En esta tercera y última entrega de su artículo sobre los materiales de apoyo y su valor didáctico, el autor aporta una
serie de sugerencias complementarias para la elaboración y utilización de una Guía Didáctica de Lectura de "Marinero en Tierra", una de las obras poéticas más relevantes,
sino la que más, de Rafael Alberti, de cuya muerte se cumplió
el tercer aniversario hace unos días.

Literatura para adolescentes: los materiales de apoyo didáctico (3)

Fernando Carratalá Teruel
Catedrático de Lengua Española y Literatura en el IES
"Rey Pastor", de Madrid

¡Sal, hortelana, del mar,
flotando sobre tu huerto,
desnuda para llorar
por el marinero muerto!

(Rafael Alberti. Del poema "Funerales", de Marinero en tierra)

L 28 de octubre de 1999 fallecía

en El Puerto de Santa María (Cádiz) el "más joven" de los poetas de la Generación del 27: Alberti había nacido en 1902; y su poesía, constantemente "joven", ha ido experimentando una permanente renovación a lo largo de su dilatada existencia, oscilando entre el neopopularismo de Marinero en tierra, el gongorismo de Cal y canto, el surrealismo de Sobre los ángeles, el compromiso político de El poeta en la calle...; y así, un largo etcétera de títulos que revelan una sorprendente capacidad poética para abordar una gran heterogeneidad de temas y estilos.
Alberti ya descansa -cuando se cumple el centenario de su nacimiento- en esa bahía gaditana que tanto ha añorado: a los quince años se trasladó con su familia a Madrid -hasta 1923 su actividad principal es la pintura, que cambiará pronto por el quehacer poético-; y, como consecuencia de la Guerra Civil, se exilo primero en Argentina -hasta 1962- y, después, en Italia -en Roma desarrolló tanto su vertiente creativa de pintor como de poeta-, hasta que en 1977 regresa definitivamente a España, sin que los avatares políticos, los cambios de residencia y el paso de los años en ningún momento hayan condicionado la continuidad de su labor poética y literaria. Sí; Alberti reposa para siempre en su mar gaditano: muchos años después de aquel retiro -por motivos de salud- en la sierra de Guadarrama (1923-1924), y en el que la nostalgia del mar le inspiró su primer libro orgánico de poemas -Marinero en tierra, Premio Nacional de Literatura, en 1925-, el poeta ha cumplido su deseo de compenetrarse físicamente con el mar: "¡Qué dulce el agua salada / con su salitre hecho cielo!", exclamaba el poeta en el poema "Desde alta mar", del citado libro.

Revisión global de la producción poética

Marinero en tierra refleja, en efecto, la nostalgia de Alberti de su Cádiz natal, añorado desde Madrid. Baste recordar un sencillo poema de esta obra para justificar el gran entusiasmo con que fue acogida por Juan Ramón Jiménez; obra en la que el propio Alberti reconoce la influencia de los poetas anónimos del Cancionero y Romancero españoles del XV:

Del barco que yo tuviera
serías la costurera.
Las jarcias, de seda fina;
de fina holanda, la vela.
-¿Y el hilo, marinerito?
-Un cabello de tus trenzas.

Los temas y las formas populares continúan en los siguientes libros: La amante (1925), El alba del alhelí (1926-1927). Y si con Cal y canto (1926-1927) Alberti rinde homenaje a Góngora y cultiva, además, los motivos de la vida moderna en una lírica claramente vanguardista, con Sobre los ángeles (1927-1928) logra una de las obras maestras de la poesía surrealista. A sus últimos años de su estancia en España previos al exilio corresponden varios libros de inspiración revolucionaria: El poeta en la calle (1931-1935), De un momento a otro (1934-1938), etc. En su exilio americano, Alberti sigue publicando libros de extraordinaria belleza lírica, muchos de los cuales revelan la nostalgia de su patria: Entre el clavel y la espada (1939-1940), Pleamar (1942-1944), A la pintura (1945-1947) -bellas glosas líricas de la obra de célebres pintores-, Retornos de lo vivo lejano (1948-1956), Coplas de Juan Panadero (1949-1953), Ora marítima (1953), Baladas y canciones del Paraná (1953-1954), etc. De su estancia en Italia sobresale la obra Roma, peligro para caminantes (1964-1967). Desde su regreso a España, Alberti publica varios libros, el mejor de los cuales tal vez sea Versos sueltos de cada día (1979-1982). Alberti es, asimismo, autor de un sugestivo libro de memorias -La arboleda pedida- y de algunas obras de teatro: El hombre deshabitado, El adefesio, etc.
Alberti se instala en San Rafael de Guadarrama -para recuperarse, en un sanatorio de la sierra madrileña, de una enfermedad pulmonar- durante los veranos de 1922 a 1924; y allí escribe los poemas de un libro inicialmente titulado Mar y tierra -y que, al publicarse, en 1925, tras obtener el Premio Nacional de Literatura, llamará Marinero en tierra-. El propio Alberti explica, en sus memorias -La arboleda perdida- la génesis de esta obra: "Como su nombre daba a entender, Mar y tierra se dividía en dos partes. La primera agrupaba los poemas debidos directamente a la serranía guadarrameña, junto a otros de diversa temática, y la segunda -que titulaba Marinero en tierra-, los que iba sacándome de mis nostalgias del mar de Cádiz, de sus esteros, sus barcos y salinas (...) Lejos andaba yo por aquellos días de toda injerencia o desorden ultraístico, persiguiendo una extremada sencillez, una línea melódica clara, precisa, algo de lo que Federico García Lorca había ya conseguido plenamente en su Baladilla de los tres ríos. Pero mi nueva lírica naciente no sólo se alimentaba de canciones. Abrevaba también en Garcilaso y Pedro Espinosa. (Góngora vendría luego) (...) A los ultraístas, que suponían una violenta y casi armada reacción contra las formas clásicas y románticas, escribir un soneto les habría parecido cometer algo peor que un crimen. Y eso hice yo, poeta al fin y al cabo más joven, libre, además de desconocido".

