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Madrid.
JULIA FERNÁNDEZ
Dos ciudades
rivales, en idéntica situación de pobreza y reconstrucción
social después de la guerra, abiertas y múltiples en todas
sus manifestaciones, son las excusas que Català-Roca utilizó
para conformar el variopinto mosaico cultural que era España en
los años cincuenta. Sus imágenes, pequeñas narraciones
en una sola entrega y en blanco y negro, cuentan sin tapujos el aspecto
de lo más esencial que ocurría en las calles, entre los
habitantes, durante unos años en que el día a día
fue lentamente digiriendo, entre recuerdos y olvidos, el brutal divorcio
entre vencedores y vencidos. Después del dolor, el sufrimiento
y la muerte.
El Català-Roca
que alumbra el trasfondo y la vitalidad de esta sociedad de posguerra
es un fotógrafo que ha nacido en Tarragona en 1922, que ha trabajado
desde niño en el estudio de su padre, también fotógrafo
y publicista de vanguardia, y que no ha cesado de desarrollar su afición
a la fotografía colocándose en los más altos puestos
de la creatividad nacional. Es amigo de Dalí y Miró, frecuenta
a músicos y escritores como Joseph María de Sagarra, J.V.
Foix, Eugenio D´Ors, Juan Eduardo Cirlot, Leopoldo Panero o Frederic Mompou...y
edita guías de regiones y ciudades españolas con textos
de Josep Pla, Alberti, Delibes, Machado...Una labor que está en
la base de la muestra "Català-Roca. Madrid Barcelona años
50" al ser planteada desde los principios estéticos recogidos
en las obras que editó sobre Barcelona, con texto del novelista
Luis Romero, y sobre Madrid, con texto del escritor y periodista Juan
Antonio Cabezas, ambos publicados en 1954.
22.000
negativos
La
exposición que estos días mantiene abierta el Museo Nacional
Centro de Arte Reina Sofía, y que forma parte del festival fotográfico
PhotoEspaña 2003, está organizada en colaboración
con el Instituto Cervantes y es la selección de cien imágenes
que los comisarios Andrés Trapiello y Juan Manuel Bonet han realizado
de entre los más de 22.000 negativos con que cuenta el archivo
familiar de Català-Roca, vueltos a positivar en copias únicas
aumentadas por el fotógrafo Juan Manuel Castro Pietro. Algunas
de ellas son por vez primera sacadas a la luz.
Son imágenes
que nos hablan sin tragedia de la cotidianidad de dos ciudades espejo
de España, de sus edificios más significativos, de sus habitantes,
los medios de transporte, las calles y las plazas, el diseño de
los carteles, los letreros de las tiendas, la ropa y el peinado de las
mujeres, los sombreros de los hombres, los coches, la cartelera cinematográfica...el
callejón solitario, las sombras huidizas y el rostro emblemático
de una época. Su mirada se paraba ante los más diferentes
motivos y en todos lograba una parte del gran puzzle emocional y social
de una España vitalista que él contribuía a crear.
Hombre de muchos reconocimientos a lo largo de su carrera –Premio Ciudad
de Barcelona en 1951; Premio Nacional de Artes Plásticas en 1982,
concedido por primera vez a un fotógrafo; Cruz de San Jordi y Premio
Nacional de Artes Plásticas de la Generalitat de Cataluña,
en 1992- el artista Català-Roca es, también, un fotógrafo
asociado a la realidad y la historia de dos ciudades, Madrid y Barcelona,
como Brassaï, Kertesz, Germaine Krull, Robert Desnos o Izis lo son
con París; Bill Brandt con Londres; el de Horacio Coppola con Buenos
Aires; Alfred Stieglitz, Andreas Feininger y Berenice Abbot con Nueva
York, o el de Sudek con Praga.
Todos ellos,
en una misma época, dieron a la fotografía el mayor protagonismo
social que jamás ha podido volver a tener.
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