).
* Ofrecerles una posición que los gratifique,
aumentando su autoestima.
* Demostrar que el maestro también
posee como ellos fortalezas, pero también debilidades y limitaciones.
* Trabajar sobre los errores y fracasos,
para superar los conflictos en los aprendizajes.
*Asumir una actitud de compromiso,
ofreciéndoles confianza y participación.
Los
educadores de adolescentes y adultos deben apuntar a tareas en conjunto,
mancomunadas, que integren los saberes y acciones docentes y de los alumnos,
para que al finalizar los estudios logren mejoras en el ámbito personal,
pero también en el intelectual, económico y social .
Ser creativos,
apuntar a proyectar microemprendimientos, favorecerá el desarrollo de
los alumnos, a la mejora de su autoestima, y al acceso a ofertas educativas
y laborales más complejas, representativas de la actualidad.
Iris
Castellano y Elida Spinicci
Maestras Bibliotecarias y Profesoras de Adultos y Adolescentes
(Buenos Aires, República Argentina)
Bibliografía:
AUSUBEL, David. Psicología educativa. México: Trillas,
1982
CARDEMIL,
Cecilia . Detrás del pizarrón, guía para la revisión de la práctica docente.
CIDE Educadores de Chile, 1992
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