Añoranza del mar

El tema principal de la obra es la nostálgica añoranza del mar: el vivir tierra adentro desde los quince años ha creado en el espíritu del poeta un recuerdo imborrable de esa bahía de Cádiz que le vio nacer -y cuyas cenizas, con el correr de los años, albergará en su seno-, y que se difunde, con gran acierto, por la mayoría de los poemas, especialmente de los que integran la "segunda parte". Este tema principal -la actitud sentimental de Alberti frente al mar, de irreprimible añoranza- se articula en torno a una serie de "motivos marineros", que el propio poeta enuncia así -de nuevo, en sus memorias-: "Aquella novia apenas entrevista desde una azotea de mi lejana infancia portuense se me fue transformando en sirena hortelana, en labradora novia de vergeles y huertos submarinos. Empavesé los mástiles livianos de mis canciones con gallardetes y banderines de los colores más diversos. Mi libro comenzaba a ser una fiesta, una regata centelleante movida por los soles del sur (...) Me imaginé pirata, robador de auroras boreales por mares desconocidos. Entreví un toro azul -el de los mitos clásicos- por el arco perfecto de la bahía gaditana, a cuyas blancas márgenes, una noche remota de mi niñez, saliera yo a peinar la cauda luminosa del cometa Halley. Vi, soñé o inventé muchas pequeñas cosas más, sacadas todas de asquel pozo nostálgico, cada día más hondo, según me iba alejando de mi vida primera, tierra adentro".

Estructura de la obra

Componen el libro ciento dos poemas, que se agrupan en dos partes. La primera parte se divide en nueve secciones: "Sueño del marinero" (poema en tercetos encadenados que sirve como de prólogo a la obra), "Sonetos alejandrinos" (tres), "Sonetos" (diez, en versos endecasílabos), "El pino verde" (doce poemas), "Jardín de amores -macetas-" (5 poemas), "Los héroes" (tres poemas), "Nanas" (ocho poemas), "Tres poemas sueltos", y "Atlas" (siete poemas); y la segunda parte, que alcanza un total de cincuenta poemas, comprende tres secciones: la primera, integrada por veinticinco poemas; la segunda, constituida por tres sonetos de factura clásica: "Triduo de alba, sobre el Atlántico, en honor de la Virgen del Carmen"; y la tercera, que está compuesta por otros veintidós poemas.
La métrica empleada por Alberti constituye otro de los indiscutibles aciertos poéticos de Marinero en tierra. Los poemas son, por lo general, breves: entre cinco versos -como en el poema "Mi amante"- y hasta quince, aunque predominan los poemas de once, trece y quince versos; y solo en algunos casos se ronda o supera la treintena de versos: así sucede en "Sueño del marinero" -poema que encabeza la obra, formado por doce tercetos encadenados, con un total de treinta y siete versos-, y en la emotiva "Elegía del niño marinero" -compuesta por cuarenta versos, distribuidos en diez cuartetas-, y también en el poema que cierra el libro, "Funerales" -con otros veintiocho versos agrupados en siete cuartetas-. Las estrofas suelen constar de dos y cuatro versos, en la línea de la lírica primitiva de tipo tradicional, a la que también responden el uso de construcciones paralelísticas, de frecuentes estribillos -a modo de las "vueltas" de los villancicos-, y de glosas breves de versos tomados de fórmulas transmitidas por la tradición folclórica; todo lo cual confiere a los poemas un ritmo sencillo, muy adecuado para contribuir al logro de ese clima de afectividad y acendrado lirismo que se diluye por toda la obra. En cuanto a la rima, se emplea indistintamente la asonante y la consonante, y son muchos los poemas en los que, gracias a su adecuada distribución, se obtienen sorprendentes efectos musicales -por ejemplo, el titulado "Dondiego sin don"-. Y aunque el verso más usado es el octosílabo, son también frecuentes los heptasílabos, tetrasílabos, hexasílabos y eneasílabos; y no resulta inusual la heterometría en un mismo poema -por ejemplo, la combinación de versos de cuatro, seis, cinco, ocho, nueve y tres sílabas en el gracioso poema "¡A volar!", compuesto de quince versos, agrupados en tres conjuntos estróficos de cinco, siete y tres versos-.

