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Con
carbón o con tierra suelta, con lápiz de grafito o con tintas, con sanguina
y colores elaborados, el dibujo ha sido una constante en la expresión del
ser humano. Sus líneas y manchas han comunicado el sentir de épocas y sensibilidades.
Una selección de grandes obras del dibujo europeo de los siglos XVI, XVII
y XVIII muestran su fuerza y maestría en el Museo del Prado.
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Madrid.
JULIA FERNANDEZ
Utilizado como una fase preparatoria de la escultura, la arquitectura,
el grabado o la obra pictórica, el dibujo ha tenido en sí
mismo un papel decisivo en la historia artística de la humanidad.
Creadores de todos los tiempos han visto en su inmediatez la manera más
espontánea de comunicar su arte, plasmando ideas e imágenes
que no necesitaban más que de la línea y la mancha para
ser expresadas en todo su esplendor. Es la desnudez máxima plástica
y la más sincera manifestación de la pulsión creativa
en cualquier cultura de la historia del ser humano.
Son estas cualidades
del dibujo las que siempre han comprendido algunos críticos de
arte y coleccionistas, que alejados de modas y tendencias continuaron
fomentando con su interés la creación en este medio expresivo.
Su labor está en la base de todas las grandes colecciones conservadas
a través de los siglos en instituciones públicas o privadas.
Grandes
tesoros
Estas
colecciones son las canteras de las que parte la muestra "Dibujos
de los maestros europeos en las colecciones portuguesas" que
estos días exhibe el Museo del Prado en Madrid. Una selección
de setenta y ocho obras entre los que se incluyen dibujos de artistas
tan celebrados como Leonardo da Vinci, Correggio, Luca Giordano, Tiepolo,
Durero, Van Dyck, Poussin y Watteau, entre muchos otros. Una ocasión
única de conocer no sólo piezas poco o nada difundidas de
estos creadores sino, sobre todo, la visión portuguesa de este
arte expresivo a lo largo de tres siglos. Comisariada por Nicholas Turner,
uno de los más prestigiosos expertos mundiales en dibujos italianos,
la muestra recoge los más selectos dibujos del Museo de Arte Antiga
de Lisboa, el Museo Gulbenkian, la Facultad de Bellas Artes de Oporto
y la antigua biblioteca del Palacio Real.
Con más
de la mitad de la exposición dedicada a los maestros italianos,
el recorrido es iniciado con un Nacimiento de la Virgen de Perugino y
un apunte titulado "Muchacho lavando los pies a un niño" atribuido
a Leonardo. Ellos son los que dan paso a una larguísima lista de
grandes autores y obras que dibujan de forma colectiva los estilos y hallazgos
de tres siglos fundamentales en la historia del arte.
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