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Madrid. MARGARITA GIRON
Sin
embargo, reconocen que son miembros de la Iglesia Católica y que seguirán
siéndolo en el futuro. Además, valoran el trabajo que desempeña con lo
necesitados y su labor educadora con niños y adolescentes.
El
estudio ha sido realizado por los sociólogos Juan González-Anleo, Pedro
González Blasco, Javier Elzo y Francisco Carmona, y se basa en un millar
de entrevistas llevadas a cabo entre jóvenes de 13 a 24 años, la mayoría
estudiantes, residentes en el domicilio paterno, cuyos padres se casaron
principalmente por la Iglesia y que ellos mismos se definen como clase
media-alta y media-baja. El 38% se identifican como católicos practicantes;
un 28%, como católico no practicante; y un 32% se definen como agnósticos,
ateos o indiferentes.
En
cuanto a las comunidades autónomas, Andalucía figura a la cabeza con un
63% de católicos de práctica regular y ocasional, seguida de cerca por
Castilla y León (50%), Madrid y el País Vasco (ambos un 34%), y la Comunidad
Valenciana (30%). Muy alejada de estas cifras se encuentra Cataluña, con
un 21% de practicantes, y un 54% de no religiosos.
Fe e inmortalidad
Por
otra parte, los datos del informe señalan que el 69% de los jóvenes creen
en Dios, frente al 81% del resto de los españoles. En contraste, la creencia
en una vida después de la muerte goza de mayor aceptación entre los jóvenes:
48% frente al 40% de la población general. Entre las explicaciones que
dan, porque “es mejor creer en algo que no creer” (35%); por “convencimiento
propio, por fe” (29%); y un porcentaje menor “porque así se lo inculcaron
desde pequeños”.
Por
otra parte, los jóvenes tienen una imagen mas bien positiva de los sacerdotes
y religiosos. El 40% tienen un recuerdo positivo de sus contactos con
ellos, el 50% indiferente o inexistente, y el 10% negativo. La imagen
más positiva la tienen quienes han acudido a colegios religiosos.
Sin
embargo, preguntados sobre la utilidad social de 13 profesiones, sitúan
a los sacerdotes y religiosos en el puesto 12, quedando en el 13 los militares
de carrera. Entre los que se dicen católicos practicantes la utilidad
social de los religiosos apenas sube al puesto 9, justo a la par que los
periodistas. Para los sociólogos que han elaborado el estudio, este dato
puede explicar la ausencia de vocaciones religiosas en España.
Vocación religiosa
Así
y todo, el 6% de los jóvenes dicen que alguna vez en su vida han pensado
en hacerse religiosos o curas. De estos, solo el 0’7% se lo ha planteado
con cierta seriedad, lo que supone del orden de 21.000 jóvenes. Sin embargo,
hoy en España solo hay 2.000 seminaristas.
Las
razones que alegan para no continuar la idea vocacional son, en primer
lugar que “fue algo pasajero” (42%); la dificultad de “comprometerse para
toda la vida” (32%); el deseo de “ejercer una profesión a la que aspiro”
(32%). Solamente el 14% alegan como causa el celibato.
Por
otra parte, el estudio muestra que los jóvenes se plantean cuestiones
vitales como el sentido de la existencia, la existencia, el mal, el dolor,
pero no buscan estas respuestas ni comentan sus inquietudes con los sacerdotes,
sino con sus amigos y sus padres. Además, lo que más aprecian y dicen
que les ayuda más en su vida es la amistad, el amor sincero, algún tipo
de relación intima y poder conversar largamente con alguien.
Respecto
al origen de este distanciamiento entre los jóvenes y la Iglesia, uno
de los autores del estudio, Francisco Carmona, señala que “el individualismo,
el hedonismo y el utilitarismo de nuestra sociedad actual chocan frontalmente
con el mensaje tradicional de la Iglesia”. Además, la estructura burocrática
y pastoral de la Iglesia está en manos de una “población envejecida que
no está capacitada para el diálogo con los jóvenes”. Según Carmona, esto,
unido a la no aceptación de todos aquellos grupos que cuestionan su estructura,
puede convertir a la Iglesia en una “secta, numéricamente hablando”.
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