Salamanca recibe en las Escuelas menores de la Universidad la memoria intelectual, espiritual y cultural de un hombre al que combatió desde sus aulas cuatro siglos atrás. La exposición "Erasmo y España" convierte así su recorrido en un homenaje y una restitución simbólica a este príncipe del humanismo.

Un hombre y un destino

Una exposición recuerda la influencia que Erasmo
ejerció en la España renacentista

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Hombre libre, inteligente y culto en una época que se eleva majestuosa en la historia humana como periodo de emancipación de los oscuros resortes de la sinrazón, Erasmo de Rotterdam es una figura consagrada en el olimpo intelectual de todos los hombres y mujeres que han hecho de la libertad de pensamiento y el respeto a las creencias ajenas sus máximas para la convivencia: sus ideas, sin la impronta radical que tuvieron hace más de 500 años, continúan arañando la certeza dictatorial que tienta eternamente a aquellos que llegan a ejercer un tipo de poder.
Pero es una sociedad sacralizada y dominada por el absolutismo de jerarcas y reyes, en la atmósfera paralizante y castradora de la Baja Edad Media, a la que Erasmo ofrece el nuevo papel que el ser humano debe adoptar ante su propio devenir; un papel que ya no debía ser pasivo, dependiente o aniquilador de su ser sino , y ante cualquier otro destino, libre, fuerte y creativo. Erasmo reivindicó, antes del nacimiento mismo de lo llamado Renacimiento, el renacer de la humanidad.
Este es el hombre y el personaje que Salamanca celebra en las huellas que sus ideas imprimieron en la España de los siglos XV y XVI. Unidos en el afán de conocimiento y búsqueda, la ciudad universitaria por excelencia de España y Erasmo confluyeron escasas veces en sus postulados, y jamás llegaron a encontrarse: Erasmo nunca llegó a estar en España. A pesar de las invitaciones de protectores y amigos; a pesar de la petición expresa del cardenal Cisneros; a pesar de haber sido preceptor del joven príncipe Carlos, Erasmo no pisó suelo peninsular y zanjó la cuestión con el famoso "Non placet Hispania". Pero, a pesar de ello, Erasmo fue respaldado, mimado y seguido en nuestro país como en pocos lugares de Europa: sus ideas consolidaron una de las más bellas y fructíferas épocas culturales y espirituales que España haya tenido jamás.

Huellas de un magisterio

Es este recorrido por las huellas de su influencia en nuestro país el que intenta recoger la muestra exhibida estos días en Salamanca, "Erasmo en España. La recepción del Humanismo en el primer Renacimiento español", organizada por el Servicio Cultural del Ministerio de Asuntos Exteriores, en el año de la capitalidad de Salamanca como Ciudad Europea de la Cultura. Con más de ciento cincuenta piezas, procedentes de museos e instituciones de toda Europa, la muestra está organizada en cinco grandes bloques que se inician con el capítulo dedicado a las relaciones entre España y Flandes consolidadas a través de las rutas comerciales, la presencia de artistas y coleccionistas de obra flamenca; y al matrimonio de los hijos de los reyes Católicos y del emperador Maximiliano que vino a reforzar la difusión de las ideas erasmistas.
El Erasmo poeta y retórico es abordado en el segundo apartado, con su extensión en el mundo de la universidad y la imprenta, y en la personalidad de sus grandes protectores y discípulos como Cisneros, Fonseca o Luis Vives. La tercera sección se centra en la labor de Erasmo como crítico social y cortesano, a través de sus obras más señeras y en compañía de los dibujos de Holbein, las obras del Bosco y la Utopía de Tomás Moro.
La Philosophia Christi se desarrolla en la cuarta parte al abordar el Erasmo teólogo y reformador de la Iglesia. La publicación de las obras de San Jerónimo y las ediciones del Nuevo Testamento son ejemplo de la renovación teológica propuesta por el humanista. Su crítica a las costumbres eclesiásticas y la polémica suscitada vienen documentadas con textos y retratos de los artífices. El último trama expositivo lo ocupa una reflexión sobre la existencia de un posible discurso estético erasmista. Algunos de sus retratos, realizados con extraordinario control de él mismo sobre el trabajo, reflejan su conciencia clara y sin vergüenza del decisivo papel que sus ideas y su vida iban a tener en la llegada a la mayoría de edad del ser humano.

 

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