El autor del presente artículo nos ofrece un modelo propio para calibrar la potencia formativa del discurso educativo. La reflexión, el estudio y la experiencia le llevan a identificar cinco dimensiones canónicas del discurso: instructiva, afectiva, motivadora, social y ética, que han de estar convenientemente entreveradas. Las cinco dimensiones permiten establecer igualmente una tipología docente.

Discurso educativo y
tipología docente

Valentín Martínez Otero
Doctor en Psicología y Doctor en Pedagogía. Profesor de la Universidad Complutense y del Centro de Enseñanza Superior "Don Bosco"

A investigación sobre el discurso

en el aula está adquiriendo cada vez más relevancia en el seno de distintas disciplinas por ser una de las sendas que permiten avanzar en la comprensión del proceso de enseñanza-aprendizaje. Algunas de las ciencias que más influencia han tenido en el estudio del discurso son: la lingüística, la antropología, la sociología y la psicología. Nos hallamos, pues, ante un objeto de estudio en el que con frecuencia se produce una integración de saberes. El estudio del discurso es fundamental para ver en qué medida se puede mejorar la educación, aunque todavía queda mucho por investigar en este campo.
El discurso en el aula es praxis que posibilita la comunicación y la comprensión encaminada a la construcción de la identidad personal. A través del discurso el profesor proyecta su propia visión del mundo y orienta la trayectoria vital de los interlocutores. En este artículo ofrecemos un modelo original constituido por cinco dimensiones que permite calibrar la potencia educadora del discurso, enriquecer la comunicación y establecer una tipología del profesorado. Más, ¿qué entendemos por discurso? Vaya por delante que nos hallamos ante un término polisémico, sobre todo porque, como se dijo arriba, su análisis procede de diversas disciplinas que se interesan por aspectos distintos. Aquí se considera el discurso educativo preponderantemente como acción verbal personal y social inserta en una determinada coyuntura cultural. Adoptamos una perspectiva humanística, toda vez que nos interesa el discurso en cuanto praxis comunicativa encaminada a favorecer el crecimiento personal del educando.
En sentido restringido, se puede considerar el discurso como un conjunto de palabras y frases utilizadas para manifestar lo que se piensa o siente. Así contemplado, este entramado lingüístico permite expresar ideas, opiniones y estados afectivos en orden a facilitar el proceso de enseñanza-aprendizaje
La naturaleza del discurso es, sobre todo, verbal, aunque hay una constante conexión con las vertientes no verbal y paraverbal de la comunicación. Éste es precisamente el concepto de discurso (sentido extenso) que nos interesa aquí.
Aunque, en rigor, el discurso educativo comprende los libros de texto, las modalidades lingüísticas de las diversas disciplinas, los mensajes audiovisuales cada vez más presentes en contextos escolares, etc, nos centraremos fundamentalmente en la vertiente oral del mismo y, en concreto, en la acción hablada protagonizada por el profesor. El lenguaje docente, en cuanto herramienta educativa, puede promover el desarrollo intelectual, emocional, moral y social del educando, según los objetivos que persiga. El empleo diferencial del discurso en el aula, acaso consecuencia de la particular cosmovisión del docente, da lugar a diversas modalidades de relación profesor-alumno y genera variaciones significativas en la educación, pues lleva a enfatizar ciertas dimensiones en perjuicio de otras. El discurso condiciona la manera de conocer, de sentir y de vivir del educando. Como es cierto que una utilización perversa del discurso puede conducir a la manipulación del otro, su estudio y empleo siempre ha de ponerse al servicio de la aproximación de voces, del encuentro polifónico y de la formación.

