La capacidad de crear imágenes intensamente emo- tivas de una misma naturaleza fue la

Emoción y belleza

La muestra sobre Alfred Sisley descubre la maestría
y singularidad de este poeta del impresionismo

gran característica que redujo la resonancia de Alfred Sisley en
la escena impresionista. La muestra que estos días exhibe el Museo Thyssen-Bornemisza sobre su obra viene a demostrar que fue precisamente su singularidad expresiva y temática la que
le convirtió en el más importante de los maestros del movimiento.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
La exploración del mismo paisaje en condiciones climatológicas diversas y desde puntos de vista distintos fue el método elegido por el pintor anglo-francés Alfred Sisley para plasmar la diversidad de formas expresivas que puede adoptar todo lo que está vivo. A través de la luz, del ángulo de su mirada y de la nubosidad o nitidez del cielo, su pincel retrata algo que para el Impresionismo era la llave de una expresión artística: la emoción del creador ante la vida. Son sus palabras las que mejor describen esta simbiosis entre expresión y vida: "Sauces, viejos ribazos en descomposición, postes y muros de ladrillo cubiertos de musgo. Amo este tipo de cosas (...) Mientras pueda seguir trabajando, nunca dejaré de pintar esos lugares. Siempre me han encantado (...). Pintar no es más que otra palabra para decir sentir".
Sus obras, las que la muestra patrocinada por la Caja de Ahorros del Mediterráneo con la colaboración de la Presidencia española de la Unión Europea, "Alfred Sisley, poeta del impresionismo", ha reunido en las salas del museo Thyssen-Bornemisza, en Madrid, son el rotundo testimonio vital y artístico de un pintor y de un hombre que tuvo la valentía de cambiar las normas que sustentaban su propio credo pictórico, el que heredó de Corot, Rousseau, Daubigny o Coubert, los grandes paisajistas que le enseñaron en sus primeros pasos en la pintura y también nutrieron en su progresivo amor a la naturaleza.

Esencia y evolución

El recorrido que nos propone esta gran muestra sobre el menos difundido de los maestros impresionistas se inicia con tres de los pocos lienzos que se conservan de la década de 1860-1870, sus años de formación, en los tiene un crucial encuentro con Renoir y Monet. Son el punto inicial de una larga y prolífica trayectoria artística de la que esta exposición logra reflejar la esencia de sus diferentes etapas, muy determinadas por los paisajes que Sisley llevó al lienzo: 1870-1874, Argenteuil, Villeneuve-la-Garenne, Louveciennes, Bougival; 1874-1877, Hampton Court, marly-le-Roi, Port-Marly-Inundaciones; 1877-1880, Sêvres; 1880-1895, Los alrededores de Moret-sur-Loring-By, Veneux-Nadou, Les Sablons, Saint-Mammès y, por último, 1896-1899, Gales, Moret-sur-Loing.
Las más de setenta obras que integran los diferentes apartados temáticos con que se estructura esta muestra se hermanan en la pincelada corta y delicada, los colores claros y luminosos, la poderosa manera en que son atrapados los efectos de la luz y de la atmósfera sobre el paisaje:
Son una interpretación del paisaje como algo profundamente sentido e íntimamente conocido. Y a través de sus múltiples variantes este singular y prodigioso artista nos legó el testimonio impresionista de la naturaleza viva.

 

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