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Madrid.
JULIA FERNANDEZ
El complejo
entramado de sentimientos y argumentos que conforman el hecho nacional
es la raíz que une las sucesivas propuestas creativas que la muestra
"Polonia fin de siglo, 1890-1914" exhibe por vez primera en
nuestro país: una cultura que sometida al yugo de varias potencias
y sin posibilidad de manifestarse de forma colectiva logra ser, por encima
de sufrimientos y enemistades, una sola y libre nación en lo espiritual
y lo cultural. Es la Polonia que augura su existencia como estado autónomo
después de la primera Guerra Mundial y que comienza a expresarse
como una originalidad entre las corrientes europeas impresionista, post-impresionista
y simbolista. Es la Polonia que añora estar entre la servidumbre
y la libertad del folklore. Es una Polonia entre la obligación
de estar en lucha y el anhelo de volar sin ligaduras sociales o políticas.
Esta es la
suma de Polonias complementarias y en ocasiones contradictorias que ofrece
la selección de 79 óleos, 2 dibujos y 33 grabados, además
de un conjunto de revistas, libros ilustrados y carteles, que estos días
se puede visitar en las salas de la Fundación Mapfre Vida, en Madrid.
Una considerable apuesta que aborda uno de los capítulos menos
conocidos de la Europa de fin de siglo y que trae obras de los más
importantes museos y pinacotecas polacas (Museo Nacional de Varsovia,
el Museo Nacional de Cracovia), Museo Lituano de Arte de Vilna(Lituania),
de la Galería de Arte de Lvov (Ucrania) y de algunas colecciones
particulares seleccionadas por Monika Poliwka y Elzbieta Charazinska.
Mosaico
nacional
El
periodo que comprende la muestra está considerado por los especialistas
entre los más ricos y complejos del arte polaco. Es el conocido
como periodo del movimiento "Joven Polonia" y entre sus filas
se encuentran muchos de los grandes renovadores de la estética
y creatividad de esta nación: creadores que supieron ver y asimilar
las principales novedades generadas en los centros artísticos de
este tránsito de siglo: Viena, Munich, Leipzig, San Petesburgo
y París.
Asimilación
y creación aparecen pues en esta muestra que recorre sobre el trasfondo
más sui generis polaco las vanguardias pictóricas
de esas décadas: Impresionismo, post-impresionismo y, sobre todo,
Simbolismo, la escuela que de forma natural más conectó
con el sentir espiritual y artístico del arte polaco, y que dio
algunas de las obras más importantes de esta corriente a nivel
internacional.
Es precisamente
el Simbolismo el que daría significación histórica
dentro de su movimiento a ciudades como Cracovia, Varsovia, Lvov –hoy
Ucrania-, Vilna –actual capital de Lituania-, Poznan y Lodz. Malczewski,
el artista más importante y singular de la "Joven Polonia",
sintetiza en su obra "Paisaje de primavera con Tobías",
presente en la muestra, la fuerza expresiva de este simbolismo. Junto
a él, el completo hacedor creativo Stanislaw Wyspianski, el intimista
Józef Mehoffer, el brillante Edward Okun, los paisajistas Leon
Wyczólkowski y Jan Stanislawski o el retratista Konrad Krzyzanowski,
entre tantos y tantos otros pintores y grabadores que cumplieron el más
alto cometido artístico dando aliento espiritual y moral a una
sociedad sin identidad estatal.
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