Generoso, extraño, solitario y lúcido en su personalidad y valiente, radical y excepcional en su pintura, José Gutiérrez Solana cuenta en la historia cultural del siglo XX con un espacio propio en el que el humor, la crítica, la comprensión y el sentimiento hacia lo “español” es el motivo y la lógica. Esta muestra retrospectiva nos lo recuerda.

España y el pintor

El Centro de Arte Reina Sofía muestra la apasionada
y humanista
mirada de
José Gutiérrez Solana

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
“¿La pintura? Cuando he salido a la calle lo he visto. Es un arte magnífico éste; pero no tomado así, como un reflejo del natural, sino llegando al realismo. (…) La pintura se come la crudeza y la fuerza de la luz. Se apodera de uno. Es mi mundo. Es análisis. Y al sueño de noche vienen esas cosas que he tenido yo. La calle ofrece escenas a uno en donde un paisaje y cada persona es un gigante…” dice el pintor que más cerca ha estado de una España sin padrinos, suerte o futuro, siempre en el borde mismo de la repetición eterna y sin embargo especialmente viva, libre y esencial: una España de tránsito entre siglos, entre el campo y la ciudad, entre el puro azar y la más acuciante necesidad.
Es la forma verbal de una impronta vital y artística que le llevó a viajar por tren y en vagones de tercera por gran parte del territorio nacional para conocer, comprender y reflejar algunos de los hechos más evidentes de su realidad en el menos evidente de su registro: luz en la oscuridad del tópico, humor y crítica para lo cotidiano, expresiva dureza en su reflejo para el arte. Una marca de fábrica que ha dado pie a un concepto, lo “solanesco”, y que es en el arte del siglo XX español la más conseguida figura del librepensador valiente, sin prejuicios y lúcido, capaz de decir las más crueles verdades sobre España con la intención de vencer el lastre que lo brutal tiene en su historia.

Nuevas obras

José Gutiérrez Solana es estos días el invitado de honor del Centro de Arte Reina Sofía, un museo que en su fondo permanente ya posee un gran activo de su obra: doce de sus grandes lienzos y buena parte de su archivo personal, pero que aún no había realizado el gran homenaje a su obra que esta retrospectiva actual configura sin duda alguna. La muestra “José Gutiérrez Solana Madrid (1886-1945)”, comisariada por Andrés Trapiello y José María de Salazar, es la realización más completa de un reconocimiento social a este singular escritor –se recogen sus libros publicados y se utilizan sus propios textos en el recorrido de la exposición- y excepcional pintor que desde joven se alejó del academicismo pictórico y se vinculó a una visión crítica de la cultura y el arte que le hizo compañero de personajes como Baroja, Valle-Inclán, Zuloaga o Regoyos que como él se dolían de la casi imposible modernización de la España de comienzos del siglo XX.
Noventa y cuatro pinturas, diecisiete grabados, cincuenta y nueve dibujos, una escultura, siete libros y algunos objetos sostienen este recorrido por toda la trayectoria creativa de Gutiérrez Solana -detenida especialmente en su etapa de plena madurez del periodo comprendido entre 1918 y 1940- y en la que se incluyen obras muy pocas veces vistas en nuestro país y otras que no se han expuesto desde hace muchos años, provenientes de Buenos Aires, Suiza, Francia o los Estados Unidos. Junto a ellas, también por primera vez, se muestran reunidos una importante selección de trabajos sobre papel, especialmente dibujos, algunos de ellos con su correspondiente versión en pintura.

Temática solanesca

El recorrido de esta muestra respeta las grandes líneas temáticas del artista al articularse en torno a los grandes temas tratados por él: la muerte, la religión, los toros, los oficios, las fiestas, el carnaval, la mujer y el retrato, además de su faceta de escritor: “Su pintura y literatura comparten los mismos temas”, afirma en la presentación de esta muestra Andrés Trapiello. “Esos que tanto se han entretenido en inventariar los académicos –sus tabernas y sus putas, sus ferias, tiovivos y museos de figuras de cera, sus longanizas y bacaladas, sus comparsas y máscaras carnavalescas, sus osarios, procesiones, corridas de toros, sus jamonas y sus curas, sus indianos y mayorales, sus posadas, sus carreteros y sus abacerías pueblerinas- pero lo importante es que comparten el alma, un alma a la que Solana tuvo que buscar un ropaje, un estilo para darla a conocer entre las diferentes retóricas de su tiempo”.
Toda la temática solanesca, que no es sino el descarnado espectáculo de su sociedad, está presente en esta muestra singular que para el conjunto de sus organizadores arroja una mejor comprensión sobre este pintor tachado en muchas ocasiones de oscuro, costumbrista y excéntrico: José Gutiérrez Solana es ahora en el Centro de Arte Reina Sofía el auténtico testimonio del devenir de España.

 

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