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en
el aula está adquiriendo cada vez más relevancia en el seno
de distintas disciplinas por ser una de las sendas que permiten avanzar
en la comprensión del proceso de enseñanza-aprendizaje.
Algunas de las ciencias que más influencia han tenido en el estudio
del discurso son: la lingüística, la antropología,
la sociología y la psicología. Nos hallamos, pues, ante
un objeto de estudio en el que con frecuencia se produce una integración
de saberes. El estudio del discurso es fundamental para ver en qué
medida se puede mejorar la educación, aunque todavía queda
mucho por investigar en este campo.
El discurso
en el aula es praxis que posibilita la comunicación y la comprensión
encaminada a la construcción de la identidad personal. A través
del discurso el profesor proyecta su propia visión del mundo y
orienta la trayectoria vital de los interlocutores. En este artículo
ofrecemos un modelo original constituido por cinco dimensiones que permite
calibrar la potencia educadora del discurso, enriquecer la comunicación
y establecer una tipología del profesorado. Más, ¿qué
entendemos por discurso? Vaya por delante que nos hallamos ante un término
polisémico, sobre todo porque, como se dijo arriba, su análisis
procede de diversas disciplinas que se interesan por aspectos distintos.
Aquí se considera el discurso educativo preponderantemente como
acción verbal personal y social inserta en una determinada coyuntura
cultural. Adoptamos una perspectiva humanística, toda vez que nos
interesa el discurso en cuanto praxis comunicativa encaminada a favorecer
el crecimiento personal del educando.
En sentido
restringido, se puede considerar el discurso como un conjunto de palabras
y frases utilizadas para manifestar lo que se piensa o siente. Así
contemplado, este entramado lingüístico permite expresar ideas,
opiniones y estados afectivos en orden a facilitar el proceso de enseñanza-aprendizaje
La naturaleza
del discurso es, sobre todo, verbal, aunque hay una constante conexión
con las vertientes no verbal y paraverbal de la comunicación. Éste
es precisamente el concepto de discurso (sentido extenso) que nos interesa
aquí.
Aunque, en
rigor, el discurso educativo comprende los libros de texto, las modalidades
lingüísticas de las diversas disciplinas, los mensajes audiovisuales
cada vez más presentes en contextos escolares, etc, nos centraremos
fundamentalmente en la vertiente oral del mismo y, en concreto, en la
acción hablada protagonizada por el profesor. El lenguaje docente,
en cuanto herramienta educativa, puede promover el desarrollo intelectual,
emocional, moral y social del educando, según los objetivos que
persiga. El empleo diferencial del discurso en el aula, acaso consecuencia
de la particular cosmovisión del docente, da lugar a diversas modalidades
de relación profesor-alumno y genera variaciones significativas
en la educación, pues lleva a enfatizar ciertas dimensiones en
perjuicio de otras. El discurso condiciona la manera de conocer, de sentir
y de vivir del educando. Como es cierto que una utilización perversa
del discurso puede conducir a la manipulación del otro, su estudio
y empleo siempre ha de ponerse al servicio de la aproximación de
voces, del encuentro polifónico y de la formación.
La
metáfora de la orquesta
Por
lo mismo, propongo la metáfora de la orquesta para expresar
lo que ha de suceder con el discurso en el aula. De acuerdo con este tropo,
en el salón de clase hay un director (profesor) del proceso educativo
para que los miembros (alumnos) interpreten sinfónicamente una
obra (lección o tarea) con sus diversos instrumentos (cognitivos,
afectivos y psicomotores). Esta composición armónica, oportunamente
guiada por el docente y en la que se reconoce la singularidad y la pluralidad
de voces, es la que hace crecer a todos los participantes. No se pretende
en modo alguno legitimar el discurso del profesor porque sí, sino
invocar su función orientadora y mediadora que facilita la construcción
de la identidad del educando.
