Consagrado en vida en una Inglaterra conservadora y clasista, Turner es una personalidad extraordinariamente compleja que alumbra intelectualmente a la sociedad de la primera mitad
del siglo XIX al reconocer una vibración espiritual en la naturaleza y lograr trasladarla a la pintura.

La múltiple visión marina de Turner llega a España con una

selección de setenta de sus mejores obras

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Pocos hombres accedieron a los honores en vida que Turner consiguió en su Inglaterra natal y en la Europa de la primera mitad del siglo XIX. Hijo de barbero, a los doce años ya vendía a los clientes de su padre sus primeros dibujos fechados y firmados; en 1790, con quince años, es nombrado miembro de la prestigiosa Royal Academy Schools, institución en la que expondrá su primera acuarela, y a la que permanecerá vinculado durante toda su vida. Tres años después, la Society of Arts le concede el máximo galardón por sus dibujos de paisajes. Una veloz carrera que sólo acababa de comenzar.
Ensimismado, acaso huraño, Joseph Mallord William Turner supo encauzar su carrera a través de los escalones que podían darle libertad creativa; dedicó gran parte de su esfuerzo a sanear sus propias finanzas para poder dedicar su tiempo al estudio y experimento de la pintura; aceptó y amplió las diversas fuentes del pasado académico para volar en derroteros no sospechados por ningún creador hasta entonces; y, sobre todo, otorgó a la naturaleza una vibración espiritual no comunicada jamás a través de la pintura.
Una aproximación a lo que significaba su figura para sus contemporáneos es la apreciación que de él hacía el crítico y teórico John Ruskin en una carta escrita en 1846: "Los poderes del pensamiento de Turner y su combinación son tan extraños y vastos que siento como si hubiera un gran abismo entre él y yo"

Brillante y visionario

"Turner y el mar: Acuarelas de la Tate", la muestra que la Fundación Juan March exhibe en Madrid, trae a España muchas de las mejores obras que este brillante acuarelista realizó a lo largo de su vida sobre el mar, sus luces y sus atmósferas. Setenta obras, entre las que se encuentran dos óleos y nueve grabados, realizados entre 1795 y 1851, que han sido seleccionadas de entre los fondos que posee la Tate Gallery y que han sido estructuradas para mostrar la evolución creativa de este pintor: primeras obras, pinturas del estuario del Támesis, vistas pintorescas de la costa sur de Inglaterra, Puertos de Inglaterra, Liber Studiorum, ilustraciones para libros, acuarelas en papel azul, estudios en Margate y, por último, el cuaderno de apuntes de los balleneros.
Una visión única sin embargo es la que flota en todas y cada una de las obras que se exhiben. Es la mirada del hombre sobrecogido ante lo insondable de una naturaleza que llama en su contacto al lado menos banal del ser humano. Una naturaleza que roza la inmaterialidad espacial y se impregna de atmósfera y luz por primera vez en la historia de la pintura logrando comunicar imágenes mágicas de su extensa, compleja y fértil relación con la mar.