|
Madrid.
JULIA FERNANDEZ
Calidad fotográfica,
mirada original, oportunidad y hasta una impresionante sensibilidad a
lo que estaría aún gestándose en la sociedad mexicana
son las características de las imágenes que por vez primera
presentan en nuestro país el trabajo del clan Casasola, de los
fotógrafos mexicanos de su época, y, sobre todo, del mentor
de todos ellos: Agustín Víctor Casasola, un hombre con el
don de ver y comunicar, que hizo de la documentación gráfica
una tarea no sólo artística sino histórica.
"Tengo
o hago la foto que usted necesite" rezaba el lema de la agencia fotográfica
que Don Agustín Víctor funda en 1912, después de
llevar casi dos décadas ejerciendo primero como tipógrafo
y más tarde como reportero en la ciudad de México. Es una
pequeña empresa que nace un año después del levantamiento
de un grupo de revolucionarios liderados por Francisco I. Madero, en el
estado norteño de Chihuahua, en lo que será el comienzo
de la Revolución mexicana, un periodo de más de diez años
de guerras intestinas, sufrimientos y brutalidades, pero también
de grandes avances y depuraciones en una sociedad profundamente corrompida.
Casasola ya
era conocido como fotógrafo cuando emplea a su propio hermano y
a sus hijos como ayudantes y comienza a conformar una idea que le llevaría
a ser el gran testigo de la historia del siglo XX mexicano. Una tarea,
una misión que daría sentido global a su trabajo periodístico
y que sería a la vez el germen de su excepcional recolección
de fotos y placas, que con la mirada de otros fotógrafos de la
época, eran valiosos documentos del devenir de México.
Un
archivo insondable
Las
noventa y dos imágenes que se presentan estos días en Madrid
son una presentación de los grandes apartados que esta agencia
y su fundador trabajaron a lo largo de su vida profesional. Proceden de
los casi 500.000 negativos y positivos que Casasola llegó a tener
en su propiedad y que, desde el año 1976, pertenecen a la Fonoteca
Nacional de México, entidad que está encargada de su preservación
y divulgación como uno de los más grandes testimonios de
la vida y la historia de este país.
Es por esto
que la muestra "Mirada y memoria" está planteada como
un recorrido cronológico por los sucesos políticos, sociales,
culturales y costumbristas del país. Sus siete capítulos
van desgranando la escena y los personajes del "Porfiriato",
un periodo de paz y estabilidad conservadora, con su modernidad afrancesada;
de la "Revolución", reflejada sin romanticismo, con toda
su real crueldad y fiereza; de "Los oficios", una nueva época
tras la revolución donde afloran cometidos sociales que crean y
no destruyen; de "La modernidad", donde los propios fotógrafos
son los que transforman con sus contrapicados y rápidas visiones
a vuelo de pájaro la imagen ya moderna también de la sociedad;
de "La noche", en la que todos tienen un lugar desde sus cutres
o elegantes salones de baile y divertimiento; de "La justicia",
criticada a través de sus desgraciadas consecuencias en cárceles,
comisarías o depósitos de cadáveres; y, por último,
de "Los retratos", un género en el que Agustín
Víctor Casasola dio la parte de su sensibilidad artística
que, en ocasiones, el reportero tenía que silenciar.
Son siete capítulos
de una mirada en la se dieron cita la valentía, la sabiduría
y la creación. Sus imágenes ondean hoy orgullosas sobre
la historia de México.
|
|