En primera
aproximación, por tanto, entendemos por discurso educativo una
secuencia coherente de enunciados que se pone al servicio de la formación
personal. Por otra parte, el discurso cobra sentido si se ve de modo unitario;
lo que no excluye que, en ciertos momentos, se deban analizar por separado
sus distintos componentes. Hemos distinguido cinco funciones del discurso;
no obstante, éstas han de verse como complementarias e integrantes
de un todo. La pluridimensionalidad del discurso muestra que nos hallamos
ante una realidad compleja, heterogénea y rica. Del predominio
de una dimensión u otra depende, en gran medida, la caracterización
del discurso.
El análisis
del discurso exige tener en cuenta los distintos grados de patencia. Así,
hay mensajes manifiestos, claramente perceptibles, cifrados sobre todo
por medio del lenguaje. También hay mensajes latentes, difíciles
de identificar y suelen transmitirse no verbal y paraverbalmente. Hay,
por último, mensajes intermedios, esto es, semiexplícitos
o semiocultos.
Otro aspecto
trascendental del discurso es el relativo a su adecuación a los
alumnos. El discurso del profesor ha de basarse en el profundo conocimiento
de los educandos: grado de madurez, edad, necesidades, intereses, circunstancias,
cultura y ritmo de aprendizaje.
Las consideraciones
anteriores nos llevan a adentrarnos, a la luz de la semiología,
en la sistematización de los indicadores correspondientes a cada
una de las dimensiones del discurso.
Dimensión
instructiva
Esta
dimensión se alza sobre el dominio de la asignatura por parte del
profesor, la formación científica sobre la materia que imparte
y su preparación psicopedagógica. Se encamina sobre todo
a la transmisión de contenidos. Cabe distinguir las siguientes
propiedades:
- Terminología
técnica y científica, según las distintas materias
o asignaturas.
- Lenguaje claro
y riguroso.
- Predominio de
la objetividad.
- Repetición
de ideas clave.
- Sobresale la función
representativa del lenguaje.
Dimensión
afectiva
En
la actualidad esta dimensión del discurso se cultiva poco y se
reserva al primer tramo de la educación. Es preciso potenciar este
aspecto en la institución escolar en los distintos niveles. Algunos
indicadores del discurso afectivo del profesor son:
- Lenguaje personal
favorecedor de la intersubjetividad.
- Subjetividad,
expresión de estados de ánimo y palabras de afecto y estímulo.
- Incluye vocablos
y giros coloquiales.
- Valoraciones positivas
sobre los alumnos.
- Importancia de
la comunicación no verbal: contacto visual con el alumno, murmullos
y gestos de aprobación, sonrisa, proximidad física, etc.
- Predomina la función
expresiva.
Dimensión
motivacional
En
el ámbito escolar la motivación adquiere gran relevancia
por ser uno de los factores que influyen en el aprendizaje eficaz. Algunos
indicadores motivacionales del discurso son:
- Presentación
de contenidos nuevos.
- Utilización
de un discurso jerarquizado y coherente.
- Modulación
del habla: cambios de tono y ritmo.
- El discurso es
versátil y dinámico, ajustado al contexto.
- Se generan situaciones
heterogéneas: exposiciones, conversaciones, etc.
- Lenguaje evocador,
sugerente.
- Es un lenguaje
animado con imágenes y tropos. Estructura "artística".
- Importancia de
las pausas y los silencios.
- Armonía
entre elementos verbales y extraverbales.
- Predomina la función
fática (se orienta a mantener la comunicación con el educando
por medio de un discurso atrayente).
Dimensión
social
El
discurso en el aula ha de ser esencialmente humanizador, lo que equivale
a decir que debe favorecer el desarrollo personal y la vida en comunidad.
Hemos identificado los siguientes indicadores:
- Se busca la interacción
en el aula a través de coloquios, debates, etc.
- Se pretende la
adhesión de los educandos por medio de argumentaciones.