La metáfora de la orquesta

Por lo mismo, propongo la metáfora de la orquesta para expresar lo que ha de suceder con el discurso en el aula. De acuerdo con este tropo, en el salón de clase hay un director (profesor) del proceso educativo para que los miembros (alumnos) interpreten sinfónicamente una obra (lección o tarea) con sus diversos instrumentos (cognitivos, afectivos y psicomotores). Esta composición armónica, oportunamente guiada por el docente y en la que se reconoce la singularidad y la pluralidad de voces, es la que hace crecer a todos los participantes. No se pretende en modo alguno legitimar el discurso del profesor porque sí, sino invocar su función orientadora y mediadora que facilita la construcción de la identidad del educando.
En primera aproximación, por tanto, entendemos por discurso educativo una secuencia coherente de enunciados que se pone al servicio de la formación personal. Por otra parte, el discurso cobra sentido si se ve de modo unitario; lo que no excluye que, en ciertos momentos, se deban analizar por separado sus distintos componentes. Hemos distinguido cinco funciones del discurso; no obstante, éstas han de verse como complementarias e integrantes de un todo. La pluridimensionalidad del discurso muestra que nos hallamos ante una realidad compleja, heterogénea y rica. Del predominio de una dimensión u otra depende, en gran medida, la caracterización del discurso.
El análisis del discurso exige tener en cuenta los distintos grados de patencia. Así, hay mensajes manifiestos, claramente perceptibles, cifrados sobre todo por medio del lenguaje. También hay mensajes latentes, difíciles de identificar y suelen transmitirse no verbal y paraverbalmente. Hay, por último, mensajes intermedios, esto es, semiexplícitos o semiocultos.
Otro aspecto trascendental del discurso es el relativo a su adecuación a los alumnos. El discurso del profesor ha de basarse en el profundo conocimiento de los educandos: grado de madurez, edad, necesidades, intereses, circunstancias, cultura y ritmo de aprendizaje.
Las consideraciones anteriores nos llevan a adentrarnos, a la luz de la semiología, en la sistematización de los indicadores correspondientes a cada una de las dimensiones del discurso.

Dimensión instructiva

Esta dimensión se alza sobre el dominio de la asignatura por parte del profesor, la formación científica sobre la materia que imparte y su preparación psicopedagógica. Se encamina sobre todo a la transmisión de contenidos. Cabe distinguir las siguientes propiedades:

  • Distribución expositiva.

  • Abundancia de conceptos.

  • Oraciones complejas.

  • Terminología técnica y científica, según las distintas materias o asignaturas.

  • Lenguaje claro y riguroso.

  • Predominio de la objetividad.

  • Inclusión de datos.

  • Repetición de ideas clave.

  • Sobresale la función representativa del lenguaje.

Dimensión afectiva

En la actualidad esta dimensión del discurso se cultiva poco y se reserva al primer tramo de la educación. Es preciso potenciar este aspecto en la institución escolar en los distintos niveles. Algunos indicadores del discurso afectivo del profesor son:

  • Diálogo con los alumnos.

  • Lenguaje personal favorecedor de la intersubjetividad.

  • Carece de homogeneidad.

  • Subjetividad, expresión de estados de ánimo y palabras de afecto y estímulo.

  • Incluye vocablos y giros coloquiales.

  • Valoraciones positivas sobre los alumnos.

  • Importancia de la comunicación no verbal: contacto visual con el alumno, murmullos y gestos de aprobación, sonrisa, proximidad física, etc.

  • Predomina la función expresiva.

Dimensión motivacional

En el ámbito escolar la motivación adquiere gran relevancia por ser uno de los factores que influyen en el aprendizaje eficaz. Algunos indicadores motivacionales del discurso son:

  • Presentación de contenidos nuevos.

  • Utilización de un discurso jerarquizado y coherente.

  • Poner ejemplos.

  • Modulación del habla: cambios de tono y ritmo.

  • El discurso es versátil y dinámico, ajustado al contexto.

  • Se generan situaciones heterogéneas: exposiciones, conversaciones, etc.

  • Lenguaje evocador, sugerente.

  • Es un lenguaje animado con imágenes y tropos. Estructura "artística".

  • Importancia de las pausas y los silencios.

  • Armonía entre elementos verbales y extraverbales.

  • Predomina la función fática (se orienta a mantener la comunicación con el educando por medio de un discurso atrayente).

