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Invertir en seguridad

En una sociedad moderna, con un alto grado de desarrollo económico y de bienestar, la seguridad se ha convertido en una auténtica obsesión. Las leyes vigentes exigen que los hogares, los vehículos y los edificios públicos cumplan estrictamente con medidas dirigidas a evitar accidentes y otras situaciones de riesgo.
Sin embargo, no nos cuestionamos si los colegios, donde nuestros hijos pasan la mayor parte del día, adoptan las precauciones necesarias para prevenir situaciones de peligro, que puedan desembocar en desgracias personales.
He leído recientemente en prensa que dos de cada tres centros educativos incumplen las normas de seguridad. Según especifica esta información, las principales asignaturas pendientes son la inexistencia de sistemas de detección de incendios y de las imprescindibles instrucciones que deben seguir los alumnos para saber cómo actuar en caso de emergencia, además del escaso hábito de realizar simulacros de evacuación del centro por una emergencia.
Al parecer, no todos los colegios e institutos disponen de ventanas con apertura desde dentro que faciliten el paso, las salidas de las aulas que no deben estar unas enfrente de las otras, de las tomas de agua para casos de incendio y de indicadores de dirección de las salidas de emergencia.
Por si la situación no fuera suficientemente alarmante, uno de cada cinco centros no ha puesto en marcha un plan de seguridad, evacuación o emergencia, a pesar de que la normativa vigente establece que todos los edificios escolares deben elaborar un Plan de Emergencia y Evacuación.
No obstante, la mayoría cuenta con un botiquín o enfermería, a cargo de un profesional titulado, con lo que en caso de accidente, al menos están garantizados los primeros auxilios.

Juan Martín Vicente
Fuenlabrada (Madrid).

 
     
   

El ombligo de las adolescentes

Del velo islámico al tanga, pasando por los collares con púas metálicas, los centros escolares se han convertido en un pase de modelos representativo de las distintas tribus urbanas o de identificativos símbolos religiosos.
Al parecer en Francia están pensando en tirar "por la calle de enmedio" y volver al tradicional uniforme, que no sólo unificaría la vestimenta escolar, sin que tengan cabida las excentricidades, sino que recordaría a los alumnos que están en clase.
Otra de las medidas que se plantean los responsables de la educación en Francia es exigir el trato de usted a los profesores. Restablecer la autoridad y reducir la violencia en las aulas es la finalidad de estas actuaciones y, para reforzar su propuesta, señalan el ejemplo de algunos centros canadienses que ya las han puesto en práctica de forma satisfactoria.
Tangas que se asoman por encima de los pantalones han provocado una polémica en el ámbito educativo y la forma de vestir de los adolescentes suscita opiniones encontradas por parte de profesores y psicólogos.
Como profesional de la psicología considero que un denominador común en los adolescentes es la búsqueda de identidad y la imagen exterior forma parte de ella. Además, necesitan sentir que forman parte de un grupo o tribu, a través de una indumentaria representativa.
En mi opinión, si la escuela es capaz de asumir la diversidad estética, esta aceptación favorecería el desarrollo de la diversidad de pensamiento. Por otra parte, la mayoría de estas modas es pasajera, por lo que enfrentarse a una tendencia, que puede ser provisional, es atribuirle mayor importancia. Además, provocaríamos que los adolescentes se sientan reforzados, aunque solo fuera para manifestar su rebeldía.

Luis Fernández Martín
Majadahonda (Madrid).

 
       
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