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uso
del profesorado -y también del alumnado- con los que se pretende
facilitar a los adolescentes el conocimiento de obras literarias consideradas
clásicas -tanto en el ámbito de la literatura "intemporal"
como de la específicamente juvenil- son muy heterogéneos,
incluso en su propia denominación; heterogeneidad que responde,
de una parte, al nivel educativo y curso escolar en que se encuentran
unos alumnos que se van a enfrentar con unas determinadas obras que ya
disponen de sus correspondientes guías de lectura, provistas, además,
de actividades diseñadas precisamente para ellos; y, de otra parte,
a la inclusión de dichas obras en los currículos oficiales
con carácter normativo, pues al resultar así su lectura
-al menos teóricamente- obligatoria, los alumnos suelen presentar
algún trabajo monográfico con el que justificar el conocimiento
de las mismas.
Criterios
de clasificación
Podemos
clasificar estos materiales didácticos de acuerdo con tres criterios:
- Nivel educativo,
dentro del sistema escolar, de los alumnos que afrontan la lectura de
un determinado título, y que condiciona las características
técnicas y didácticas de su respectiva "guía
de lectura".
- Tipo de guía
propiamente dicho: "guía de lectura", exclusivamente;
propuesta de actividades -la tradicional "guía de ejercicios"-,
con sugerencias de respuestas más o menos explícitas;
y "guía de lectura" acompañada de un panel de
actividades de diferentes tipos.
- Carácter
autónomo de la "guía de lectura", en relación
con la obra de referencia; o inclusión de la "guía
de lectura" -más como apéndice que como introducción-
en un mismo volumen, junto con el propio libro de lectura.
Y
analizados con cierto detalle muchos de estos materiales didácticos,
tan dispares, que ciertas editoriales españolas -muchas de ellas
vinculadas a los libros de texto- ponen a disposición -fundamental
pero no exclusivamente- de los profesores, para que puedan orientar de
forma adecuada las lecturas que sus respectivos alumnos han de realizar
de determinadas obras de carácter literario y/o recreativo, observamos
con cierta preocupación que, en algunos de dichos "materiales
de apoyo" -si se enjuician desde una óptica estrictamente
pedagógica y con un cierto conocimiento de la realidad del aula-
se concentra tal cúmulo de torpezas, que nos llevan a dudar
de su eficacia, cuando no a calificar estos materiales, presuntamente
didácticos, de inútiles: torpezas -somos conscientes
del carácter peyorativo del vocablo usado- que nacen de un profundo
desconocimiento de la nueva realidad escolar, y que se traducen, en demasiada
ocasiones, en unos planteamientos metodológicos inadecuados, que
repercuten negativamente en la calidad de los citados materiales, que
poco aportan a profesores competentes y nada a alumnos con un nivel intelectual
aceptable.
Repárese,
no obstante, en el ámbito limitado de nuestra critica: nos referimos
sólo a algunos materiales, de los muchos existentes en el
mercado, y que -insistimos- enjuiciamos sólo desde un plano meramente
pedagógico. Queda, en todo caso, salvaguardado el merecido prestigio
del mundo editorial español. Porque al esfuerzo de muchos de nuestros
editores, empeñados en hacer asequible a cualquier persona el fenómeno
literario, y en esclarecerlo, para una comprensión más satisfactoria,
se debe, en buena parte, el fomento del hábito de la lectura entre
nuestros jóvenes, dentro y fuera de la escolarización obligatoria.
Cómo
deberían ser las "Guías de lectura"
Las
siguientes consideraciones -tras un cuarto de siglo de experiencia en
el mundo editorial y treinta y dos años de docencia ininterrumpida
en Institutos- no pretenden ser sino una reflexión en voz alta
acerca de las características que, según nuestro criterio,
debería ofrecer una "Guía didáctica de lectura"
de una obra considerada como "clásica" -pertenezca ya
al ámbito de la que hemos llamado literatura "intemporal",
ya al ámbito de la literatura juvenil, actual o no-, y destinada
a profesores que ejercen su labor docente con alumnos que cursan la Educación
Secundaria Obligatoria.
