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se
fundaron las Reales Academias de la Lengua, de la Historia y la de Bellas
Artes de San Fernando, siguiendo el espíritu de la Ilustración
del amor a la armonía social y a la belleza. También, bajo
los sucesivos reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III, será
cuando despegue de forma extraordinaria la producción propia de
piezas destinadas al uso real y al mercado nacional, desde las Fábricas
bastas, dedicadas a las necesidades de materiales pesados y artículos
de primera necesidad, y las Fábricas finas, ocupadas en la elaboración
de objetos útiles y a la vez bellos para los salones y jardines
de los Palacios reales, las mansiones de los nobles y grandes del reino.
Estas últimas se constituirán en auténticas canteras
de profesionales del vidrio, el cristal, los tapices y la seda, brillantes
herederos de la sabiduría que Europa guardaba desde siglos.
Desde
Nápoles
La
llegada desde Nápoles de Carlos III, tras la muerte sin sucesión
de su hermano Fernando VI, introdujo cosmopolitismo y amor a la antigüedad
al gusto artístico de la monarquía española, además
de ampliar sus manufacturas al territorio ahora hermanado de Nápoles,
un reino con una extraordinaria riqueza expresiva en muchas de las artes
aplicadas que se venían fomentando desde la corona española.
Es esta experiencia de las reales Fábricas napolitanas la que recuerda
la muestra que estos días exhibe en sus salas madrileñas
la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, organizada en colaboración
con la región italiana de Campania, y que es un homenaje a la capacidad
de sus artesanos, el gusto de sus creadores y el sentido artístico
de la corona que la propició. Su selección, por vez primera
exhibida en nuestro país, está conformada por la máxima
autoridad en la materia, Vega de Martini, y persigue ilustrar la historia,
la actividad y el trabajo realizado por las manufacturas impulsadas por
los reyes Carlos III y Fernando IV, a la vez que pone de manifiesto los
múltiples lazos culturales e históricos entre España
y el antiguo reino napolitano.
Casi noventa
obras, procedentes de las colecciones del Palacio real de Nápoles,
del Palacio Real de Caserta, del Museo Correale de Sorrento y de colecciones
privadas de Nápoles, se suceden en las salas que la Academia ha
decorado para la ocasión con telas creadas en las propias Fábricas
que crearon los Borbones.
Esplendor
del mármol
El
recorrido se inicia con la sección "De Carlos de Borbón
a Fernando IV. Los años de la Fábrica de tapices de Nápoles",
en el que se exhiben ocho grandes cuadros que corresponden a los cartones
de otros tantos tapices de una de las dos series realizadas por la Fábrica
napolitana sobre las historias de Don Quijote, así como dos series
de tapices de sobrepuertas con escenas mitológicas. La sala dedicada
a "El esplendor de los mármoles y las piedras duras en la
corte de los Borbones" reúne una bella selección de
mesas y consolas, mientras que en "Gustos de Rey" exhibe numerosas
piezas de porcelana de Capodimonte, esculturas de biscuit y terracotas.
Cerámicas de la Real Fábrica Napolitana, de la de Vecchio
o de la de Caserta, ilustran el paso del barroco tardía al neoclásico
en esta disciplina. El recorrido finaliza con las sedas procedentes de
San Leucio, las joyas que muestran la importancia del coral en el neoclasicismo,
y con dos volúmenes editados en la imprenta borbónica napolitana.
Su conjunto
es para nosotros hoy un regalo estético de otro tiempo y de una
misma sensibilidad.
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