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Soy
una profesora de Enseñanza Secundaria de Matemáticas y mi bagaje y quehacer
ha sido siempre en este nivel. Es la primera vez que me he visto con este
tipo de alumnos y he disfrutado. He sentido que ellos han sacado las matemáticas
de los libros, las han experimentado en su vida cotidiana y cómo se emocionaban
al aprender algo nuevo.
Variables de
tipo económico, social, cultural, educacional y de absentismo escolar,
hace que determinados alumnos y alumnas lleguen al instituto con un nivel
de aprendizaje bastante deficitario; además, los alumnos de Educación
Especial presentan un retraso generalizado en todas las áreas curriculares,
asociado con las características específicas de cada síndrome. Teniendo
en cuenta este tipo de alumnado, se ha dotado al centro de un aula de
apoyo a la integración como a la mayoría de los IES.
Se me planteaba
un reto distinto al de cada curso. Iba a ser una hora a la semana con
cuatro alumnas y un alumno con las siguientes discapacidades: una
alumna con deficiencia mental severa, con estrabismo e hipotonía muscular,
con una competencia curricular de Educación Infantil; una alumna con síndrome
Conradi asociado a trastornos en el desarrollo del crecimiento, alteraciones
des sistema nervioso central y periférico (su nivel de competencia curricular
era de 3º - 4º de Primaría); una alumna con síndrome Crouzón asociado
a una ambliopía y microcefalia (su nivel de competencia curricular era
de 3º - 4º de Primaria); una alumna con deficiencia mental leve-moderada,
con una competencia curricular de 3º de Primaría, y un alumno con disfunción
cerebral con problemas neurológicos asociado a conductas disruptivas (su
nivel de competencia curricular es de 1º de Primaria, además de tener
graves problemas de atención y memoria).
Aunque
no estaba sola pues yo estaba para ayudar a la profesora de Pedagogía
Terapéutica, Cristina Espigares Díaz, al principio me sentía un poco perdida
y, sobre todo, con miedo a no saber bajarme tanto (me refiero al nivel)
para que pudieran entender lo que yo les “quería enseñar”.
Una
de las pocas diferencias que he notado en estos alumnos y sus compañeros
del aula de referencia es que la capacidad para retener un concepto nuevo
es mucho menor; lo que un día aprendían y les salía, había que volver
sobre él en la siguiente sesión; la destreza aprendida, la olvidaban.
Para
planificar la enseñanza de estos alumnos y favorecer la significatividad
y funcionalidad de los aprendizajes teníamos que diseñar las experiencias
educativas de tal forma, que se ajustasen a sus capacidades intelectuales,
físicas, psicomotrices..., a su nivel de desarrollo. Así, teniendo en
cuenta sus adaptaciones curriculares y su competencias en el área de matemáticas,
los objetivos que nos planteamos fueron los siguientes: manejo automático
de los símbolos +,- ,x ; realizar operaciones con estos símbolos; aplicación
de problemas a su vida cotidiana; aprender las unidades de peso, longitud
y capacidad para aplicarlo a su vida diaria.
Las
nuevas monedas
Los
medios de comunicación nos bombardeaban con la llegada del euro y decidimos
poner al día a varias de las chicas que ya sabían comprarse el bocadillo
en el recreo. De aquí salió la idea de la tienda. Pedimos a las chicas
que trajeran de su casa artículos como cajas de galletas, latas de refrescos,
botellas, envases vacíos de cualquier cosa para formar un supermercado;
conseguimos de casi todo pues pusieron mucho empeño en la recolección.
Su esfuerzo era importante, sin sus aportaciones no se hubiera conseguido
y ellas lo sabían.
Había
que darle contenido matemático a esta actividad, no podíamos quedarnos
en el aspecto lúdico de traer, coleccionar y ordenar así que ajustamos
el precio que podía tener cada articulo y repasamos los conceptos de “poco
dinero” o “mucho dinero”; por ejemplo, 500 pesetas es mucho para una pastilla
de jabón, pero es poco para una mesa o una silla.
Cada
cosa tenía ahora su precio. Trabajábamos y pensábamos en pesetas así que
fue el momento de introducir la nueva moneda, el euro. Dedicamos más de
una sesión a conocer y familiarizarnos con las nuevas monedas. Una actividad
fue ordenarlas por grupos y subgrupos: primero las monedas pequeñas, color
cobre, (céntimos) formaban un gran grupo con seis subgrupos; éstas nos
servirían para los picos. Por ejemplo, 3´28 € ,el 28 hay que sacarlo de
este grupo, por otro lado las monedas de uno y dos euros formaban el segundo
grupo y, por último, los billetes.