El "Libro
de lectura" del alumno y la correspondiente "Guía didáctica"
para uso del profesor han de estar concebidos como materiales independientes,
aunque complementarios. Por tal razón, las ediciones de -pongamos
por caso- El conde de Montecristo (Le comte de Monte-Cristo) y
de Quo vadis?, destinadas ambas a lectores adolescentes, solo deberían
incluir una breve "Introducción" que sirviera para situar
a Alexandre Dumas y a Henryk Sienkiewicz -respectivamente-, así
como a tales obras, en sus correspondientes contextos históricos
y literarios; pero excluirían una propuesta de actividades pensadas
para el aula. Dicha propuesta de actividades podría figurar, precisamente,
en la "Guía didáctica" destinada al profesor;
y se formularía de tal manera que sirviera de orientación
y apoyo a su labor educativa, para lograr, así, que el "Libro
de lectura" del alumno fuera un instrumento de mayor eficacia en
el aula. Semejante planteamiento es igualmente válido para títulos
más ajustados a los currículos normativos, como es el caso
de cualquier comedia de Lope de Vega -así, El perro del hortelano-
o de cualquier novela de Pérez Galdós -como, por ejemplo,
Marianela.
En una "Guía
didáctica de lectura" para profesores convendría que
estuvieran perfectamente diferenciadas las actividades destinadas a los
alumnos -que han de contar con las oportunas sugerencias de actuaciones
concretas del profesor, para hacer aquéllas más "pedagógicamente
rentables" desde el punto de vista educativo- de cualesquiera otras
informaciones dirigidas exclusivamente a profesores, y encaminadas a enriquecer
y actualizar sus conocimientos sobre una determinada obra y autor. O,
dicho con mayor claridad: habría de quedar nítidamente separado
en la "Guía didáctica de lectura" cuanto está
encaminado al aprendizaje de alumnos y aquellas otras actividades, orientaciones
y propuestas de trabajo que son competencia exclusiva de los profesores,
y a quienes corresponde su desarrollo.
La
"Guía" como instrumento de trabajo
Cualquier
"Guía didáctica de lectura" no puede ser considerada
como un producto terminal, sino como un instrumento de trabajo
abierto a las iniciativas de los profesores y, por tanto, favorecedor
de nuevas y variadas actividades de aprendizaje, diseñadas por
cada usuario en el contexto sociocultural en el que se desenvuelva. Por
consiguiente, quedan fuera de nuestra concepción de lo que debe
ser una "Guía didáctica de lectura" los siguientes
materiales:
El conjunto
de actividades que los alumnos realizan en el propio "Libro de lectura";
o bien aquellas que efectúan en un "Cuaderno de trabajo"
que acompaña al "Libro de lectura". Por lo general, estas
actividades -aunque existan excepciones dignas del mayor de los elogios-
adolecen de un mínimo de creatividad; no siempre conectan con los
intereses efectivos de los adolescentes; y suelen resultar reiterativas
y monótonas. No es de extrañar, por tanto, que los alumnos
que abordan la realización de tales actividades -condenados
a rellenar hojas y más hojas, en una tarea carente de la menor
significación educativa-, queden sumidos en en un aburrimiento
de tal magnitud, que incluso puede llevarles a desarrollar actitudes de
rechazo hacia la lectura. Por otra parte, tales actividades, a menudo,
favorecen la pasividad de un profesorado que debería poner sus
aptitudes y cualificación profesional -sus conocimientos y escala
de valores- al servicio de los adolescentes cuya educación integral,
en cierto modo, le ha sido confiada.
