Aumenta la violencia en todos los ámbitos sociales, incluidos familia, escuela y trabajo
Expertos nacionales y extranjeros analizan en un libro las causas, tipos y efectos de los comportamientos violentos
El Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia ha presentado el manual El laberinto de la violencia (Editorial Ariel), un estudio de los diferentes tipos de agresión y sus causas, en el que se señala el aumento del acoso moral y sexual en el trabajo; el crecimiento de la violencia entre la población juvenil en un 20%; y el número de casos de violencia doméstica
que se denuncian, solo un 30% del total.
La violencia contra la mujer, contra los niños, en el trabajo y el terrorismo, son objeto de estudio de este manual, que también elabora un perfil de las víctimas y
de los agresores.

Madrid. MARGARITA GIRON
Un total de 26 expertos de reconocido prestigio nacional e internacional han participado en la elaboración de este libro, que pretende ser un tratado sobre la violencia en todas sus manifestaciones.
Bajo el título El laberinto de la violencia, recoge las causas, tipos y efectos de todos los comportamientos violentos, desde el maltrato doméstico, al acoso moral en el trabajo, el terrorismo, la guerra, la violencia en la escuela y en el deporte. Aún cuando ni todos los agresores, ni todas las víctimas son iguales, esta guía intenta vertebrar hipótesis comunes que permitan analizar este fenómeno cuya frecuencia de aparición aumenta en la actualidad.
“No damos un mensaje optimista en lo que se refiere al tratamiento de los agresores” explica José Sanmartín, coordinador de esta obra, quien señala el aumento de los comportamientos violentos en determinados ámbitos, como en la escuela. Seis de cada diez profesores declaran conocer que se producen episodios de violencia en sus centros y uno de cada diez sabe de la existencia de amenazas con armas.

Insultos y agresiones

Además, entre los estudiantes de Secundaria, un 33% se reconoce como víctima de insultos, un 4% de agresiones físicas y un 0’7% de amenazas con armas. Casi la mitad de ellos dicen haber sido testigos en alguna ocasión de agresiones físicas a otros. En general, entre la población juvenil, la violencia ha crecido un 20% en los últimos años.
Para Sanmartín, “hace tiempo que la escuela renunció a la educación en nombre de la enseñanza”. Sin embargo, “no podemos creernos que por tener una asignatura sobre valores estemos educando a nuestros niños. La igualdad, la solidaridad y la democracia no se enseñan poniendo más asignaturas, sino dotando de estos contenidos a las de siempre. Se puede educar en valores durante la clase de matemáticas”.
Igualmente, en el seno de la familia el número de mujeres maltratadas se ha incrementado en un 117% en los últimos cinco años, y el número de las que han sido asesinadas por su pareja ha aumentado en un 52% desde 2001 a 2003. Además, aun cuando el número de denuncias por violencia doméstica se ha incrementado en nuestro país en los últimos años, esta cifra no alcanza al 30% de los casos que realmente se producen.
Respecto a la violencia en el ámbito laboral, el informe señala que entre el 40% y el 84% de la población laboral sufre acoso sexual, sobre todo mujeres y madres solteras, homosexuales y trabajadores con contratos precarios.

Acoso moral

Por otro lado, el acoso moral se produce especialmente en la Administración pública, el ámbito médico-social y la enseñanza. A través de pequeños ataques repetitivos, muchas veces sin testigos, solapados y ambiguos, el agresor pretende deshacerse de alguien que le molesta, especialmente mujeres mayores de 50 años. Todas estas prácticas tienen graves consecuencias tanto en la salud física como psíquica del trabajador.

Terrorismo indiscriminado

Durante la presentación del libro, su coordinador hizo especial referencia a la violencia terrorista, coincidiendo con los recientes atentados del 11-M. En este sentido, señaló la diferencia entre el terrorista laico y el religioso. “Estábamos acostumbrados a atentados con pocas víctimas, basados en el lema: ‘no queremos mucha gente muerta sino mucha gente observándonos’, propio del terrorismo laico. Sin embargo, ahora los atentados son masivos e indiscriminados, porque el terrorista religioso no teme perder el apoyo de ninguna población de referencia, solo se siente responsable ante Dios”, explica Sanmartín.
Además, el terrorista religioso se comporta como un “autentico psicópata sin serlo”, es una “mente en blanco” dentro de un grupo que le somete a un lavado de cerebro duro y eficaz. No ve a sus víctimas como personas, sino como símbolos del enemigo.

 

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