| |
Madrid.
ROSAURA CALLEJA
Los talleres
infantiles, que organiza el Servicio Pedagógico del Museo, se desarrollan
en sesiones de dos horas de duración, con tres partes diferenciadas.
En la primera, los niños descubren las obras seleccionadas de la
Colección Permanente del Museo, después asisten a una representación
en el teatro de títeres, donde elementos de las obras contempladas
cobran vida y, por último, construyen un objeto relacionado con
las ideas que se han desarrollado durante la actividad. El diseño
y puesta en escena del programa corresponde a la compañía
Teatro de la Luna, un colectivo formado por especialistas en Estética
y Teoría del Arte, Pedagogía, teatro de títeres,
música y artes plásticas.
Taller de paisajes
es la propuesta del programa para el presente curso escolar y constituye
un recorrido por cinco artistas contemporáneos, que se asoman a
la naturaleza, a través de la geometría, de la emoción,
de la abstracción y de la poesía.
Paisaje
y poesía
Con
"La alegría del campo vasco", de Daniel Vázquez Díaz,
comienza el itinerario, que continua con "Paisaje" de Juan Manuel Díaz
Caneja, "Blancuzcos fríos" de Gustavo Torner y "Piedras creando
un paisaje" de Benjamín Palencia, para terminar con "Las altas
hierbas" de Pierre Alechinsky.
Una de las
características comunes de los artistas elegidos es su especial
sensibilidad hacia la poesía. Díaz Caneja cultivó
la poesía y define sus paisajes como "paisajes poéticos".
Vázquez Díaz y Benjamín Palencia conocieron a poetas
como Juan Ramón Jiménez y participaron de una misma sensibilidad
estética con escritores, dramaturgos, poetas y músicos.
Mientras que Pierre Alechinsky se expresa tanto con la pintura como con
la poesía y experimenta con ellas por separado o las mezcla en
sus cuadros-poema, Gustavo Torner dota de un lirismo especial a sus obras
literarias o ensayos y en su obra plástica tiene una predisposición
constante hacia las metáforas visuales, describe María Jesús
de Domingo, jefa del Servicio Pedagógico.
Visión
global
Dirigidos
a alumnos de Primaria, el programa de talleres infantiles es una actividad
de iniciación al arte para los más pequeños. Despertar
su curiosidad por el mundo artístico, con una visión global
e integradora, es el objetivo de esta actividad, además de que
el primer encuentro con el Museo sea una experiencia divertida que propicie
futuras visitas, explica Eulalia Domingo, del Teatro de la Luna.
Esta especialista
en Estética es responsable de la confección de los talleres
y coordinadora del programa. "A la hora del diseño valoramos que
los destinatarios son niños de 6 a 12 años y que esta actividad
se plantea como su primera visita al Museo", revela. "Aunque hayan visitado
museos como El Prado o el Thyssen-Bornemisza, porque tienen más
cabida en su programación escolar, no han acudido a uno de arte
contemporáneo", aclara.
Dentro de la
colección permanente del Museo este equipo selecciona cinco o seis
obras, con un tema común o bien profundizan en la creación
de un autor. "Las obras deben ser expresivas, que tengan fuerza, que sean
representativas de la colección y muestren de forma clara cuál
es el patrimonio del museo", especifica Eulalia Domingo.
Lenguajes
artísticos
Por
otra parte, la representación unifica lenguajes artísticos,
como la música, la escultura, la pintura y el teatro. "Se trata
de una manifestación de teatro visual, que intenta poner en escena
la metáfora, la línea argumental, que hemos explicado a
los niños durante el recorrido", continua.
"Ver un museo
no puede ser una hazaña", subraya esta coordinadora, "no pretendemos
que los alumnos permanezcan dos o tres horas de pie, porque su atención
se dispersa, sino que la duración de la visita es de 45 o 50 minutos,
como máximo".
Seguidamente,
el grupo se traslada al teatro de títeres y el tiempo de reposo,
durante la representación, favorece que los niños experimenten
sus propias sensaciones. El programa concluye con la construcción
y montaje de un rompecabezas móvil, donde recrean sus paisajes.
Los centros
escolares se dirigen al Servicio Pedagógico para solicitar su participación
en los talleres y, una vez fijada la cita, se envía a los profesores
un dossier con información y propuestas de actividades, para desarrollar
antes o después de la visita. Según la jefa del Servicio
Pedagógico, las plazas se cubren a los pocos días de publicarse
la convocatoria y este curso el calendario ya está completo.
Metodología
activa
Este
programa, que tiene ocho años de trayectoria, comienza en 1994
con "Itinerario de pájaros" y "Cómo suena un cuadro" fue
el tema del segundo taller. Mientras que la propuesta del curso 96-97
fue "Taller de veletas", Picasso y "Guernica" centraban el taller de caballos,
que abordaba los nuevos lenguajes en el arte moderno. El siguiente curso
los talleres plantearon un recorrido por la abstracción, con obras
realizadas con posterioridad a los años 50.
Para los responsables
de esta iniciativa, los museos, además de exhibir y conservar su
patrimonio, constituyen un magnífico documento vivo donde se puede
aprender, investigar y disfrutar desde los primeros años.
En este sentido,
manifiestan que, si la educación en el ámbito de la escuela
se ha dirigido más a los resultados que al proceso, desde los museos,
el énfasis se sitúa en el proceso, fomentando la exploración
y la experiencia. Así, el conocimiento de los procesos históricos,
artísticos o tecnológicos brinda a los alumnos la oportunidad
de interpretar múltiples papeles: pueden ser arqueólogos,
investigadores, artistas, ingenieros e inventores.
A su juicio,
con la metodología de la escuela activa, los museos deben diseñar
programas educativos, donde la participación activa predomine sobre
la receptividad pasiva.
"El tratamiento
lúdico de la actividad, la posibilidad que tienen los niños
de expresarse, divertirse y realizar sus propias obras, hacen del taller
el procedimiento ideal para la primera visita al museo", precisa María
Jesús de Domingo.
|
|