En el presente artículo, el autor analiza la función de la orientación educativa, y abre un espacio de análisis y debate sobre su papel como factor de calidad y mejora de la enseñanza, que, a su juicio, debe ir acompañada de una implicación efectiva de todos los agentes que intervienen en el proceso educativo.

La orientación educativa y
su implementación en el proceso
de aprendizaje-enseñanza

Blas Campos Barrionuevo
Profesor de Psicología-Pedagogía en el IES "Almicerán",
de Peal de Becerro (Jaén)

A  orientación   educativa  como

factor de calidad y mejora de la enseñanza -véanse arts. 55.e y 60.1 y 2, LOGSE- debe establecerse a nivel global, implicando a todos los agentes que intervienen en el proceso educativo, curricular, presentando un diseño progresivo e imbricado en el propio curriculum, canalizado, principalmente, desde la acción tutorial, y diferencial, dando respuesta a las necesidades educativas de cada alumno, en todo su proceso formativo.
En esta línea y, desde una perspectiva teórico-práctica, debe definirse la Orientación educativa como "conjunto de conocimientos, metodologías y principios teóricos que fundamentan la planificación, diseño, aplicación y evaluación de la intervención psicopedagógica preventiva, comprensiva, sistemática y continuada que se dirige a las personas, las instituciones y el contexto comunitario, con el objetivo de facilitar y promover el desarrollo integral de los sujetos a lo largo de las distintas etapas de su vida, con la implicación de los diferentes agentes educativos (orientadores, tutores, profesores, familia) y sociales". Vélaz de Medrano Ureta, 1998.
La orientación educativa es un concepto global y dinámico que guía la vida de un centro educativo, implicando a todos los agentes de este último, que deriva de forma progresiva en la realidad del aula, mejorando el proceso de aprendizaje-enseñanza. En última instancia, el alumnado debe estar orientado sobre todos los aspectos de su proceso formativo -como educando y como persona- , así como saber autoorientarse de forma progresiva; en definitiva, la orientación educativa compete a todos y se dirige a todos, principalmente alumnado, debiendo concretarse en el acto didáctico.
La orientación educativa, partiendo de una zona educativa o de un centro docente, debe derivar, en última instancia, al aula, donde se concreta y desarrolla mediante la conjugación total o parcial de una serie de vectores que la definen e implementan; la aplicación sistemática y sistémica de dichos vectores de trabajo, con la mediación de los técnicos de la orientación educativa, mejorarán el aprendizaje del alumnado, la propia enseñanza y, por ende, la calidad de todo centro educativo.

Visión genérica

El desarrollo continuo de todo niño exige a todos los profesionales de la educación (maestros, profesores, etc. ) orientar en todo momento, necesitando, por ello, una visión genérica de los aspectos que definen la orientación educativa, demandando lo que necesitan en cada momento del proceso escolar, así como aplicando aquellos que poseen en el ejercicio de su práctica educativa.
La implicación global de todos, con una mediación subsidiaria de los técnicos de la orientación, propiciará una mejora del trabajo desarrollado en el aula, así como una mayor transferencia ecológica del aprendizaje del alumnado.
Derivar la planificación educativa a través del proceso orientador a la realidad del proceso de aprendizaje-enseñanza (tercer nivel de concreción curricular), exige conocer los modelos intervención psicopedagógica adecuados a cada tipo de situación escolar, determinar qué ámbitos de la orientación educativa desarrollamos y en qué medida, fijar y localizar los principios de nuestra intervención orientadora y actuar desde los niveles necesarios y adecuados a cada momento de la realidad grupo-aula.
Todas estas variables de la intervención psicopedagógica interrelacionadas entre sí, con una aplicación serial y/o paralela, deben implicar a todos los agentes educativos, determinando, en última instancia, que el docente en el ejercicio de su labor detecte dificultades del aprendizaje escolar, problemas conductuales, etc., derivando, progresivamente, en el cómo solucionarlas y prevenirlas, a través del proceso orientador, en una labor conjunta de todos, mediatizada en todo momento por los técnicos de la orientación. En esta línea, los centros deben concebir la orientación educativa como una helicoide que envuelve todo el proceso educativo, siendo subsidiaria a este último. El proceso dinámico que ofrece la función orientadora, así como su explicación y reflexión posterior, determinarán un mayor acercamiento, desde el punto de vista práctico, entre el desarrollo lineal de las diferentes currículas en las diferentes etapas educativas y el proceso orientador inherente al desarrollo de las mismas, derivando, todo ello, en una mayor "afinidad" pedagógica entre todos los agentes educativos que intervienen en la vida de un centro educativo y, por ende, en la propia calidad educativa de este último.