Otra
actividad fue aprender a reunir una cantidad de diversas maneras. Les
costaba mucho esfuerzo, pero lo importante es que aprendieran que para
reunir 20 € no era apropiado dar 20 monedas de 1 € todo muy secuenciado
.A esta actividad dedicamos varias sesiones pues era importante a la hora
de comprar y a la hora de vender. A la hora de pagar y a la hora de dar
la vuelta.
Sin
ellas darse cuenta estábamos toda la clase sumando y restando. Cada una
tenia un papelito y un bolígrafo para practicar porque cálculos mentales
no podían.
Otra
actividad previa para empezar a comprar y vender fue actualizar el precio
de los artículos que estaba en pesetas y ya que había entrado el año 2002
esta moneda estaba en vías de desaparecer. Como cualquier joven de estos
tiempos que parece que tienen una facilidad especial para el manejo de
aparatos con botones, no tuvieron ningún problema en coger la calculadora
conversora y hacer el cambio.
El hacer
los cartelitos con el precio fue objeto de otra actividad. El número debía
quedar grande y claro para que se viese bien y cualquier persona lo entendiera.
Debemos admitir los profesores de matemáticas que la llegada del euro
nos ha hecho un gran favor pues los alumnos ven la necesidad de operar
correctamente con números decimales.
Con
tanta preparación el día de la inauguración de la tienda fue un éxito.
Todas compraron e hicieron de cajeras con su calculadora en la mano. No
había problema de dinero. Los clientes eran “gente con pasta” y llevaban
el monedero preparado para cualquier compra. Cada una compró lo que quiso
y al pasar por la caja (una calculadora) debía de pagar el importe de
su compra con la moneda más apropiada, es decir, para pagar 53 € no es
correcto dar 53 monedas de un euro, etc, así mismo le dependienta debía
de dar el cambio también con el mismo sentido.
Alcanzado
este objetivo, pasamos a compras de más envergadura como una televisión
y un vídeo, o un dormitorio completo. Era necesario que manejaran también
los billetes y las cifras grandes. Esta actividad nos dio mucho juego
y se lo pasaron bien.
De vez
en cuando, para que repasaran las tablas de multiplicar hacíamos concursos,
de manera que si contestaban 30 en la pregunta 5 x 6 ganaban 30 céntimos,
pero si fallaban y decían 32 por ejemplo, debían devolver 32 céntimos
de sus ganancias.
Las
medidas de longitud, peso y capacidad
Nos
planteamos también aprender a manejar y “entender” las unidades que se
empleaban al comprar tela, algún liquido o, algún alimento mas o menos
pesado.
Hicimos
varias cintas de un metro de longitud y las plastificamos. Una de ellas
estaba fija en la mesa, igual que en el mostrador de cualquier mercería,
tres flechas rojas (coloreadas por una chica deficiente mental severa)
marcaban en 25, 50 y 75 las cuartas partes y el medio metro.
El
concepto de medio metro lo estudiamos tomando otra cinta de un metro y
cortándola con unas tijeras por la mitad. Cada una de esas mitades se
llamaba medio metro y si las juntábamos salía un metro. Si juntábamos
seis de esos medio metros salían tres metros. A nivel de pizarra , en
sus cuadernos e incluso con algunos ejercicios mentales, sumamos y restamos
muchos “medios metros”. Llegó entonces el momento de coger de nuevo las
tijeras y partir cada medio metro, obteniendo los cuartos de metro. Aquí
si que tuvimos posibilidades uniendo los cuartos entre si o con algún
medio metro. Los ejercicios que ahora se planteaban eran del tipo

y
otros similares, incluso mucho mas largos. Esto llevó asociado el enseñarles
un poco el concepto de número fraccionario, de leerlo y escribirlo. Era
increíble pero, la suma de estas fracciones no presentaba problema.
Que
un metro se componía de cien partecitas llamadas centímetros, que un cuarto
son 25 centímetros, medio metro 50 centímetros y tres cuartos son 75 eran
conceptos que debíamos repetir al empezar cada sesión. En una jornada
lúdica se midieron ellas, también a algún profesor y algunos de los objetos
que había en su clase.
Estudiado
el metro empezamos con el litro. El primer día estuvimos llenando envases
de agua para comprobar que un litro contenía tres envases de un tercio
o también dos envases de medio litro o cuatro envases de un cuarto. Todas
las combinaciones y sumas de estas porciones les resultaron mas sencillas
pues el metro ya lo “dominaban”. En su cuaderno hicieron ejercicios de
sumar y restar envases. Algo así:

El
trabajar con kilos, medios kilos y sus fracciones ya fue un paseo pues
se repetían muchos de los conceptos aprendidos.
Maria
Celia Robles Hervás
Profesora de Matemáticas de Educación Secundaria. Celia_r_h@yahoo.es
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El IES “Montes Orientales”,
de Iznalloz (Granada), acoge una innovadora experiencia educativa en
esta área con alumnos y alumnas de Educación Especial
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