En este artículo, su autor toma como referencia una investigación propia realizada con alumnos adolescentes y explora algunas de las causas psicológicas (personalidad, intereses profesionales e inteligencia), pedagógicas (hábitos y técnicas de estudio), y sociales (clima del centro educativo y de la familia) que influyen en el éxito y el fracaso escolar en la enseñanza secundaria. Los hallazgos permiten extraer trascendentes conclusiones para la mejora de la educación.

 

Claves del rendimiento escolar

Valentín Martínez-Otero Pérez
Doctor en Psicología y Pedagogía. Profesor de la Universidad Complutense de Madrid y del Centro Universitario "Don Bosco".

 l rendimiento escolar es objeto

de permanente preocupación, lo cual no resulta sorprendente si se tienen presentes los datos que de vez en cuando se publican sobre las altas tasas de fracaso y abandono de los alumnos españoles. Más allá de las cifras oficiales, nos encontramos con que el llamado "fracaso escolar" comporta una dramática realidad humana que afecta a alumnos, padres, profesores y, por ende, al conjunto de la sociedad.
Aunque son numerosas las publicaciones sobre el tema que nos ocupa, en este artículo nos proponemos avanzar en el conocimiento de algunos condicionantes del éxito y del fracaso escolar en la enseñanza secundaria. Para alcanzar este objetivo comenzamos definiendo el rendimiento académico como "el producto que da el alumnado en los centros de enseñanza y que habitualmente se expresa a través de las calificaciones escolares". Naturalmente, también podríamos hablar de rendimiento del profesorado, de rendimiento de los recursos didácticos y aún de rendimiento del sistema educativo. Ahora bien, dada la complejidad y extensión del asunto centramos la prospección en los alumnos adolescentes.
La definición anterior pone énfasis en los resultados y es bien cierto que la educación ha de atender sobre todo a los procesos, más nos guste o no "las notas" constituyen objeto de general inquietud, a la par que son indicadores oficiales del rendimiento. El hecho de considerar las calificaciones escolares como expresión del rendimiento académico acaso también resulte relativo si pensamos que no hay un criterio único para todos los centros, cursos, asignaturas ni profesores. A pesar de las limitaciones de las calificaciones, por el momento son los indicadores más invocados del rendimiento académico, sin que ello suponga aquiescencia por nuestra parte.

Condicionantes del rendimiento académico

A continuación y tomando como base una investigación propia (Los adolescentes ante el estudio, Martínez-Otero 1997) se describen resumidamente algunos de los factores que influyen en el rendimiento académico en la enseñanza secundaria. Para facilitar la exposición se analizan los distintos condicionantes por separado, mas no hay que olvidar, que el rendimiento escolar depende, en mayor o menor grado, de numerosas variables que configuran una enmarañada red en la que es muy difícil calibrar la incidencia específica de cada una.

Inteligencia

Aunque la mayor parte de las investigaciones encuentran que hay correlaciones positivas entre factores intelectuales y rendimiento, es preciso matizar que los resultados en los tests de inteligencia o aptitudes no explican por sí mismos el éxito o fracaso escolar, sino más bien las diferentes posibilidades de aprendizaje que del alumno. Como es sabido, hay alumnos que obtienen altas puntuaciones en las tradicionales pruebas de cociente intelectual y cuyos resultados escolares no son especialmente brillantes, incluso en algunos casos son negativos. Para explicar esta situación o la inversa (escolares con bajas puntuaciones y alto rendimiento) hay que apelar a otros aspectos, v. gr., la personalidad o la motivación. Cuando se consideran estos factores las predicciones sobre el rendimiento académico mejoran.
Entre las variables intelectuales, la que tiene mayor capacidad predictiva del rendimiento académico es la aptitud verbal (comprensión y fluidez oral y escrita). La competencia lingüística influye considerablemente en los resultados escolares, dado que el componente verbal desempeña una relevante función en el aprendizaje. Tampoco debe soslayarse que todo profesor, consciente o inconscientemente, al evaluar tiene muy en cuenta cómo se expresan sus alumnos.

Personalidad

Durante la adolescencia acontecen notables transformaciones físicas y psicológicas que pueden afectar al rendimiento. Los profesores han de estar preparados para canalizar positivamente estos cambios. Sea como fuere, cabe afirmar que la perseverancia, en cuanto rasgo de personalidad, ayuda a obtener buenos resultados. Asimismo, se confirma la idea de los autores que sostienen que durante el bachillerato suelen tener calificaciones más elevadas los estudiantes introvertidos que los extravertidos, quizá porque se concentran mejor.
La formación de los educadores ha de permitir contrarrestar las turbulencias de los adolescentes, lo que equivale a brindarles apoyo, confianza y seguridad, tan necesarios para el despliegue saludable y fecundo de la personalidad.

