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Madrid.
MARGARITA GIRON
El museo está
ubicado en un antiguo edificio construido en el siglo XIX que hasta el
año 1945 fue escuela de primeras letras, y posteriormente vivienda
del maestro. Su rehabilitación comenzó en el año
2000 y se ha llevado a cabo respetando fielmente el modelo constructivo,
y conservando todo lo originario posible en sus detalles y acabados.
Esta iniciativa
ha costado 120.202 euros, de los que 24.040 han sido aportados por el
Ayuntamiento y el resto por la Comunidad de Madrid y Aracove (Asociación
para el Desarrollo Rural de la Comarca de las Vegas).
El edificio
consta de dos plantas, con fachada porticada y una galería balconada
en madera, típica de la zona que se asoma a un patio delantero,
que hacía las veces de lugar de recreo de los escolares del siglo
pasado. En la planta baja se encuentran la cocina, el comedor y la escuela;
mientras que en la alta se ubican los dormitorios.
Empresa
colectiva
Todos
los muebles y enseres de la casa, hasta un total de 3.000, desde los cacharros
de cocina hasta las ropas y utensilios de decoración son de los
vecinos de Tielmes, quienes respondieron masivamente a la llamada de su
alcalde para que donasen o cediesen algunos de sus recuerdos más
queridos. Se trata, por tanto, de la empresa colectiva de todo un pueblo
que pretende enseñar cómo era la vida diaria de sus gentes
en otros tiempos. Además, como toda escuela este museo pretende
también, despertando las vivencias de los mayores, enseñar
a los más jóvenes.
En este sentido,
Rosa López, guía del museo, comenta: "cuanto viene
gente mayor me sobra dar explicaciones, ellos reconocen perfectamente
esta realidad, se identifican por completo con el ambiente y comienzan
a recordar su infancia, hasta el punto que algunos se emocionan. Sin embargo,
a los niños tengo que explicarles todo, porque se asombran de tanta
austeridad, de que no hubiese juguetes, ni apenas material escolar."
Francisco Gallego
tiene 74 años y ha sido cartero de Tielmes durante 30 años.
Es uno de los antiguos alumnos de esta escuela, en la que aprendió
"las cuatro reglas fundamentales y mis primeras letras", explica.
"Entonces en la escuela pasábamos mucho frío, pese
a que el maestro repartía leña a diestro y a siniestro.
Eran tiempos muy distintos a los de ahora, en que los chiquillos tienen
de todo, entonces lo que más teníamos eran piojos",
recuerda Francisco.
Aprender
del pasado
Todas
las estancias de este museo evocan momentos del pasado: la cocina, con
el fuego del hogar en torno al cual veían pasar los días;
el lujoso comedor dispuesto para los momentos más celebrados; o
los dormitorios del matrimonio, de los niños, y el del maestro
con un pequeño despacho para su uso personal.
Es su condición
de casa-escuela el hecho más singular de este museo que recupera
de este modo la primitiva dedicación que tuvo. Los viejos pupitres,
la mesa del maestro, el encerado y los mapas los guardaba el Ayuntamiento
como reliquias del pasado. Los cuadernos, libros, enciclopedias, plumieres
y carteras son los que usaban los antiguos alumnos de esta escuela, ahora
vecinos jubilados de esta localidad madrileña.
Una de las
peculiaridades de este museo son las pinturas de su fachada superior.
Se trata de once soldados, un caballo y un cañón en parada
militar, que fueron descubiertos durante el proceso de rehabilitación
del edificio y que eran desconocidas incluso para los propios vecinos
de Tielmes. Miembros de la Guardia Civil en posición de firmes,
y otros pertenecientes a infantería desfilan precedidos por el
tambor mayor, para rendir homenaje a un personaje que monta a caballo.
Cierra el desfile un armón de artillería. Se desconoce el
autor de estas pinturas, así como el motivo de su representación,
sin embargo, el estudio de los uniformes de los soldados indican que corresponden
a una fecha entre 1840 y 1860.
El Museo también
acoge exposiciones temporales sobre diversos temas, todos ellos relacionados
con la educación y la cultura. Puede ser visitado los viernes,
sábados y domingos, y organizan visitas especiales para grupos
de escolares.
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