- Lenguaje con importante
carga ideológica.
- Se encamina a
la reflexión crítica sobre la realidad.
- Abundancia de
términos abstractos, v. gr., justicia, solidaridad, etc.
- Predominio de
léxico "político".
- Expresión
de opiniones y de marcadores "culturales": informaciones,
símbolos, valores, etc., que se comparten.
- Discurso subjetivo
orientado a persuadir.
- Son frecuentes
las exhortaciones.
- Destaca la función
conativa, encaminada a actuar sobre el comportamiento de los educandos.
Dimensión
ética
La dimensión
ética del discurso brota de la esencia misma del hecho educativo.
Algunas características del discurso ético son:
- Lenguaje doctrinal
que busca la aplicación práctica.
- Presencia considerable
de términos abstractos.
- Organización
axiológica de la realidad.
- Búsqueda
de la objetividad y de la universalidad.
- Se concede importancia
al diálogo en el aula.
- El discurso favorece
las interacciones justas en el aula.
- Desarrollo del
razonamiento moral, por medio de técnicas diversas: análisis
de casos, discusiones, etc.
- Práctica
de acciones morales en el centro y en el aula, para favorecer la adquisición
de hábitos positivos.
- Función
preceptiva del lenguaje.
Hemos
inventariado las notas pertenecientes a cada dimensión discursiva
desde la reflexión y la observación. Es indudable que nos
queda por hacer un acercamiento experimental al fenómeno discursivo,
aunque para mí tengo que cualquier aproximación en este
sentido corre el riesgo, como ya ha ocurrido en más de una ocasión,
de quedar descontextualizada. Sólo es posible comprender plenamente
el discurso si se tiene en cuenta la situación natural en que acontece,
esto es, el aula.
Por otro lado,
es preciso señalar que a medida que el discurso docente reúna
más dimensiones será más educativo. Por el contrario,
cuantas menos dimensiones comprenda menos formativo será. A partir
del modelo ofrecido establecemos una tipología del profesorado.
Tipología
del profesorado
Vaya
por delante que el profesor de una sola dimensión es tan impensable
como la orquesta de un solo instrumento. Con todo, cuando sólo
se alcanza un nivel satisfactorio en una de las dimensiones o, lo que
es equivalente, si cuatro dimensiones son deficitarias nos hallamos ante
un discurso claramente descompensado que permite establecer la taxonomía
del profesorado que a continuación expondré. Los cinco tipos
de profesor por mí identificados constituyen retratos docentes
hiperbólicos. Puedo asegurar, sin embargo, que a lo largo de mi
trayectoria académica he conocido a profesores que se aproximan
llamativamente a las diversas categorías.
"Profesor-enseñante".
Es un profesor con un discurso exclusivamente instructivo, esto es,
orientado a la enseñanza. Se preocupa por ofrecer informaciones
a sus alumnos, pero soslaya todos los aspectos afectivos, sociales, motivacionales
y éticos. Es un tipo de docente tradicional que asume todo el protagonismo
y que no favorece la interacción en el aula. Es un técnico
que transmite contenidos a los escolares, pero se olvida de la dimensión
humana.
"Profesor-progenitor".
Predomina la vertiente emocional del discurso. Es el tipo de profesor
que se interesa por los problemas y el desarrollo afectivo de sus alumnos,
pero descuida los aspectos técnicos de la educación. Se
desatiende la formación intelectual del educando. Aunque puede
encontrarse en todos los niveles, se da con más frecuencia en los
primeros tramos del sistema educativo. Naturalmente un ambiente presidido
por la cordialidad en el que se promueva el desarrollo emocional del educando
es necesario, pero sin que la educación se agote en el cultivo
de la vertiente afectiva.
"Profesor-presentador".
