En el presente artículo, su autor ensaya una tipología de
alumnos basada en su propio modelo de análisis del discurso docente. A partir de cinco dimensiones del discurso: instructiva, afectiva, motivadora, social y ética, se establece
una clasificación del profesorado de la que se deriva una
original taxonomía discente que puede servir de referencia para la mejora del proceso educativo.

Discurso educativo
y tipología discente

Valentín Martínez-Otero
Doctor en Psicología y en Pedagogía, y Profesor de la Universidad Complutense y del Centro de Enseñanza Superior "Don Bosco"

N  esta  misma  tribuna  (nº 705)

publiqué hace meses el artículo titulado "Discurso educativo y tipología docente", en el que mostraba el interés y la necesidad de estudiar en profundidad el discurso en el aula. Los tres objetivos principales de aquel texto eran: explicar qué se entiende por discurso educativo, presentar un modelo original para calibrar la potencia formativa del discurso y mostrar una tipología del profesorado. Pues bien, aunque en esta ocasión se pretende establecer una taxonomía del alumnado vinculada a la acción discursiva propia de cada modalidad de profesor, es oportuno exponer, siquiera sea brevemente, algunas ideas recogidas entonces, a las que se agregan otras complementarias:

  • El discurso educativo es una secuencia coherente de enunciados que se pone al servicio de la formación personal. La naturaleza del discurso es, sobre todo, verbal, aunque hay una constante conexión con las vertientes no verbal y paraverbal de la comunicación.

  • La investigación sobre el discurso en el aula adquiere creciente importancia en el seno de distintas disciplinas por ser una de las sendas que permiten avanzar en la comprensión del proceso educativo. Algunas de las ciencias que más influencia han tenido en el estudio del discurso son: la lingüística, la antropología, la sociología y la psicología. Nos encontramos, pues, ante un objeto de estudio en el que con frecuencia se produce una integración de saberes.

  • El discurso educativo es praxis facilitadora del desarrollo de la personalidad. Por medio del discurso el profesor proyecta su propia visión del mundo y orienta la trayectoria vital de los alumnos. El lenguaje docente puede promover el desarrollo intelectual, emocional, moral y social del educando, según las metas que persiga. El empleo diferencial del discurso en el aula, acaso consecuencia de la particular cosmovisión del docente, da lugar a diversas modalidades de relación profesor-alumno y genera variaciones significativas en la educación, pues se enfatizan ciertas dimensiones en perjuicio de otras.

  • El discurso regula las interacciones educador-educando. Además, esta acción interpersonal está orientada hacia un objetivo, es intencional, es decir, se encamina a la consecución de algo: transmitir contenidos, promover actitudes y valores, etc.
  • El discurso condiciona la manera de conocer, de sentir y de vivir del educando. Como es cierto que una utilización perversa del discurso puede conducir a la manipulación del otro, su estudio y empleo siempre ha de ponerse al servicio de la aproximación de voces, del encuentro polifónico y de la formación.
  • De acuerdo con nuestro modelo pentadimensional, el discurso docente está constituido por cinco dimensiones interdependientes: instructiva, afectiva, motivadora, social y ética, dotadas de valor operativo para calibrar su potencia educativa. Se hace esta división para facilitar la prospección, pero no debe olvidarse que el discurso constituye un todo unitario encaminado a promover la formación del educando.
  • Cuando sólo se alcanza un nivel satisfactorio en una de las dimensiones o, lo que es igual, si cuatro dimensiones son deficitarias nos encontramos ante un discurso claramente descompensado que nos lleva a establecer la siguiente taxonomía del profesorado: "profesor-enseñante" (dimensión instructiva), "profesor-progenitor" (dimensión afectiva), "profesor-presentador" (dimensión motivadora), "profesor-político" (dimensión social), "profesor-predicador" (dimensión-ética). Si, en cambio, se alcanza un nivel óptimo en las cinco vertientes hallamos una nueva modalidad de profesor: "profesor-educador", quizá el más extendido por los distintos niveles formativos.

