Tielmes
El pueblo de
convierte en museo
su vieja escuela rural

Los vecinos de esta localidad madrileña han aportado más de 3.000 objetos que recrean el ambiente de antaño

Más de 4.000 personas han visitado durante el último año el Museo de la Escuela Rural de Tielmes, un pequeño pueblo de Madrid que cuenta con 2.000 habitantes, muchos de los cuales han participado en esta iniciativa cediendo algunos de sus recuerdos más personales.
Los ex alumnos más veteranos,
muchos de ellos septuagenarios, de
esta singular escuela ocupan los pupitres donde aprendieron durante su infancia. (Fotos: Rafael Martínez)
 

Madrid. MARGARITA GIRON
El museo está ubicado en un antiguo edificio construido en el siglo XIX que hasta el año 1945 fue escuela de primeras letras, y posteriormente vivienda del maestro. Su rehabilitación comenzó en el año 2000 y se ha llevado a cabo respetando fielmente el modelo constructivo, y conservando todo lo originario posible en sus detalles y acabados.
Esta iniciativa ha costado 120.202 euros, de los que 24.040 han sido aportados por el Ayuntamiento y el resto por la Comunidad de Madrid y Aracove (Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de las Vegas).
El edificio consta de dos plantas, con fachada porticada y una galería balconada en madera, típica de la zona que se asoma a un patio delantero, que hacía las veces de lugar de recreo de los escolares del siglo pasado. En la planta baja se encuentran la cocina, el comedor y la escuela; mientras que en la alta se ubican los dormitorios.

Empresa colectiva

Todos los muebles y enseres de la casa, hasta un total de 3.000, desde los cacharros de cocina hasta las ropas y utensilios de decoración son de los vecinos de Tielmes, quienes respondieron masivamente a la llamada de su alcalde para que donasen o cediesen algunos de sus recuerdos más queridos. Se trata, por tanto, de la empresa colectiva de todo un pueblo que pretende enseñar cómo era la vida diaria de sus gentes en otros tiempos. Además, como toda escuela este museo pretende también, despertando las vivencias de los mayores, enseñar a los más jóvenes.
En este sentido, Rosa López, guía del museo, comenta: "cuanto viene gente mayor me sobra dar explicaciones, ellos reconocen perfectamente esta realidad, se identifican por completo con el ambiente y comienzan a recordar su infancia, hasta el punto que algunos se emocionan. Sin embargo, a los niños tengo que explicarles todo, porque se asombran de tanta austeridad, de que no hubiese juguetes, ni apenas material escolar."
Francisco Gallego tiene 74 años y ha sido cartero de Tielmes durante 30 años. Es uno de los antiguos alumnos de esta escuela, en la que aprendió "las cuatro reglas fundamentales y mis primeras letras", explica. "Entonces en la escuela pasábamos mucho frío, pese a que el maestro repartía leña a diestro y a siniestro. Eran tiempos muy distintos a los de ahora, en que los chiquillos tienen de todo, entonces lo que más teníamos eran piojos", recuerda Francisco.

Aprender del pasado

Todas las estancias de este museo evocan momentos del pasado: la cocina, con el fuego del hogar en torno al cual veían pasar los días; el lujoso comedor dispuesto para los momentos más celebrados; o los dormitorios del matrimonio, de los niños, y el del maestro con un pequeño despacho para su uso personal.
Es su condición de casa-escuela el hecho más singular de este museo que recupera de este modo la primitiva dedicación que tuvo. Los viejos pupitres, la mesa del maestro, el encerado y los mapas los guardaba el Ayuntamiento como reliquias del pasado. Los cuadernos, libros, enciclopedias, plumieres y carteras son los que usaban los antiguos alumnos de esta escuela, ahora vecinos jubilados de esta localidad madrileña.
Una de las peculiaridades de este museo son las pinturas de su fachada superior. Se trata de once soldados, un caballo y un cañón en parada militar, que fueron descubiertos durante el proceso de rehabilitación del edificio y que eran desconocidas incluso para los propios vecinos de Tielmes. Miembros de la Guardia Civil en posición de firmes, y otros pertenecientes a infantería desfilan precedidos por el tambor mayor, para rendir homenaje a un personaje que monta a caballo. Cierra el desfile un armón de artillería. Se desconoce el autor de estas pinturas, así como el motivo de su representación, sin embargo, el estudio de los uniformes de los soldados indican que corresponden a una fecha entre 1840 y 1860.
El Museo también acoge exposiciones temporales sobre diversos temas, todos ellos relacionados con la educación y la cultura. Puede ser visitado los viernes, sábados y domingos, y organizan visitas especiales para grupos de escolares.

 

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