Es el profesor que busca ante todo atraer a sus alumnos. En casos
extremos hallamos un docente con un discurso huero. Hay gran preocupación
por la imagen, pero no se promueve la formación de los educandos,
únicamente se les entretiene. La influencia de los mass media,
en particular de la televisión, cada vez más conduce a los
profesores a adoptar modos de obrar análogos a los presentadores
de este medio. Y es que no son pocos los maestros que se quejan de que
tienen que competir con los hombres y mujeres que aparecen en la pequeña
pantalla si quieren mantener la motivación de los escolares.
"Profesor-político".
Es el profesor cuyo discurso se orienta exclusivamente a "transformar"
la realidad social. Es un auténtico propagandista de salón
de clase que se encamina a ganar prosélitos para su opción
ideológica o política. El aula le sirve de escenario para
difundir su parcial cosmovisión. Se corre el riesgo de manipular.
El discurso "político" es más explícito
en la enseñanza secundaria y en la Universidad, aunque se sabe
que también puede presentarse de forma sutil en los tramos iniciales
del sistema educativo.
"Profesor-predicador".
Es el profesor que sermonea a los escolares. A menudo reprende a los
alumnos por su comportamiento dentro y fuera del aula. Trata de reformar
las "malas costumbres" de los educandos por medio de moralina.
Como sus enseñanzas son inoportunas, superficiales y falsas no
forma a sus alumnos, aunque es posible que sigan su "código
de conducta" por temor a los castigos.
Estos cinco
tipos unidimensionales descritos son negativos porque la estructura discursiva
está claramente desestabilizada. Si, por el contrario, se alcanza
un nivel óptimo en las cinco vertientes hallamos una nueva modalidad
de profesor:
"Profesor-educador".
Es el profesor auténtico que promueve la formación integral
de los alumnos. Cultiva las vertientes intelectual y ética. Este
docente transmite informaciones rigurosas, afianza aptitudes, al tiempo
que fomenta la adquisición de actitudes y valores positivos que
se traduzcan en conductas congruentes. No se reduce su labor a la explicación
a los alumnos, por más que la acción sobre la vertiente
cognitiva del educando sea fundamental. La noción de "profesor-educador"
implica atender todas las dimensiones de la vida personal. A partir de
un ambiente de trabajo presidido por la cordialidad, la confianza y las
relaciones personales, explica, enseña, motiva y orienta a sus
alumnos, es decir, educa. El profesor-educador adopta una perspectiva
dialógica que facilita el intercambio, así como el desarrollo
de la personalidad de los participantes.
A
modo de conclusiones
El
discurso es una herramienta clave para la comprensión de la realidad
educativa y, por tanto, su estudio se convierte en objetivo perentorio
de la investigación psicopedagógica. La adopción
de un enfoque hermenéutico, humanista y transformador nos lleva
a considerar el discurso como un fenómeno susceptible de mejora.
Ahora bien, para que tal enriquecimiento se produzca es menester identificar
las dimensiones canónicas del discurso y sus efectos formativos.
El discurso docente tiene carácter dialógico, acontece en
un contexto socioeducativo y depende de un gran número de condicionamientos
que complican su análisis. A pesar de la dificultad que comporta
este tipo de investigación, hemos propuesto un modelo original
para analizar el discurso del profesor en el aula a partir de cinco dimensiones
interdependientes: instructiva, afectiva, motivadora, social y ética.
Si se ha hecho esta división ha sido únicamente para facilitar
la prospección. Resulta evidente que el discurso constituye un
todo unitario encaminado a promover la formación del educando.
Ello, empero, no impide la exploración de distintos aspectos que
por separado ayudan a calibrar la potencia educadora del discurso. No
se trata tanto de identificar los aspectos negativos, cuanto de favorecer
que los profesores elaboren un discurso coherente, armónico y motivador
que estimule, a un tiempo, el desarrollo cognitivo-intelectual y socio-afectivo
de los alumnos.
Se ha ofrecido,
igualmente, una tipología del profesorado que puede servir de referencia
para la mejora de la labor docente.
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