Incidencia del discurso educativo

Hasta ahora nos hemos centrado principalmente en la acción discursiva docente y llega el momento de dirigir nuestra mirada hacia los alumnos, sin perder de vista totalmente al profesorado. Es menester, por ejemplo, preguntarse por la incidencia que el discurso educativo tiene en el proceso formativo de los escolares. En lo tocante a esta cuestión, es indiscutible que a través del discurso el profesor regula el trabajo académico y las interacciones humanas. Hasta tal punto condiciona el docente el aprendizaje de los alumnos que, en mi opinión, no es descabellado establecer una correspondencia entre tipos de profesores y de alumnos. Seguidamente se presenta una clasificación discente derivada de la tipología docente recogida con anterioridad:

  • "Alumno-aprendiente". Es un alumno sometido a monólogos insufribles del "profesor-enseñante". Víctima de un discurso dogmático y de un proceso de enseñanza memorista. Es el escolar que, en un marco en el que prima la reproducción de contenidos, repite la lección ad pedem litterae, sin reflexión ni comprensión. Este tipo de alumno es un mero receptor que almacena o colecciona informaciones ajenas. Con frecuencia es siervo del libro de texto, socorrida herramienta que no hace sino ocultar la falta de iniciativa del profesor para utilizar otros recursos complementarios. La enseñanza eficientista, apoyada en procedimientos rígidos y centrada exclusivamente en los resultados, es la que más favorece la aparición de "alumnos-aprendientes". La "escuela-cuartel" de antaño, encaminada a la homogeneización por medio de la vigilancia y el castigo, es un nítido ejemplo de vivero de esta clase de alumnos.

  • "Alumno-vástago". Es el escolar mimado, heterónomo, esto es, dependiente del profesor. A veces la institución y los maestros, ya por extralimitación, ya por dejadez de la familia, asumen funciones que corresponden a los padres. Aún cuando en algunos casos son laudables estas atenciones de la organización educativa, v. gr., cuando el hogar del niño presenta carencias, es bien cierto que a veces el centro se convierte en lo que podríamos denominar "escuela-domicilio", sobre todo porque los trabajadores no poseen adecuada preparación técnica. Esta falta de formación científica pretende suplirse con una afectividad mal entendida, rayana en la sensiblería. Esta enseñanza timocéntrica puede generar desvalimiento y subordinación emocional del alumno respecto al profesor, hasta el punto de que se impide o frena su desarrollo armónico y saludable. Indudablemente la afectividad ha de cultivarse, mutatis mutandis, en todos los niveles formativos, sin que ello lleve a soslayar, ni siquiera en la educación infantil, las demás vertientes de la educación.

  • "Alumno-espectador".- Es el alumno de la era audiovisual, devorador de imágenes e intolerante al discurso lógico-racional. Cuando el centro educativo, por mor de la fidelidad de los clientes, se convierte en "escuela-espectáculo", el saber se subordina al entretenimiento. El docente, por su parte, pasa a ser un "profesor-presentador" que busca ante todo atraer a sus alumnos. La formación es suplantada por el artificio: todo vale para encandilar al escolar. Esta depauperada enseñanza, muy alejada del cultivo del pensamiento y la sensibilidad en un ambiente motivador, provoca mentalidad cautiva y pasividad en los alumnos. Esta pedagogía superficial y periférica, orientada a la aprobación y al aplauso, se pone al servicio de los beneficios económicos, sin reparar en sus negativos efectos: la manipulación, la pereza y la debilitación intelectual.