Perspectiva técnico-científica

La determinación de programas de orientación educativa entendidos "como acciones sistemáticas, cuidadosamente planificadas, orientadas a unas metas, como respuesta a las necesidades educativas de los alumnos-as, padres y profesores insertos en la realidad de un centro" ( Rodríguez Espinar y otros, 1993, pág. 233 ), debe establecerse de forma comprensiva e integrada en el curriculum.
La canalización y desarrollo de dichos programas se vertebrará en tres niveles, perfectamente interrelacionados, incidiendo en todos los ámbitos de la orientación educativa y, consecuentemente, en el desarrollo de los procesos de aprendizaje-enseñanza, optimizando la consecución de las finalidades educativas establecidas para un determinado ciclo/curso educativo, así como el desarrollo integral del alumnado.
Dichos niveles (aula/acción tutorial; centro/departamento de orientación; sector/Equipos multiprofesionales), generan los servicios internos y externos a los centros, a través de los cuales debe implementarse la intervención psicopedagógica y, de forma colateral, toda la práctica educativa, concretada a la situación diferencial de cada grupo-aula.
La acción tutorial debe entenderse como la respuesta que, de modo sistemático, realiza un centro para personalizar el proceso de aprendizaje-enseñanza. Es el nivel más dinámico y operativo de todo el proceso de intervención psicopedagógica y desarrollo curricular, pues compete a todos de forma directa, no siendo exclusiva de los tutores; por otra parte, toda esta labor propiciará desarrollar en cada situación escolar los ámbitos y principios de nuestra intervención psicopedagógica, bien de forma directa por los equipos educativos de cada grupo-aula, tutores y padres, bien de forma indirecta a través del asesoramiento por parte del orientador a padres, tutores y profesores, todo lo cual, enriquecerá la forma de diseñar y desarrollar el curriculo, retroalimentando, en todo momento, la propia función orientadora ( vid. acción tutorial-concreción aula del gráfico adjuntado, como eje final de todo el proceso descrito).
El orientador ejercerá preferentemente una intervención indirecta -modelo de consulta- , salvo casos excepcionales, reservándose la intervención directa a tutores, profesores y padres. Este modelo de consulta incorpora el papel del orientador como consultor (asesor, formador de formadores y agente de cambio).
En todo momento se establecerá un trabajo colaborativo, derivado de la concepción establecida a nivel de programas, donde el orientador formará parte de un equipo que desarrolla su trabajo de forma interdisciplinar.
Todo el proceso orientador tendrá una concepción grupal, pues tanto la intervención psicopedagógica como el propio proceso de diseño y desarrollo curricular debe dirigirse a todo el alumnado.

Ámbitos de la orientación educativa

El desarrollo continuo de un niño-a implica que los ámbitos en los que debe ser orientado sean múltiples y convergentes, en aras de su desarrollo integral y armónico.
El libro para la Reforma del Sistema Educativo (MEC, 1989, pág. 225), definía la orientación escolar, desde el punto de vista del alumno, como "un derecho que ha de concretarse y garantizarse en un conjunto de servicios y actividades que el Sistema Educativo debe ofrecer".
Posteriormente, dicho texto vuelve a indicar que su principal desarrollo tendrá lugar en el ejercicio de la función tutorial -realidad grupo-aula-, enfatizando la etapa educativa de Educación Secundaria, viéndose, por otra parte, todo su contenido educativo complementado con la orientación profesional.
La orientación escolar debe "optimizar el rendimiento de la enseñanza mediante el adecuado asesoramiento al alumno a lo largo de su avance en el sistema y respecto de su tránsito a la vida activa".
Será, precisamente, en la etapa de Educación Secundaria donde pasan a prevalecer los aspectos de orientación relativos a la elección entre distintas vías y opciones educativas -orientación académica- , así como el afianzamiento de técnicas eficaces de estudio -orientación para el aprendizaje-.
En esta línea, será a través de los Departamentos de Orientación de los centros desde donde se promuevan las actividades informativas y de asesoramiento de los alumnos para facilitarles el alcance de un criterio propio cuando tengan que elegir entre distintas opciones, entre diferentes materias optativas, entre variadas modalidades de Bachillerato y entre las diversas enseñanzas profesionales, así como de las distintas salidas laborales u ocupacionales -orientación profesional- .
Por último, en todo el proceso escolar, la orientación debe cumplir también las siguientes funciones:
a) ser anticipadora y preventiva de problemas escolares y de desarrollo personal - orientación sociopersonal - , tales como inadaptación, abandono y fracaso escolar, y otros problemas a cuya aparición es necesario anticiparse - principio de prevención - ;
b) ser compensadora de las desigualdades sociales;
c) ser favorecedora de la diversidad y de las especiales aptitudes del alumnado.

