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Niños de la calle

A lo largo de este mes de septiembre, diversos medios de comunicación colaboran en una campaña de concienciación sobre uno de los más graves problemas que afecta a países en vías de desarrollo, los "Niños de la calle".
Según los últimos datos, más de 100 millones de menores en todo el mundo, de los que 40 millones están América Latina, carecen de hogar y sobreviven en las calles de las grandes ciudades de los países más desfavorecidos. Víctimas de maltrato físico o psicológico y de explotación económica y sexual, muchos de ellos también son adictos a sustancias inhalantes, como el pegamento, ante la mirada indiferente de la sociedad y de las instituciones públicas.
Emisoras de radio y televisión difunden periódicamente espacios publicitarios que reflejan con crudeza las condiciones de vida de estos niños. Pero, al parecer, no es suficiente.
Por ello, la Fundación Codespa ha emprendido esta campaña de concienciación con la que pretende dar a conocer un problema acuciante y fomentar la solidaridad de los ciudadanos. Las actuaciones se concretan en la puesta en marcha de proyectos que mejoren su formación profesional y humana, así como el entorno social en el que viven. Esta ONG viene desarrollando, desde hace varios años, programas en Colombia, Venezuela y Marruecos.
Esperemos que estas iniciativas cuenten con el respaldo de organismos públicos y privados, además de la sociedad civil, para erradicar una situación que a todos debería avergonzarnos.

José Manuel Pérez del Cura
Majadahonda (Madrid).

 
   
 
   
Tu a Londres, yo a Melbourne

Olvidar un idioma es más fácil que aprenderlo. Si partimos de esta premisa, las vacaciones de verano pueden ser una excelente oportunidad para perfeccionar los conocimientos de lenguas extranjeras adquiridos a lo largo del curso. Pero lo difícil es elegir entre la amplia oferta de cursos, estancias y programas de inmersión lingüística que aparecen en medios de comunicación, en tablones de anuncios de las academias y diversas campañas publicitarias.
Como mis hijos ya son mayores y no dispongo de elevados recursos económicos, la mejor opción es que puedan simultanear el aprendizaje del idioma con un trabajo.
A la hora de programar su estancia, me enfrento a una serie de obstáculos para compatibilizar el horario laboral y el tiempo reservado al estudio.
Me han comentado que el punto débil de los españoles es la conversación, por lo que debo buscar un empleo de cara al público. En esta situación, mis chicos, al verse obligados a establecer un diálogo, deberán improvisar preguntas y respuestas.
En cuanto a la elección del destino, la gran demanda de viajes de estudios al extranjero ha terminado casi por saturar el mercado y resulta difícil no encontrar compatriotas en el extranjero. Para perfeccionar el inglés, los más demandados son Londres o Dublín, donde acude un gran número de estudiantes españoles, por lo que me arriesgo a que mis hijos se pasen el día conversando en español y no establezcan contacto con la población local. Otras alternativas serían Estados Unidos o Australia, pero el presupuesto no me alcanza para financiar un viaje tan largo.
Además, me parece conveniente reforzar el aprendizaje con la asistencia a una escuela. Según me he informado, existe gran variedad de centros de idiomas y academias con cursos prácticos de conversación y gramática, que imparten durante unas cuatro horas por la mañana, a grupos reducidos y por niveles de conocimientos.
El último aspecto importante es la elección del tipo de alojamiento: ¿residencia de estudiantes o familia?
Una vez recabada esta exhaustiva información, ahora me queda la complicada tarea de analizar todos los elementos que he expuesto y tomar la sublime decisión. Confío en concluir este laborioso proceso antes de que finalice el verano.

Lola Martínez del Campo
Madrid.

 

 
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