Manufacturas de arte

Una selección de obras realizadas en las reales fábricas
de los Borbones en Nápoles llega a nuestro país
La llegada de los Borbones al trono de España en el siglo XVIII trajo consigo la entrada de los nuevos aires del neoclasicismo y la ilustración. Su idea de fundar en Nápoles unas fábricas reales de objetos preciosos fueron la cantera de magníficos profesionales artesanos y extraordinarios artistas. Sus logros expresan hoy el acierto de la experiencia.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
La llegada de la dinastía borbónica a España en el siglo XVIII trajo consigo una verdadera revolución artística, social e intelectual. En las primeras décadas se transformó las bases de la organización administrativa del país, se comen- zaron  algunas de  las obras de  mejora social  y

se fundaron las Reales Academias de la Lengua, de la Historia y la de Bellas Artes de San Fernando, siguiendo el espíritu de la Ilustración del amor a la armonía social y a la belleza. También, bajo los sucesivos reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III, será cuando despegue de forma extraordinaria la producción propia de piezas destinadas al uso real y al mercado nacional, desde las Fábricas bastas, dedicadas a las necesidades de materiales pesados y artículos de primera necesidad, y las Fábricas finas, ocupadas en la elaboración de objetos útiles y a la vez bellos para los salones y jardines de los Palacios reales, las mansiones de los nobles y grandes del reino. Estas últimas se constituirán en auténticas canteras de profesionales del vidrio, el cristal, los tapices y la seda, brillantes herederos de la sabiduría que Europa guardaba desde siglos.

Desde Nápoles

La llegada desde Nápoles de Carlos III, tras la muerte sin sucesión de su hermano Fernando VI, introdujo cosmopolitismo y amor a la antigüedad al gusto artístico de la monarquía española, además de ampliar sus manufacturas al territorio ahora hermanado de Nápoles, un reino con una extraordinaria riqueza expresiva en muchas de las artes aplicadas que se venían fomentando desde la corona española. Es esta experiencia de las reales Fábricas napolitanas la que recuerda la muestra que estos días exhibe en sus salas madrileñas la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, organizada en colaboración con la región italiana de Campania, y que es un homenaje a la capacidad de sus artesanos, el gusto de sus creadores y el sentido artístico de la corona que la propició. Su selección, por vez primera exhibida en nuestro país, está conformada por la máxima autoridad en la materia, Vega de Martini, y persigue ilustrar la historia, la actividad y el trabajo realizado por las manufacturas impulsadas por los reyes Carlos III y Fernando IV, a la vez que pone de manifiesto los múltiples lazos culturales e históricos entre España y el antiguo reino napolitano.
Casi noventa obras, procedentes de las colecciones del Palacio real de Nápoles, del Palacio Real de Caserta, del Museo Correale de Sorrento y de colecciones privadas de Nápoles, se suceden en las salas que la Academia ha decorado para la ocasión con telas creadas en las propias Fábricas que crearon los Borbones.

Esplendor del mármol

El recorrido se inicia con la sección "De Carlos de Borbón a Fernando IV. Los años de la Fábrica de tapices de Nápoles", en el que se exhiben ocho grandes cuadros que corresponden a los cartones de otros tantos tapices de una de las dos series realizadas por la Fábrica napolitana sobre las historias de Don Quijote, así como dos series de tapices de sobrepuertas con escenas mitológicas. La sala dedicada a "El esplendor de los mármoles y las piedras duras en la corte de los Borbones" reúne una bella selección de mesas y consolas, mientras que en "Gustos de Rey" exhibe numerosas piezas de porcelana de Capodimonte, esculturas de biscuit y terracotas. Cerámicas de la Real Fábrica Napolitana, de la de Vecchio o de la de Caserta, ilustran el paso del barroco tardía al neoclásico en esta disciplina. El recorrido finaliza con las sedas procedentes de San Leucio, las joyas que muestran la importancia del coral en el neoclasicismo, y con dos volúmenes editados en la imprenta borbónica napolitana.
Su conjunto es para nosotros hoy un regalo estético de otro tiempo y de una misma sensibilidad.

 

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