Una película francesa refleja la vida de profesor y alumnos en una escuela unitaria
El film, galardonado con numerosos premios, está a punto de estrenarse en nuestro país
Cartel publicitario de la película.

Madrid. MARGARITA GIRON
El próximo día 12 de diciembre se estrena en nuestro país la película francesa Ser y tener, dirigida por el cineasta Nicolás Philibert, merecedora de varios galardones en Festivales de Cine como el de Valladolid (Premio al mejor documental); el European Film Awards (Premio mejor documental); y el certamen Louis Delluc (Premio a la mejor película). Igualmente ha sido seleccionada en el Festival de Cannes y ha recibido tres nominaciones a los Premios Cesar 2003, incluido mejor película y mejor director.
La obra es un documental inspirado en el fenómeno educativo de la “clase única”, muy frecuente en el país vecino, y que equivale a lo que en España se denomina “escuela unitaria”. Existen diseminadas por toda Francia escuelas en las que todos los niños de un mismo pueblo, desde la educación Infantil a la Secundaria, se concentran en torno a un maestro o maestra. Los integrantes de estos grupos variopintos comparten la misma vida para bien o para mal.
Después de recorrer durante más de cinco meses cientos de escuela de toda Francia, el director escogió la de un pequeño pueblo del Puy de Domme, denominado St Etieenne-sur-Usson. “Durante mi búsqueda –explica Philibert- vi profesores de todas clases. Cada uno tenía su estilo, sus métodos, sus pequeñas recetas, pero casi todos me han dado la impresión de implicarse con fervor en lo que hacían”.

La personalidad del maestro

De hecho, cuando el director contactó con la escuela elegida, enseguida le llamó la atención la personalidad de su maestro. “En él percibí, bajo unas facciones algo autoritarias, una profunda atención, un ser delicado y púdico. Sentí que inmediatamente se impondría como un personaje fuerte, sin llevar la película por los senderos del pasado”, añade Philibert.
El objetivo de este film es enseñar como los niños aprenden y se ayudan mutuamente en esas condiciones particulares, seguir de cerca su trabajo y su progresión, de manera que los espectadores puedan compartir sus fracasos, sus logros y sus momentos de desaliento.
Respecto a los padres, enseguida mostraron su entusiasmo, aceptando que sus hijos no serían filmados todos por igual, ni siempre en situaciones simpáticas. A los niños, también se les pidió su consentimiento, además de explicarles para que servían todos los aparatos y máquinas de filmación. “A los tres días de trabajo se habían acostumbrado a nuestra presencia en el aula y nos vivían como parte del mobiliario”, explica el director. “Esta experiencia me ha hecho recordar lo difícil que es aprender y crecer. Ahí está el verdadero tema de la película”, añade.

 

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