Dimensión social

El discurso en el aula ha de ser esencialmente humanizador, lo que equivale a decir que debe favorecer el desarrollo personal y la vida en comunidad. Hemos identificado los siguientes indicadores:

  • Se busca la interacción en el aula a través de coloquios, debates, etc.

  • Se pretende la adhesión de los educandos por medio de argumentaciones.

  • Lenguaje con importante carga ideológica.

  • Se encamina a la reflexión crítica sobre la realidad.

  • Abundancia de términos abstractos, v. gr., justicia, solidaridad, etc.

  • Predominio de léxico "político".

  • Expresión de opiniones y de marcadores "culturales": informaciones, símbolos, valores, etc., que se comparten.

  • Discurso subjetivo orientado a persuadir.

  • Son frecuentes las exhortaciones.

  • Destaca la función conativa, encaminada a actuar sobre el comportamiento de los educandos.

Dimensión ética

La dimensión ética del discurso brota de la esencia misma del hecho educativo. Algunas características del discurso ético son:

  • Lenguaje doctrinal que busca la aplicación práctica.

  • Presencia considerable de términos abstractos.

  • Organización axiológica de la realidad.

  • Búsqueda de la objetividad y de la universalidad.

  • Se concede importancia al diálogo en el aula.

  • El discurso favorece las interacciones justas en el aula.

  • Contenidos morales.

  • Desarrollo del razonamiento moral, por medio de técnicas diversas: análisis de casos, discusiones, etc.

  • Práctica de acciones morales en el centro y en el aula, para favorecer la adquisición de hábitos positivos.

  • Función preceptiva del lenguaje.

Hemos inventariado las notas pertenecientes a cada dimensión discursiva desde la reflexión y la observación. Es indudable que nos queda por hacer un acercamiento experimental al fenómeno discursivo, aunque para mí tengo que cualquier aproximación en este sentido corre el riesgo, como ya ha ocurrido en más de una ocasión, de quedar descontextualizada. Sólo es posible comprender plenamente el discurso si se tiene en cuenta la situación natural en que acontece, esto es, el aula.
Por otro lado, es preciso señalar que a medida que el discurso docente reúna más dimensiones será más educativo. Por el contrario, cuantas menos dimensiones comprenda menos formativo será. A partir del modelo ofrecido establecemos una tipología del profesorado.

Tipología del profesorado

Vaya por delante que el profesor de una sola dimensión es tan impensable como la orquesta de un solo instrumento. Con todo, cuando sólo se alcanza un nivel satisfactorio en una de las dimensiones o, lo que es equivalente, si cuatro dimensiones son deficitarias nos hallamos ante un discurso claramente descompensado que permite establecer la taxonomía del profesorado que a continuación expondré. Los cinco tipos de profesor por mí identificados constituyen retratos docentes hiperbólicos. Puedo asegurar, sin embargo, que a lo largo de mi trayectoria académica he conocido a profesores que se aproximan llamativamente a las diversas categorías.

"Profesor-enseñante". Es un profesor con un discurso exclusivamente instructivo, esto es, orientado a la enseñanza. Se preocupa por ofrecer informaciones a sus alumnos, pero soslaya todos los aspectos afectivos, sociales, motivacionales y éticos. Es un tipo de docente tradicional que asume todo el protagonismo y que no favorece la interacción en el aula. Es un técnico que transmite contenidos a los escolares, pero se olvida de la dimensión humana.

"Profesor-progenitor". Predomina la vertiente emocional del discurso. Es el tipo de profesor que se interesa por los problemas y el desarrollo afectivo de sus alumnos, pero descuida los aspectos técnicos de la educación. Se desatiende la formación intelectual del educando. Aunque puede encontrarse en todos los niveles, se da con más frecuencia en los primeros tramos del sistema educativo. Naturalmente un ambiente presidido por la cordialidad en el que se promueva el desarrollo emocional del educando es necesario, pero sin que la educación se agote en el cultivo de la vertiente afectiva.

