Esencial y múltiple

El Museo Reina Sofía sintetiza en una muestra el quehacer pictórico
de Ramón Gaya
Conciliador del espíritu clasicista del arte y el aliento más vanguardista de la expresión pictórica, la figura de Ramón Gaya, Premio Velázquez de las Artes Plásticas, tiene una resonancia compleja y multidimensional en el largo trayecto recorrido por la plástica del siglo XX. Una muestra homenaje en el Museo Reina Sofía le sitúa por fin entre los máximos exponentes de la pintura contemporánea mundial.

Madrid. JULIA FERNANDEZ
Primer Premio Velázquez de Artes Plásticas, Ramón Gaya (Murcia 1910) sigue teniendo a sus 92 años la "falta de adecuación" que la gran mayoría de los pintores acaban poseyendo en su obra a lo largo de su trayectoria artística, creativa y hasta humana. Gaya supo romper cuando era sólo una joven promesa, en el Madrid y el París de los años 30, con la poderosa inercia de la trasgresión vanguardista, llevada a cabo entre otros por los más cercanos a unas preferencias morales y políticas que eran también las suyas. Solo, sin miedo a las presiones que proyectaban su singularidad, tuvo el asombroso deseo de ser él mismo, en el arte y en la sociedad. Es por esto por lo que, sin grupo, sin tendencias afines y, lo más importante, a contracorriente de la multiplicidad expresiva del siglo, Ramón Gaya ha sobrevivido como el asceta olvidado de una extraña cofradía consagrada a las ideas clásicas de armonía y autenticidad.

Luz mediterránea

La realidad murciana que Gaya vivió en su infancia y adolescencia pone en su luminosidad el hilo conductor de las obras que ahora sintetizan su dilatada trayectoria profesional en las salas del Museo Reina Sofía, en un recorrido antológico que repasa sus grandes etapas cronológicas, desde su Murcia natal, Madrid, París, vuelta a Madrid, exilio en México, Italia y, finalmente, regreso a España. Esta exposición, que forma parte del premio Velázquez con él inaugurado, reúne significativas creaciones de cada periodo en un conjunto que suma 170 obras entre pinturas, acuarelas, guaches y dibujos, a las que se le han añadido piezas que ilustran su labor como viñetista en publicaciones como "Hora de España" o ilustrador de grandes obras de la literatura española, además de ejemplos como experto y agudo ensayista y teórico del arte.
"Quizá como no se puede decir de ningún otro artista contemporáneo europeo, Ramón Gaya constituye una excepción a la evolución histórica del arte del siglo XX –afirmaba el comisario de la muestra, Enrique Andrés Ruiz, en la presentación a los medios- Sin atender a estilos o a movimientos, Gaya construye una especial concepción de la tradición pictórica cuyos cimientos se encuentran en el sentimiento creador de la vida, tal y como lo refleja la pintura de sus predilectos: Velázquez, Murillo, Van Eyck, Tiziano...los que él llama "creadores" en contraposición a los meros "artistas", aquellos otros encerrados en la brillantez perfecta del propio arte y en sus objetos".

Ocho décadas

Su singularidad está presente en las ocho décadas de labor creativa reunidas en esta antológica que ha contado con el patrocinio de la Caja de Ahorros del Mediterráneo y que da comienzo con un retrato del padre del autor, fechado en 1927, y que llega hasta el año 2001, después de habernos mostrado su obra poscubista, los decorados para La Barraca y las Misiones Pedagógicas; sus pinturas en el castillo de su amigo Cristóbal Hall, en el primer exilio en Francia; sus espléndidas creaciones mexicanas; sus actividades literarias y culturales; las obras de su estancia en Roma y la obra realizada en España, a partir de las últimas décadas del siglo, cuando comienza el auténtico reconocimiento institucional de este apartado y cosmopolita creador. Es a partir de los primeros años del 80 cuando la editorial Pre-Textos comienza la publicación de sus Obras Completas; en 1985, se le concede la medalla de Oro de las Bellas Artes; en 1989 tiene lugar la exposición antológica celebrada en el antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo; en 1997 se le concede el Premio Nacional de Artes Plásticas; en 2000, el IVAM, de Valencia, le dedica la exposición titulada "El pintor y las ciudades"; y en el año 2002, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, le convierte en el primer galardonado con el Premio Velázquez de las Artes Plásticas, y da el pistoletazo de salida para la consecución de esta magnífica exposición que significa el absoluto reencuentro de este pintor con España.

 

arriba