Lección de historia

Extraordinario artista y fotógrafo militante en la época en que este medio creativo desarrollaba su potencialidad como documento social, Agustín Víctor Casasola (1874-1938) es sin duda el más certero y radical periodista gráfico que México tuvo de sus convulsas y trágicas primeras décadas del siglo XX. La muestra "Mirada y memoria" recoge algunas de sus mejores imágenes.
Una selección del Archivo Fotográfico Casasola muestra el pulso vital y social del México de comienzos del siglo XX

Madrid. JULIA FERNANDEZ
Calidad fotográfica, mirada original, oportunidad y hasta una impresionante sensibilidad a lo que estaría aún gestándose en la sociedad mexicana son las características de las imágenes que por vez primera presentan en nuestro país el trabajo del clan Casasola, de los fotógrafos mexicanos de su época, y, sobre todo, del mentor de todos ellos: Agustín Víctor Casasola, un hombre con el don de ver y comunicar, que hizo de la documentación gráfica una tarea no sólo artística sino histórica.
"Tengo o hago la foto que usted necesite" rezaba el lema de la agencia fotográfica que Don Agustín Víctor funda en 1912, después de llevar casi dos décadas ejerciendo primero como tipógrafo y más tarde como reportero en la ciudad de México. Es una pequeña empresa que nace un año después del levantamiento de un grupo de revolucionarios liderados por Francisco I. Madero, en el estado norteño de Chihuahua, en lo que será el comienzo de la Revolución mexicana, un periodo de más de diez años de guerras intestinas, sufrimientos y brutalidades, pero también de grandes avances y depuraciones en una sociedad profundamente corrompida.
Casasola ya era conocido como fotógrafo cuando emplea a su propio hermano y a sus hijos como ayudantes y comienza a conformar una idea que le llevaría a ser el gran testigo de la historia del siglo XX mexicano. Una tarea, una misión que daría sentido global a su trabajo periodístico y que sería a la vez el germen de su excepcional recolección de fotos y placas, que con la mirada de otros fotógrafos de la época, eran valiosos documentos del devenir de México.

Un archivo insondable

Las noventa y dos imágenes que se presentan estos días en Madrid son una presentación de los grandes apartados que esta agencia y su fundador trabajaron a lo largo de su vida profesional. Proceden de los casi 500.000 negativos y positivos que Casasola llegó a tener en su propiedad y que, desde el año 1976, pertenecen a la Fonoteca Nacional de México, entidad que está encargada de su preservación y divulgación como uno de los más grandes testimonios de la vida y la historia de este país.
Es por esto que la muestra "Mirada y memoria" está planteada como un recorrido cronológico por los sucesos políticos, sociales, culturales y costumbristas del país. Sus siete capítulos van desgranando la escena y los personajes del "Porfiriato", un periodo de paz y estabilidad conservadora, con su modernidad afrancesada; de la "Revolución", reflejada sin romanticismo, con toda su real crueldad y fiereza; de "Los oficios", una nueva época tras la revolución donde afloran cometidos sociales que crean y no destruyen; de "La modernidad", donde los propios fotógrafos son los que transforman con sus contrapicados y rápidas visiones a vuelo de pájaro la imagen ya moderna también de la sociedad; de "La noche", en la que todos tienen un lugar desde sus cutres o elegantes salones de baile y divertimiento; de "La justicia", criticada a través de sus desgraciadas consecuencias en cárceles, comisarías o depósitos de cadáveres; y, por último, de "Los retratos", un género en el que Agustín Víctor Casasola dio la parte de su sensibilidad artística que, en ocasiones, el reportero tenía que silenciar.
Son siete capítulos de una mirada en la se dieron cita la valentía, la sabiduría y la creación. Sus imágenes ondean hoy orgullosas sobre la historia de México.

 

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