"Profesor-presentador". Es el profesor que busca ante todo atraer a sus alumnos. En casos extremos hallamos un docente con un discurso huero. Hay gran preocupación por la imagen, pero no se promueve la formación de los educandos, únicamente se les entretiene. La influencia de los mass media, en particular de la televisión, cada vez más conduce a los profesores a adoptar modos de obrar análogos a los presentadores de este medio. Y es que no son pocos los maestros que se quejan de que tienen que competir con los hombres y mujeres que aparecen en la pequeña pantalla si quieren mantener la motivación de los escolares.

"Profesor-político". Es el profesor cuyo discurso se orienta exclusivamente a "transformar" la realidad social. Es un auténtico propagandista de salón de clase que se encamina a ganar prosélitos para su opción ideológica o política. El aula le sirve de escenario para difundir su parcial cosmovisión. Se corre el riesgo de manipular. El discurso "político" es más explícito en la enseñanza secundaria y en la Universidad, aunque se sabe que también puede presentarse de forma sutil en los tramos iniciales del sistema educativo.

"Profesor-predicador". Es el profesor que sermonea a los escolares. A menudo reprende a los alumnos por su comportamiento dentro y fuera del aula. Trata de reformar las "malas costumbres" de los educandos por medio de moralina. Como sus enseñanzas son inoportunas, superficiales y falsas no forma a sus alumnos, aunque es posible que sigan su "código de conducta" por temor a los castigos.
Estos cinco tipos unidimensionales descritos son negativos porque la estructura discursiva está claramente desestabilizada. Si, por el contrario, se alcanza un nivel óptimo en las cinco vertientes hallamos una nueva modalidad de profesor:

"Profesor-educador". Es el profesor auténtico que promueve la formación integral de los alumnos. Cultiva las vertientes intelectual y ética. Este docente transmite informaciones rigurosas, afianza aptitudes, al tiempo que fomenta la adquisición de actitudes y valores positivos que se traduzcan en conductas congruentes. No se reduce su labor a la explicación a los alumnos, por más que la acción sobre la vertiente cognitiva del educando sea fundamental. La noción de "profesor-educador" implica atender todas las dimensiones de la vida personal. A partir de un ambiente de trabajo presidido por la cordialidad, la confianza y las relaciones personales, explica, enseña, motiva y orienta a sus alumnos, es decir, educa. El profesor-educador adopta una perspectiva dialógica que facilita el intercambio, así como el desarrollo de la personalidad de los participantes.

A modo de conclusiones

El discurso es una herramienta clave para la comprensión de la realidad educativa y, por tanto, su estudio se convierte en objetivo perentorio de la investigación psicopedagógica. La adopción de un enfoque hermenéutico, humanista y transformador nos lleva a considerar el discurso como un fenómeno susceptible de mejora. Ahora bien, para que tal enriquecimiento se produzca es menester identificar las dimensiones canónicas del discurso y sus efectos formativos. El discurso docente tiene carácter dialógico, acontece en un contexto socioeducativo y depende de un gran número de condicionamientos que complican su análisis. A pesar de la dificultad que comporta este tipo de investigación, hemos propuesto un modelo original para analizar el discurso del profesor en el aula a partir de cinco dimensiones interdependientes: instructiva, afectiva, motivadora, social y ética. Si se ha hecho esta división ha sido únicamente para facilitar la prospección. Resulta evidente que el discurso constituye un todo unitario encaminado a promover la formación del educando. Ello, empero, no impide la exploración de distintos aspectos que por separado ayudan a calibrar la potencia educadora del discurso. No se trata tanto de identificar los aspectos negativos, cuanto de favorecer que los profesores elaboren un discurso coherente, armónico y motivador que estimule, a un tiempo, el desarrollo cognitivo-intelectual y socio-afectivo de los alumnos.
Se ha ofrecido, igualmente, una tipología del profesorado que puede servir de referencia para la mejora de la labor docente.

 

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