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Prado”,
como el gran homenaje de un museo al pintor que comprendió el lenguaje
avanzado de algunos de sus grandes maestros. Y entre sus maestros, Manet
habla en el idioma universal de la belleza y la sensibilidad.
Estudio
de una liberación
El
discurrir sobre la obra de Manet que propone la exposición que ha diseñado
Manuela Mena, jefe de Conservación del Museo nacional del Prado –y que
ha contado con la financiación de la Fundación Winterthur- acerca al público
visitante a un prodigioso proceso de liberación de un artista que se ha
formado en el clasicismo y que paso a paso prueba a intentar vuelos en
libertad: en el transcurso de las 110 obras que se ofrecen –58 cuadros,
30 grabados y 22 dibujos- el pintor francés que otorgó el abecedario a
las sucesivas vanguardias del final del XIX y del siglo XX va perfilando
el vuelco que muy poco después llevaría a la pintura a espacios nunca
experimentados. Es el sucesivo hacer que representan los lienzos con que
da comienzo la muestra –“El cantante español” (1860) o Mlle. Victorine
Meurent en traje de espada” (1862)-, que continúa con el conocido como
“periodo español”, que vendría marcado con la impronta de los maestros
del Prado, (“El Balcón” (1868-69)) y que culmina con la propia expresión
liberada ya de ataduras. Se trata de retratos, bodegones, pintura de historia
y religiosa que suscitaron el profundo rechazo de sus coetáneos y que
sólo algunos intelectuales supieron entender aunque no en su total trascendencia,
como lo demuestra la reflexión que sobre su obra hizo el escritor Emile
Zola, en 1884: “La fórmula de Manet es muy ingenua: sencillamente, se
ha situado frente a la naturaleza, y como único ideal, se ha esforzado
por reproducirla en su verdad y su fuerza...Sólo le ha guiado una regla,
la ley de los valores, la forma en que un objeto se comporta ante la luz...A
partir de entonces aparecieron esos tonos precisos, de una intensidad
singular...; a partir de entonces las figuras se simplificaron, sólo las
trató como grandes masas.”
Una
ocasión única
Más
de treinta instituciones y coleccionistas privados han contribuido a esta
exposición que es la ocasión extraordinaria de ver creaciones como las
33 obras en papel de la Bibliothèque Nationale de France, además de muchas
de las mejores obras en lienzo como “El retrato de Emile Zola” (París,
Musée d´Orsay), los “Petits cavaliers” (Virginia, Chrysler Museum of Art),
“Guitarra y sombrero” (Aviñón, Musée calvet), “Ante el espejo” (Nueva
York, The Solomon R. Guggenheim Museum), el “Retrato de Faure en el papel
de Hamlet” (Hamburgo, Kunsthalle), “En el invernadero” (Berlín, Staatliche
Museen zu Berlin, Gemaäldegalerir), “Música en las Tullerías” (Londres,
National Gallery) y las dos versiones de la “Ejecución de Maximiliano”
(Copenhague, Ny Carlsberg Glyptotek y Boston, Museum of Fine Arts) en
las que Manet trata a escala monumental un tema de la historia contemporánea,
la ejecución del Emperador Maximiliano de Méjico en 1867, inspirándose
en la célebre pintura de Goya, “Los fusilamientos del 2 de mayo”. Una
cadena de espléndidas propuestas que se presentan –hasta el 11 de enero
próximo- en las salas principales del Prado, en la primera planta y tras
el preludio que se ha planteado en la Galería central donde varias de
sus obras se despliegan entre la pintura de la escuela española, desde
Ribera a Velázquez y desde Murillo a Goya, como símbolo y subrayado de
la especial relación que el pintor tuvo con la obra de los artistas del
siglo de Oro y de Goya, y de la trascendental influencia que estos maestros
tuvieron para su evolución artística.
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