Una selección de la mejor pintura de la Polonia sometida de final del siglo XIX llega a nuestro país

La expresión de una identidad

La sensibilidad de una sociedad que se ha visto expoliada de su identidad nacional desde 1795 -repartida entre el imperio Austro-Húngaro, Rusia y Prusia- y que consigue mantener una
extraña singularidad expresiva entre las grandes corrientes artísticas de la época es la que se muestra estos días en Madrid bajo el título "Polonia fin de siglo: 1890-1914".
 

Madrid. JULIA FERNANDEZ
El complejo entramado de sentimientos y argumentos que conforman el hecho nacional es la raíz que une las sucesivas propuestas creativas que la muestra "Polonia fin de siglo, 1890-1914" exhibe por vez primera en nuestro país: una cultura que sometida al yugo de varias potencias y sin posibilidad de manifestarse de forma colectiva logra ser, por encima de sufrimientos y enemistades, una sola y libre nación en lo espiritual y lo cultural. Es la Polonia que augura su existencia como estado autónomo después de la primera Guerra Mundial y que comienza a expresarse como una originalidad entre las corrientes europeas impresionista, post-impresionista y simbolista. Es la Polonia que añora estar entre la servidumbre y la libertad del folklore. Es una Polonia entre la obligación de estar en lucha y el anhelo de volar sin ligaduras sociales o políticas.
Esta es la suma de Polonias complementarias y en ocasiones contradictorias que ofrece la selección de 79 óleos, 2 dibujos y 33 grabados, además de un conjunto de revistas, libros ilustrados y carteles, que estos días se puede visitar en las salas de la Fundación Mapfre Vida, en Madrid. Una considerable apuesta que aborda uno de los capítulos menos conocidos de la Europa de fin de siglo y que trae obras de los más importantes museos y pinacotecas polacas (Museo Nacional de Varsovia, el Museo Nacional de Cracovia), Museo Lituano de Arte de Vilna(Lituania), de la Galería de Arte de Lvov (Ucrania) y de algunas colecciones particulares seleccionadas por Monika Poliwka y Elzbieta Charazinska.

Mosaico nacional

El periodo que comprende la muestra está considerado por los especialistas entre los más ricos y complejos del arte polaco. Es el conocido como periodo del movimiento "Joven Polonia" y entre sus filas se encuentran muchos de los grandes renovadores de la estética y creatividad de esta nación: creadores que supieron ver y asimilar las principales novedades generadas en los centros artísticos de este tránsito de siglo: Viena, Munich, Leipzig, San Petesburgo y París.
Asimilación y creación aparecen pues en esta muestra que recorre sobre el trasfondo más sui generis polaco las vanguardias pictóricas de esas décadas: Impresionismo, post-impresionismo y, sobre todo, Simbolismo, la escuela que de forma natural más conectó con el sentir espiritual y artístico del arte polaco, y que dio algunas de las obras más importantes de esta corriente a nivel internacional.
Es precisamente el Simbolismo el que daría significación histórica dentro de su movimiento a ciudades como Cracovia, Varsovia, Lvov –hoy Ucrania-, Vilna –actual capital de Lituania-, Poznan y Lodz. Malczewski, el artista más importante y singular de la "Joven Polonia", sintetiza en su obra "Paisaje de primavera con Tobías", presente en la muestra, la fuerza expresiva de este simbolismo. Junto a él, el completo hacedor creativo Stanislaw Wyspianski, el intimista Józef Mehoffer, el brillante Edward Okun, los paisajistas Leon Wyczólkowski y Jan Stanislawski o el retratista Konrad Krzyzanowski, entre tantos y tantos otros pintores y grabadores que cumplieron el más alto cometido artístico dando aliento espiritual y moral a una sociedad sin identidad estatal.

 

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