El arte contemporáneo,
una experiencia divertida
Descubrir el arte y sus autores, asistir a una representación teatral y realizar sus propias creaciones son los elementos de los talleres infantiles del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, dirigidos a alumnos de 6 a 12 años.
Alumnos de 6º de Primaria del colegio madrileño Julián Besteiro participan en el taller de paisajes. (Fotos: Rafael Martínez)

Alumnos de Primaria participan en los talleres del Museo Reina Sofía

 

Madrid. ROSAURA CALLEJA
Los talleres infantiles, que organiza el Servicio Pedagógico del Museo, se desarrollan en sesiones de dos horas de duración, con tres partes diferenciadas. En la primera, los niños descubren las obras seleccionadas de la Colección Permanente del Museo, después asisten a una representación en el teatro de títeres, donde elementos de las obras contempladas cobran vida y, por último, construyen un objeto relacionado con las ideas que se han desarrollado durante la actividad. El diseño y puesta en escena del programa corresponde a la compañía Teatro de la Luna, un colectivo formado por especialistas en Estética y Teoría del Arte, Pedagogía, teatro de títeres, música y artes plásticas.
Taller de paisajes es la propuesta del programa para el presente curso escolar y constituye un recorrido por cinco artistas contemporáneos, que se asoman a la naturaleza, a través de la geometría, de la emoción, de la abstracción y de la poesía.

Paisaje y poesía

Con "La alegría del campo vasco", de Daniel Vázquez Díaz, comienza el itinerario, que continua con "Paisaje" de Juan Manuel Díaz Caneja, "Blancuzcos fríos" de Gustavo Torner y "Piedras creando un paisaje" de Benjamín Palencia, para terminar con "Las altas hierbas" de Pierre Alechinsky.
Una de las características comunes de los artistas elegidos es su especial sensibilidad hacia la poesía. Díaz Caneja cultivó la poesía y define sus paisajes como "paisajes poéticos". Vázquez Díaz y Benjamín Palencia conocieron a poetas como Juan Ramón Jiménez y participaron de una misma sensibilidad estética con escritores, dramaturgos, poetas y músicos. Mientras que Pierre Alechinsky se expresa tanto con la pintura como con la poesía y experimenta con ellas por separado o las mezcla en sus cuadros-poema, Gustavo Torner dota de un lirismo especial a sus obras literarias o ensayos y en su obra plástica tiene una predisposición constante hacia las metáforas visuales, describe María Jesús de Domingo, jefa del Servicio Pedagógico.

Visión global

Dirigidos a alumnos de Primaria, el programa de talleres infantiles es una actividad de iniciación al arte para los más pequeños. Despertar su curiosidad por el mundo artístico, con una visión global e integradora, es el objetivo de esta actividad, además de que el primer encuentro con el Museo sea una experiencia divertida que propicie futuras visitas, explica Eulalia Domingo, del Teatro de la Luna.
Esta especialista en Estética es responsable de la confección de los talleres y coordinadora del programa. "A la hora del diseño valoramos que los destinatarios son niños de 6 a 12 años y que esta actividad se plantea como su primera visita al Museo", revela. "Aunque hayan visitado museos como El Prado o el Thyssen-Bornemisza, porque tienen más cabida en su programación escolar, no han acudido a uno de arte contemporáneo", aclara.
Dentro de la colección permanente del Museo este equipo selecciona cinco o seis obras, con un tema común o bien profundizan en la creación de un autor. "Las obras deben ser expresivas, que tengan fuerza, que sean representativas de la colección y muestren de forma clara cuál es el patrimonio del museo", especifica Eulalia Domingo.

Lenguajes artísticos

Por otra parte, la representación unifica lenguajes artísticos, como la música, la escultura, la pintura y el teatro. "Se trata de una manifestación de teatro visual, que intenta poner en escena la metáfora, la línea argumental, que hemos explicado a los niños durante el recorrido", continua.
"Ver un museo no puede ser una hazaña", subraya esta coordinadora, "no pretendemos que los alumnos permanezcan dos o tres horas de pie, porque su atención se dispersa, sino que la duración de la visita es de 45 o 50 minutos, como máximo".
Seguidamente, el grupo se traslada al teatro de títeres y el tiempo de reposo, durante la representación, favorece que los niños experimenten sus propias sensaciones. El programa concluye con la construcción y montaje de un rompecabezas móvil, donde recrean sus paisajes.
Los centros escolares se dirigen al Servicio Pedagógico para solicitar su participación en los talleres y, una vez fijada la cita, se envía a los profesores un dossier con información y propuestas de actividades, para desarrollar antes o después de la visita. Según la jefa del Servicio Pedagógico, las plazas se cubren a los pocos días de publicarse la convocatoria y este curso el calendario ya está completo.

Metodología activa

Este programa, que tiene ocho años de trayectoria, comienza en 1994 con "Itinerario de pájaros" y "Cómo suena un cuadro" fue el tema del segundo taller. Mientras que la propuesta del curso 96-97 fue "Taller de veletas", Picasso y "Guernica" centraban el taller de caballos, que abordaba los nuevos lenguajes en el arte moderno. El siguiente curso los talleres plantearon un recorrido por la abstracción, con obras realizadas con posterioridad a los años 50.
Para los responsables de esta iniciativa, los museos, además de exhibir y conservar su patrimonio, constituyen un magnífico documento vivo donde se puede aprender, investigar y disfrutar desde los primeros años.
En este sentido, manifiestan que, si la educación en el ámbito de la escuela se ha dirigido más a los resultados que al proceso, desde los museos, el énfasis se sitúa en el proceso, fomentando la exploración y la experiencia. Así, el conocimiento de los procesos históricos, artísticos o tecnológicos brinda a los alumnos la oportunidad de interpretar múltiples papeles: pueden ser arqueólogos, investigadores, artistas, ingenieros e inventores.
A su juicio, con la metodología de la escuela activa, los museos deben diseñar programas educativos, donde la participación activa predomine sobre la receptividad pasiva.
"El tratamiento lúdico de la actividad, la posibilidad que tienen los niños de expresarse, divertirse y realizar sus propias obras, hacen del taller el procedimiento ideal para la primera visita al museo", precisa María Jesús de Domingo.

 

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