Orientación para la carrera

La psicología vocacional como parte de la Psicología estudia el hecho vocacional, bien sea como parte integrante del desarrollo de la persona, bien como hecho diferencial.
En una primera etapa la psicología vocacional y orientación profesional se centraban sobre todo en una psicología de las ocupaciones, intentando descubrir las características de los sujetos y de las ocupaciones o trabajos y su ajuste mutuo.
Posteriormente, bajo el liderazgo de Super, se centra la atención en el desarrollo vocacional, en la psicología de las carreras. Así, a partir de la teoría de Super la anterior psicología ocupacional se ha ido cambiando en psicología vocacional, centrándose más en los procesos y consecuencias del desarrollo. Es una teoría evolutiva, más global y amplia; el proceso y desarrollo vocacional del sujeto está integrado por una serie de toma de decisiones sucesivas que se alargan durante toda la vida.
Siguiendo a Rodríguez Moreno y Figuera ( 1995, pág. 337 ): "se ha definido la carrera como la secuencia de los puestos de trabajo que una persona ocupa a lo largo de su vida pre-profesional, ocupacional y post-ocupacional... La carrera es un proceso ( que dura toda la vida ) de adaptación, relacionado con cuatro grandes aspectos: prepararse para trabajar, trabajar, cambiar de trabajo y dejar el mundo del trabajo".
Esta dinámica procesual, con el consiguiente aumento y modificación de las capacidades y disposiciones de las personas, hace del proceso escolar el contexto idóneo para generar una continua toma de decisiones, en aras de una óptima orientación a lo largo de todo el ciclo vital.
Por otra parte, de una forma implícita, el desarrollo de la carrera engloba la propia orientación escolar, profesional, socio-personal y vocacional, siendo esta última parte integrante de todas las demás en todo el proceso de desarrollo de una persona.
Los procesos de aprendizaje-enseñanza deben generar un desarrollo global de la persona, fomentando habilidades sociales para interactuar en grupos, valores y actitudes que deriven en un mayor conocimiento de los grupos de interacción socio-personal, autoestima y autoconocimiento, identidad personal y una autorrealización plena.
El desarrollo de la acción tutorial, la planificación de contenidos actitudinales y de procedimiento y la orientación familiar deben generar un desarrollo continuo de la persona, siendo el mismo transferible a otros contextos diferentes al escolar ( familia, grupos de iguales, ocio y tiempo libre, etc. ).

Principios de intervención

Los principios inherentes a todo el proceso de intervención psicopedagógica y desarrollo de la práctica escolar deben contribuir al desarrollo integral y continuo del alumnado, posibilitando en todo momento, la consecución de las capacidades establecidas en las diferentes etapas educativas.
El principio de prevención exige tomar las medidas necesarias para evitar que algo suceda, promoviendo por el contrario otro tipo de circunstancias y resultados deseables. Debe estar presente en todo el proceso programador y debe dirigirse a todo el grupo-aula.
El principio de desarrollo se basa en la idea de que a lo largo de su vida la persona pasa por una serie de estadios cada vez más complejos que son los que fundamentan y dan sentido a sus actuaciones y le permiten interpretar e integrar experiencias y conocimientos nuevos y cada vez más amplios. En esta línea, la orientación y todo el proceso de aprendizaje deberán promover ese desarrollo integral del potencial de cada persona.
El principio de intervención social, basado en el enfoque sistémico-ecológico de las Ciencias humanas, pone de manifiesto la importancia que tiene para la orientación y para el aprendizaje escolar tener presente el contexto socioeducativo en el que se desarrollan los individuos.

Referencias bibliográficas:
- Orientación e intervención psicopedagógica. Concepto, modelos, programas y evaluación. VELAZ DE MEDRANO URETA, Consuelo. Ediciones ALJIBE; Málaga, 1998.
- La Tutoría en los centros de Educación Secundaria. Manual del profesor-tutor. SÁNCHEZ SÁNCHEZ, Serafín y cols; Escuela Española; Madrid, 1997.
- La Orientación Vocacional a través del Curriculum y de la Tutoría. ÁLVAREZ, M. y otros; Grao; Barcelona, 1991.
- Manual de Orientación Escolar y Tutoría. LÁZARO, A, y ASENSI, J.; Narcea, Madrid, 1987.
- LOGSE y disposiciones de desarrollo.

 

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