  • "Alumno-politizado".- Es el escolar al que se ha inculcado una conciencia política viciada por la parcial ideología del profesor y aun del centro. Lejos de promover el desarrollo de la dimensión social del educando desde y para la democracia, lo que se busca es su adhesión a unas interesadas ideas a través de cauces arteros. En casos extremos, el proceso persuasivo se nutre de sofisticadas técnicas que dejan al alumno a merced del manipulador. Esto explicaría ciertas prácticas amedrentadoras y subversivas de algunos adolescentes y jóvenes hábilmente manejados desde la infancia en la "escuela-partido" para la causa nacionalista excluyente. Esta siembra del odio desde la niñez arrastra irremediablemente al terrorismo. La enseñanza temprana de la intolerancia y la violencia, en las antípodas de la genuina educación, prende con fuerza en el neófito y le convierte en candidato al fanatismo.

  • "Alumno-adoctrinado".- Es el alumno que germina en la "escuela-secta" donde abunda el "profesor-predicador". Este tipo de alumno, contrariamente a lo que pudiera pensarse, no es exclusivo de instituciones confesionales, aunque es cierto que el clima religioso fundamentalista propicia su desarrollo. A menudo el discurso docente fermentador de esta modalidad de escolar se organiza en torno a la reforma de los "extravíos y malas costumbres" infanto-juveniles. Emerge así la moralina correctora de los desafueros que, a veces, es seguida por temor a la sanción. Si el alumno posee un cierto grado de desarrollo y un juicio crítico más o menos formado se protege de los sermones con una saludable actitud de rebeldía. En cambio, la resistencia es escasa o nula en el caso de los alumnos inseguros, inestables emocionalmente y con baja autoestima, así como en los niños. La vulnerabilidad propia de la infancia facilita la penetración de ideas en el escolar a través de admoniciones e instrucciones. La combinación de la coerción y la inculcación dejan al alumno al arbitrio del maestro, máxime si en la acción de captar adeptos se cuenta con la aquiescencia o la complicidad de otros miembros de la institución.

Esta galería en la que se ofrecen retratos prototípicos de cinco clases de alumnos es el resultado de la impronta discursiva profesoral. Nos hallamos, en realidad, ante una paidotipología que refleja un proceso discursivo anómalo, ya que los tipos discentes descritos muestran el impacto negativo de un discurso docente unidimensional. La taxonomía presentada se completa si se incluye una nueva modalidad de escolar:

  • "Alumno-educando".- Es el alumno genuino que se halla en permanente proceso de crecimiento estimulado por el "profesor-educador". Gracias al clima personalizado de la "escuela-formadora" y al discurso docente pentadimensional, este escolar recibe una educación humanista cuyas notas son: la instrucción al servicio del acrecentamiento intelectual, la cordialidad, la motivación, la proyección social y el marco ético. Frente a los ambientes escolares caracterizados por el monopolio discursivo del profesor, el contexto en el que este alumno se educa está regido por el diálogo y la participación. El hecho de que sea el profesor el que más habla durante la clase, por dedicar parte considerable de la misma a las explicaciones, no impide en absoluto que se produzca intercambio verdadero entre él y sus alumnos, siempre que haya atención, empatía y respeto mutuos, además de tiempo reservado a los escolares para que hagan uso de la palabra en forma de comentarios, preguntas, etc. En esta interacción tanto profesores como alumnos son, a la vez, emisores y receptores. Este tipo de comunicación circular es totalmente necesaria por ser la única en la que el proceso formativo es posible.

Desde una perspectiva psicopedagógica, hemos establecido una taxonomía del alumnado a partir de la estructura pentadimensional del discurso docente. La pretensión de explorar la naturaleza de los escolares recurriendo únicamente al análisis del discurso del profesor debe realizarse con prudencia, pues es obvio que cada modalidad de alumno depende de la interacción de factores ambientales y personales. Sea como fuere, el influjo que el discurso del profesor ejerce sobre el proceso formativo del alumno está fuera de toda duda, lo que avala nuestro método exploratorio. Recordemos, para finalizar, que la tipología discente presentada carece de propósito estigmatizador; su única aspiración es servir de referencia facilitadora de la mejora educativa.

 

arriba