Bizancio

en España
El Museo Nacional de Arqueología muestra las huellas de esta cultura en nuestro país
Con una cultura que era la síntesis imposible de creencias cristianas, mitología pagana de romanos y griegos y simbología oriental, Bizancio ejerció una fascinación extraordinaria sobre los pueblos que conformaron su Imperio. España, mercado y colonia, también vivió seducida la relación durante 1000 años con su cultura. La muestra del Museo Nacional de Arqueología nos lo recuerda.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
El Imperio bizantino es en este final y comienzo de siglos uno de los más claros focos de atención de historiadores del arte y la cultura, atraídos sin remedio por su teoría y práctica de la convivencia pacífica de elementos en ocasiones hasta contradictorios: heredera de la cultura griega clásica, asimiladora de todo el acervo intelectual, cultural y artístico romano y con una fuerte impregnación oriental y cristiana, logró conformar la más influyente síntesis expresiva de toda Europa y del Mediterráneo oriental. Una pieza fundamental que basa firmemente el desarrollo posterior de muchas de las identidades culturales y artísticas de nuestra contemporaneidad. Sus logros tienden lazos invisibles con la más reciente de nuestras creaciones.
Este es el punto de partida de la propuesta "Bizancio en España",exposición presentada en el Museo Nacional de Arqueología, bajo la dirección de Miguel Cortés Arrese y patrocinio económico de la Caja de Ahorros del Mediterráneo y que viene a reivindicar la influencia que la civilización bizantina tuvo en la concepción artística de la España que va de la Antigüedad tardía a El Greco.

Misteriosa y cercana

Es en el comienzo de la exposición cuando el recorrido nos sitúa en el extraordinario poder político que llegó a tener este imperio –de Cartagena a Cádiz, en el caso español- dejando abierto para el visitante el auténtico perfil del dominio estético y artístico de su influencia. Ciento sesenta y cinco piezas, venidas de los propios fondos del Arqueológico y de otros treinta y ocho museos e instituciones, tienen una primera ocasión en nuestro país de mostrar esa especial, misteriosa y absolutamente cercana "España en Bizancio", que durante veinte años algunos estudiosos llevan reivindicando como indiscutiblemente nuestra.
Sus seis secciones temáticas están distribuidas en unas salas que representan una basílica paleocristiana, con juegos de luces y de sombras, y con "El redentor", de El Greco, en la nave central. El descubrimiento del arte bizantino en España da comienzo al montaje expositivo con una reflexión sobre el lento proceso que llevó a él y que tuvo el esfuerzo de viajeros, diplomáticos, eruditos y profesionales de la historia del Arte, a lo largo del siglo XIX y principios del XX. "El viaje de la fragata Arapiles" y el testimonio que nos ha legado D. Juan de Dios de la Rada y Delgado son reveladores en este sentido, y se muestran junto con fotografías, postales, un plano de Constantinopla, grabados y libros.
Las Imágenes del poder, centran la segunda sección ocupada en el gran arte oficial y aristocrático, fiel a las técnicas de lujo, cuya misión era ensalzar la figura del emperador, convertido en el elegido de Dios y su representante en la tierra, cabeza visible del Imperio cristiano. El "Disco de Teodosio" anuncia una tendencia que se consolidará con el tiempo; la numismática, con ejemplos magníficos procedentes del propio Museo Arqueológico, ratifica esta evolución. "El Díptico de Apión" y distintos tejidos ilustran también esta sección.
La vida cotidiana, en Bizancio y el Mediterráneo oriental, es el tercer epígrafe donde se reúnen objetos que fueron exportados a España y que distintas excavaciones han rescatado. Además permite admirar los resultados de las realizadas en el barrio comercial de Cartago Spartaria, posible capital bizantina, y abundantes testimonios de ese intenso tráfico comercial de los siglos VI y VII.

Realización de un icono

Una extraordinaria colección de Manuscritos bizantinos se ofrecen en la cuarta sección, provenientes de la Biblioteca Nacional y de la Biblioteca de El Escorial. Un excelente testimonio de la afición del arte bizantino por las materias ricas que manifiestan su búsqueda del esplendor y del color, que se revela también en el empleo de los fondos de oro. El Sacramentario y el que contiene el himno Acathistos han gozado, desde antiguo, de merecido reconocimiento.
El arte para la liturgia, sección quinta del recorrido, reflexiona sobre la importancia concedida al arte por la iglesia. De espíritu monástico, de inspiración oriental, fijó desde el siglo IX, sus dogmas en los iconos, una de las maravillas de esta civilización que la exposición ilustra con auténticas obras maestras, y además acerca a la comprensión del visitante mostrando en una urna su confección paso a paso.
La última sección, Bizancio después de Bizancio: El Greco, recoge las huellas que esta cultura fue dejando incluso después de su desaparición como imperio. El Greco se formó en el ambiente cretense heredero de Bizancio y es el más señero representante de cómo esta gran concepción humanista y artística traspasó fronteras de tiempo y lugar. Una constancia que el visitante tiene al término del recorrido y de su atmósfera.

 

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