El memorándum
del profesor -todo un eufemismo, feliz y desdichado a un tiempo-,
en el que figuran realizadas cuantas actividades se proponen a los alumnos
en el "Libro de lectura". Este tipo de materiales -algunos de
ellos, más bien pocos, de indiscutible calidad, y con aportación
de sugerencias pedagógicas para abordar esas actividades- vienen
teniendo una gran aceptación entre amplios sectores del profesorado;
pero pueden contribuir a convertir en rutinaria la tarea educativa, especialmente
si el docente -cuya cualificación profesional, por otra parte,
nadie está poniendo en duda- no enriquece, desde su propia experiencia
de aula, las múltiples actividades escolares que se le ofrecen
ya resueltas, o bien reformula aquellas para adaptarlas a las situaciones
concretas que el contexto sociocultural de sus propios alumnos exige.
Las propuestas
de trabajo de una "Guía didáctica de lectura"
pensada para uso escolar deben rebasar el exclusivo marco histórico-literario
para, desde una perspectiva interdisciplinar, adentrarse en cualquier
área de conocimientos, así como en el mundo afectivo; camino
este que consideramos muy válido para contribuir a esa formación
integral de los educandos, a cuyo logro debemos estar abocados quienes
sentimos la docencia como algo más que una simple correa de transmisión
de conocimientos. <Quisiéramos recordar aquí -como de
pasada, pero en digresión necesaria- que son muchos los profesores
de Educación Secundaria que complementan la adquisición
de los contenidos curriculares de sus respectivas áreas y/o materias
con la lectura, por parte de sus alumnos, de fondos bibliográficos
que se enmarcan bajo la genérica denominación de "literatura
juvenil". Y así, hemos tenido ocasión de comprobar
que profesores de Ciencias Sociales, Geografía e Historia
-que imparten docencia en la ESO- han simultaneado la explicación
de contenidos curriculares relativos a la España de los Reyes Católicos
con la lectura, por parte de sus alumnos, de la obra de Concha López
Narváez El tiempo y la promesa (editorial Bruño,
colección "Altamar", núm. 39), novela histórica
en cuyo trasfondo se sitúa el Edicto de expulsión de los
judíos de España. E, igualmente, podemos atestiguar que
la lectura en el aula de la novela de Manuel Alfonseca Un rostro en
e1 tiempo (editorial Noguer, colección "Cuatro Vientos"),
obra que recrea ciertos episodios de la Revolución Francesa, ha
servido para despertar el interés de muchos escolares por conocer
este acontecimiento que ha marcado el curso de la historia contemporánea.
Y con la lectura de obras como Anne aquí, Sélima allí,
de Marie Féraud -buena conocedora de la realidad magrebí
y de los problemas de marginación y racismo que sufren los emigrantes-,
o como La aventura de Saíd -, de Josep Lorman -Saíd
es un joven marroquí que quiere abrirse camino en Barcelona-, algunos
profesores que han incorporado determinados temas transversales
a sus respectivos currículos -con objeto de ampliar la "simple
instrucción" a la "educación en valores cívicos"-,
han tenido ocasión de adentrar a los alumnos en esa grave enfermedad
social, de gran actualidad en Europa, llamada racismo, xenofobia y discriminación,
para que la condenen abiertamente. (La obra de Marie Féraud está
editada por Grupo Santillana, en Alfaguara Juvenil-Serie Roja; y la de
Josep Lorman, por SM, en la colección "Alerta roja",
con el número 4).
La "Guía
didáctica de lectura" ha de rehuir, obviamente, actividades
que no resulten adecuadas para su realización en el "entorno
del aula", así como aquellas otras que, por su elevado nivel
de complejidad, sitúen los logros que deben ser alcanzados por
los alumnos fuera de su alcance. En cambio, sí se recogerán
en la "Guía didáctica de lectura" -insistimos
una vez más- propuestas de trabajo, concebidas desde un ámbito
interdisciplinar, como estímulo para una atenta reflexión
sobre lo que se lee; actividades que, en todo momento, se adecuarán
a las características psicológicas que corresponden a las
edades de los lectores y a sus niveles efectivos de maduración
intelectual.
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