Valoración crítica

De Marinero en tierra dijo Juan Ramón Jiménez: "Poesía popular, pero sin retorno innecesario: nueva; fresca y acabada a la vez; rendida, ágil, graciosa, parpadeante: andalucísima". Y es obra que revela la extraordinaria capacidad de Alberti para abordar la lírica popular, utilizando como cauce expresivo la graciosa métrica aprendida en los Cancioneros medievales y en Gil Vicente. Pero también es obra que anticipa algunos rasgos comunes a toda la futura poesía de Alberti: una gran destreza verbal, un sorprendente dominio de la forma -que le permite los más audaces virtuosismos técnicos con la mayor espontaneidad-; y una poderosa capacidad plástica y sensual que entronca con su pasión por la pintura. No es, por tanto, la poesía de Marinero en tierra fácil de construir técnicamente; porque bajo su apartente sencillez, late una depurada técnica literaria que logra hacerla cercana al lector, permitiéndole disfrutar de un fresco y tierno lirismo. Los poemas de Marinero en tierra podrían condensarse en uno solo, que simboliza el deseo del poeta de sumergirse en el puro mundo marino:

El rey del mar
Los marineros lo han visto
llorar por la borda, fiero.
¡Por las sirenas malditas,
matádmelo, marineros!
Que él quiere ser el rey del mar
y yo también quiero serlo.
¡Mis hombros de hombre de mar!
(Un manto de agua salada,
para vosotros, mis hombros).
¡Mi frente de rey del mar!
(Una corona de algas,
para ti, mi sola frente).

Propuesta de actividades

1. Setenta y cinco años después de haberse publicado Marinero en tierra, Alberti ha visto realizado uno de sus "anhelos marineros": sus cenizas han sido esparcidas en la misma bahía gaditana de la que "fue arrancado" siendo muy joven, para vivir "tierra adentro". Localizar el poema -dedicado a Rodolfo Halffter- en la que el poeta pide anhelantemente que, si su voz "muriera en tierra", fuera llevada "al nivel del mar"; y comentar los ingenuos materiales poéticos con los que ha construido Alberti una composición desprovista de dramatismo, a pesar de la temática que la inspira.
2. En la primera parte de Marinero en tierra, y bajo el título de "Nanas", se reúnen ocho ingenuos poemas. Recoger algunas "nanas" de la tradición popular y, una vez leídos los poemas de Alberti, comparar éstos con aquellas, desde el punto de vista formal.
3. Evocar -en una breve composición en prosa- las sensaciones y sentimientos que despierta el reencuentro con el mar, tras haber permanecido largo tiempo alejado de él.
4. Imitando el estilo de Alberti, componer un poema, en cuartetas octosilábicas, en el que se glose algún oficio relacionado con el mar, visto desde el espíritu ingenuo de un joven grumete.
5. Otros poetas de la Generación del 27, además de Alberti, han dedicado al mar -y también a la añoranza de su ausencia- bellos poemas. Recopilar una breve antología poética del 27, a base de poemas que tengan el mar como protagonista.
6. Las formas populares exhibidas por Alberti en Marinero en tierra tienen su continuidad en los poemas de La amante, que son fruto de un viaje que Alberti realiza por tierras de Castilla y por las provincias vascas; y en ellos recoge las impresiones que le causan los pueblos -más de un centenar- por los que pasa, así como sus gentes: cazadores, carreteros, leñadores, pastores, lavanderas... Son poemas muy breves -que no suelen sobrepasar los diez versos-, de gran sencillez estilística -sin adornos inútiles-, y que, en todo momento, rehúyen la interpretación más o menos filosófica de los paisajes y personas que va descubriendo. Entresacar los poemas "ubicados" en Peñaranda de Duero y comentar sus aciertos líricos.

 

arriba