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que
tienen la memoria de sus miedos, esperanzas, deseos, que son el reflejo
de su alma. Su publicación creó el estado de opinión que hacía censurable
al coleccionista, comerciante de arte, casas de subastas o, incluso, museos
que adquirían piezas de dudosa procedencia. Era una primera victoria que
tuvo su gran contrapartida en la gran derrota que supuso hace unos meses
el saqueo del Museo de Bagdad con la diseminación de sus piezas y la destrucción
de gran parte de la colección que guardaba la huella de nuestros orígenes
como seres civilizados. Un fracaso en la guerra sin cuartel que asola
el patrimonio cultural del mundo en vías de desarrollo y que el ICOM ha
querido enfrentar con la publicación en el 2003 con la difusión en todos
los medios de una Lista Roja de emergencia de antigüedades iraquíes
en peligro.
Áreas
remotas
El
80% de todos los sitios arqueológicos conocidos en la península de Yucatán
han sido saqueados; los antiguos cementerios de algunas regiones de Perú
semejan un paisaje lunar lleno de cráteres realizados por saqueadores
clandestinos; las zonas más inaccesibles del Amazonas son esquilmadas
sin posibilidad de control policial; los monumentos y tumbas de México,
Belice, Guatemala y Honduras son robadas y destrozadas; se sustraen los
cuadros, esculturas y objetos santuarios de las Iglesias y conventos de
Perú, Guatemala, Paraguay o México. El panorama que el ICOM ha trazado
estos días con el informe sobre los bienes culturales prehispánicos y
coloniales de América Latina en peligro de extinción es auténticamente
sobrecogedor porque los saqueos no sólo esquilman el patrimonio común
sino que destruye o daña el lugar en el que se encuentran los objetos,
recortan las pinturas de sus bastidores y las enrollan, o desmiembran
los frontales hechos de láminas de plata trabajada que cubren los altares
para poder vender las piezas por separado e impiden la identificación
científica de un asentamiento: robo físico, saqueo de la memoria y destrucción
de la historia.
Demanda
criminal
Los
veinticinco ejemplos de categorías de bienes culturales precolombinos
y coloniales sistemáticamente saqueados en América Latina que recoge la
Lista Roja fabricada por el ICOM, y que en días recientes ha sido presentada
en el Museo de América, son los objetos más codiciados por una criminal
demanda internacional que alumbra con su deseo la compleja red que tiene
en el propio indígena –son los que buscan los objetos con hachas, tractores
y explosivos, en áreas remotas y poco pobladas sin control policial- su
paradójico punto inicial y que se alarga hasta museos, casas de subastas,
comerciantes y coleccionistas de arte. Es a estos últimos, junto a la
policía y agentes de aduanas, a los que está dirigida esta Lista Roja
de bienes culturales latinoamericanos en peligro que es un Alto al tráfico
ilícito del patrimonio cultural.
Sus
familias de objetos recogen veinticinco categorías de piezas en mayor
peligro de extinción: 1.-Cerámica: Vasijas policromas mayas; Urnas amazónicas;
Vasijas Moche (Perú); Figuras Nayarit (México) y Figuras y vasijas Jama
Coaque (Ecuador); 2.- Lítico: Piedras de moler escultóricas; Estelas mayas;
Máscaras teotihuacanas (México) y Estatuas de San Agustín (Colombia);
3.- Jade: Colgantes hacha; Figurillas olmecas (México) y Colgantes placa
mayas; 4.- Metales: Máscaras Tumaco-Tolita y Colgantes águila; 5.-Metales:
Keros incas; Tabletas para alucinógenos y remos labrados (Perú); 6.- Textiles:
tejidos de plumas Nasca, Chimú y Wari (Perú) y Telas Paracas, Wari, Chimú
y Chancay (Perú); 7.- Escultura: Esculturas religiosas coloniales; Cristos
de marfil (México) y Estatuas de pasta de maíz (México); 8.- Pintura:
Cuadros de escuela mexicana y guatemalteca; Cuadros religiosos cuzqueños
y quiteños; y 9.- Platería: Platería religiosa.
En
el mundo de la naturaleza, una Lista Roja es una llamada de atención sobre
aquellas especies en peligro de extinción. La Lista Roja que ahora nos
llega es un llamamiento a la propia extinción cultural de nuestra especie.
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