El movimiento del arte

Constructor de unos objetos singulares que volvieron a replantear internacionalmente el concepto mismo de escultura y autor de algunas de las expresiones más sugerentes del metal en el arte, el creador Alexander Calder cuenta por sí solo con un capítulo central en la creación del siglo XX. Esta exposición lo demuestra.
El Museo Reina Sofía expone el resumen de la
radical propuesta escultórica de Alexander Calder

Madrid. JULIA FERNANDEZ
Pintor, grabador, escultor y diseñador de unas atmósferas materiales como jamás se habían conocido en la historia del arte, Alexander  Calder  cierra en su propia historia el

comienzo, desarrollo y conclusión de una revolución artística que aún hoy, muchas décadas después de ser oficialmente aceptado, continúa sorprendiendo por el revulsivo que sus frágiles, suaves, candorosas y bellísimas formas suponen para una concepción cerrada, inmóvil, totalitarista o jerarquizada de la vida y el arte. Sus piezas ingrávidas vuelven a situarse ante el decálogo de valores estéticos y éticos del que se acerca a ellas para gritarles sus propios mensajes de gracia y levedad: el arte vuelve al terreno de la sutileza que es capaz de transformar el mundo.
La exposición que estos días acoge el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en colaboración con el Museo Guggenheim de Bilbao, donde previamente fue expuesta, tiene el resumen de toda la propuesta que este peculiar, extraordinario y brillante escultor realizó al arte escultórico a lo largo de más de cinco décadas, a través de sus más emblemáticas piezas. Calificada por el director del Museo Reina Sofía como “una exposición de lujo para esta institución” presenta un total de cincuenta piezas, concentradas fundamentalmente en las décadas de los años 30 y 40, cuando su propuesta es definida con mayor intensidad, procedentes de museos y colecciones europeas y norteamericanas.

Poesía en el espacio

La visión que la muestra “Calder: la gravedad y la gracia” aporta sobre la trayectoria global de este autor evidencia el progreso que la idea de la ingravidez, el azar y el movimiento va adquiriendo en su obra:  ”Cuando todo va bien, un móvil es una pieza poética que baila al son de la alegría de vivir y sorprende”, afirmaba el propio Calder sobre el efecto que sus móviles producían al vibrar casi imperceptiblemente ante la presencia de un ser ante ellas. Era la consecución de un sueño de realizar la obra que sólo a través del otro y de lo invisible podía considerarse acabada: arte en movimiento, con el aire y el ser humano como coautores de una pieza artística  que vuelve a ser recreada ahora, en las salas del Museo Reina Sofía, en esta antológica que ha contado con la especial ayuda de su nieto, Alexander S.C. Rower, director de la fundación que lleva su nombre, y con la dirección de Carmen Jiménez, especialista en su obra y directora actual del Museo Picasso de Málaga: “Hemos querido abordar la producción de Calder desde la visión a la que hace referencia el título de la muestra: del estado de ingravidez semejante al de la mágica levitación que supo dar a sus creaciones”, afirmaba en la presentación, Carmen Jiménez. ”Concibió el espacio desde una perspectiva cósmica, aeroespacial, cosmonáutica. Su más maravillosa contribución fue lo que me atrevería a llamar el “vuelo sin motor” de los cuerpos en el espacio”.

Relación con España

Artista de conformación cosmopolita y viejo conocedor de la cultura española a través de sus grandes amigos Picasso, Julia González, Joan Miró y otros artistas españoles de la Escuela de París, como Gargallo o José de Creeft, Alexander Calder no es en absoluto extraño a la historia expositiva de este país: durante el año 1933 realizó exposiciones en Madrid y Barcelona; participó en el Pabellón Español de la Exposición Universal de París de 1937, con su célebre Fuente de Mercurio; viajó por las regiones españolas con su inaudito Circo de alambres, y determinó la trayectoria de escultores españoles de la talla de Eduardo Chillida y Jorge Oteiza. Ahora, después de décadas de silencio entre sus esculturas livianas y sutiles y el visitante español, vuelven sus móviles, stabiles, constelaciones, torres y gongs para reiniciar el diálogo necesario en su recreación.

 

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