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La
monitora demuestra
a los escolares como los pintores utilizan la perspectiva, para traducir
a dos dimensiones
la realidad. (Fotos: Rafael Martínez)
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Madrid.
ROSAURA CALLEJA
Según
Ester de Frutos, conservadora del área de educación del
Museo del Prado, con esta actividad se pretendía dar a conocer
unas obras que no se pueden contemplar en los museos españoles
y presentar el contexto socio-cultural de estos pintores, así como
explicar a los alumnos el proceso de creación de los artistas del
siglo XVII.
El recorrido
por el taller se inicia con una introducción geográfica,
histórica, social y cultural del siglo XVII holandés. Un
panel, que presenta la
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Vermeer
y la pintura holandesa del siglo XVII protagonizan un taller dirigido a
escolares
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sociedad
de esa época, se ilustra con una reproducción de "La lección
de anatomía" de Rembrandt y el texto justifica que los científicos
holandeses observaron la naturaleza y realizaron experimentos prohibidos
por la Iglesia Católica. Por otra parte, revela que la burguesía
controlaba el poder político y el económico y se convirtió
en la principal clientela de los artistas. "A los niños les llama
la atención el pequeño tamaño de las obras, ya que
están acostumbrados a las grandes obras de Velázquez, Zurbarán
y otros pintores españoles que pueden contemplar en el Museo del
Prado. Estos artistas holandeses pintaban para la burguesía, que
vivía en casas normales, por lo que el tamaño de las obras
tenía que adaptarse al entorno", expresa De Frutos.
Cinco
obras
Seguidamente,
los alumnos visitan cinco obras escogidas de la exposición, en
las que advierten el papel de la mujer en la sociedad calvinista del siglo
XVII y la reivindicación por parte del artista de su labor.
"Enseñamos
a los niños a ver la obra y su significado, a apreciar el original
y les mostramos el proceso de realización de las pinturas", aclara
esta conservadora.
Otro espacio
del recorrido tiene por finalidad conocer el taller de un artista de esa
época, con los materiales, instrumentos y técnicas que utilizaba,
como la perspectiva en la pintura, que se emplea para representar espacios
tridimensionales en una superficie plana o bidimensional. "Los pintores
tratan de reflejar la realidad tal y como la perciben y emplean la perspectiva
para dar mayor realismo a su obra", continúa.
Proceso
intelectual
En
"El arte de la pintura", Vermeer reivindica la profesión de pintor
como un artista no como un artesano. Este autor reclama el reconocimiento
de su trabajo como un proceso intelectual, para el que no sólo
necesitan pinceles y pigmentos, sino que también deben manejar
la perspectiva, las matemáticas y relacionarse con aparatos como
la cámara oscura. "Pretendemos que los niños sean pintores
y les enseñamos cómo se hacía el cuadro, y parece
ser que los pintores de aquella época utilizaron la cámara
oscura o, al menos, la conocían", matiza Ester de Frutos.
En el tercer
espacio del taller, ciencia y pintura se funden con el perfeccionamiento
de la cámara oscura. Delante de un bodegón con una jarra,
dos frutas y una copa se ha instalado una cámara oscura y los alumnos
comprueban cómo los rayos de luz reflejados por un objeto bien
iluminado que penetran por un orificio en el interior de un compartimento
oscuro, reproducen en la pared opuesta una imagen exacta de dicho objeto
de menor tamaño e invertida.
Dramatización
El
taller finaliza con una dramatización de la obra de Vermeer "El
Arte de la Pintura", donde dos alumnos representan los papeles del artista
y Clío, mientras sus compañeros les pintan con técnica
a la cera.
La monitora
Beatriz Sánchez reconoce que los alumnos más pequeños
son los que muestran mayor curiosidad, pero a los mayores les interesan
los aspectos técnicos, como la perspectiva que han estudiado en
matemáticas o dibujo. "Algunos chicos pintan y nos preguntan sobre
el óleo o la fabricación artesanal de los pigmentos en el
siglo XVII", precisa.
Para Inma González,
la última parte del taller, la representación, es la preferida
por los estudiantes, "ya que pueden plasmar todos los conocimientos que
han aprendido durante el recorrido". En opinión de esta monitora,
la pintura holandesa es muy atractiva para los niños, por la sencillez
y cotidianeidad de sus temas. "Si se entiende el arte como un medio de
comunicación social, la pintura holandesa del siglo XVII refleja
fielmente la sociedad de esa época, la burguesía, la economía
y la religión", concluye.
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