Hábitos y técnicas de estudio

Es necesario que los alumnos estén motivados y que rentabilicen el esfuerzo que conlleva el estudio. Los hábitos (prácticas constantes de las mismas actividades) no se deben confundir con las técnicas (procedimientos o recursos). Unos y otras, sin embargo, coadyuvan a la eficacia del estudio. De un lado, el hábito de estudio es necesario si se quiere progresar en el aprendizaje. De otro, conviene sacar el máximo provecho a la energía que requiere la práctica intencional e intensiva del estudio por medio de unas técnicas adecuadas.
Hemos comprobado que los hábitos y técnicas de estudio tienen gran poder predictivo del rendimiento académico, mayor incluso que las aptitudes intelectuales. Las dimensiones con más capacidad de pronosticar los resultados escolares son las condiciones ambientales y la planificación del estudio. En efecto, el rendimiento intelectual depende en gran medida del entorno en que se estudia. La iluminación, la temperatura, la ventilación, el ruido o el silencio, al igual que el mobiliario, son algunos de los factores que influyen en el estado del organismo, así como en la concentración del estudiante.
Igualmente importante es la planificación del estudio, sobre todo en lo que se refiere a la organización y a la confección de un horario que permita ahorrar tiempo, energías y distribuir las tareas sin que haya que renunciar a otras actividades. Las modalidades de planificación (a corto, medio y largo plazo) constituyen partes diferenciadas de un único plan de trabajo académico que el alumno ha de concebir racionalmente y que invita a pensar de forma global, es decir, sobre todo el curso, con objeto de mejorar la actuación cotidiana en función de las demandas próximas. Sólo si se dispone de un mapa organizativo general se puede ser eficaz en el diseño y cumplimiento de las acciones concretas.

Intereses profesionales

Resulta evidente que la toma de decisión sobre la elección de profesión es una de las más trascendentes en la vida, porque en gran medida determina cómo se invertirá el tiempo, quiénes serán los compañeros, cuál será el sueldo, etc. El empleo debe contribuir al desarrollo de la persona y la carencia de ocupación tiene en la mayor parte de los casos efectos totalmente adversos para los sujetos y la sociedad en su conjunto.
Los adolescentes se hallan en una encrucijada, pues se tienen que plantear si siguen estudiando o si se ponen a trabajar. En ambos casos el abanico de posibilidades se abre y hay que elegir adecuadamente. Estas "decisiones" hacen necesaria en los centros escolares la presencia de profesionales dedicados a tareas de orientación y asesoramiento vocacional y laboral. Viene bien recordar que ya Juan Huarte de San Juan en su Examen de ingenios para las ciencias (1575) realiza un estudio "científico" de los tipos de inteligencia con la intención de orientar hacia la especialización profesional según la naturaleza de cada cual. Para Huarte, la inadecuada "selección profesional" que se realiza en su época origina la mayor parte de los problemas sociales que denuncia.
En cuanto a la relación de la dimensión que analizamos con el rendimiento académico se comprueba que los intereses vocacionales-profesionales tienen escaso poder predictivo de los resultados escolares, quizá porque las puntuaciones en intereses tienen, en general, poca estabilidad en la educación secundaria y se consolidan a partir de los dieciocho años. Asimismo, hemos comprobado que los alumnos de rendimiento académico alto se interesan más por el área científica que los escolares de rendimiento medio y bajo.

Clima social escolar

El clima escolar depende de la cohesión, la comunicación, la cooperación, la autonomía, la organización y, por supuesto, del estilo de dirección docente. En general, el tipo de profesor dialogante y cercano a los alumnos es el que más contribuye al logro de resultados positivos y a la creación de un escenario de formación presidido por la cordialidad.
Se puede pronosticar un mejor rendimiento académico a los alumnos que trabajan en un ambiente presidido por normas claras y en el que se promueve la cooperación, sin desatender el trabajo autónomo. Así pues, se confirma la idea de que el establecimiento y seguimiento de normas claras y el conocimiento por parte de los alumnos de las consecuencias de su incumplimiento, ejerce una influencia positiva sobre el rendimiento. Asimismo, se apoya la opinión de los investigadores que no son partidarios de las estructuras de aprendizaje de tipo competitivo. Por el contrario, la cooperación entre alumnos, además de favorecer el rendimiento académico, genera relaciones personales positivas entre ellos.

Ambiente familiar

El clima familiar influye considerablemente en el educando tanto por las relaciones que se establecen en el hogar, como por los estímulos intelectuales, culturales, etc. que se brindan, así como por la forma de ocupar el tiempo libre. La familia es la institución natural más importante en la formación.
En nuestra investigación se ha comprobado que las actividades sociales y recreativas de la familia constituyen un buen indicador de la influencia que esta institución ejerce sobre el rendimiento escolar del alumno. Esto quiere decir que es beneficioso utilizar racionalmente el tiempo libre, de forma que se combine la formación y la diversión. Desde esta perspectiva, por ejemplo, no sería recomendable pasar varias horas cada día ante el televisor y sí resulta apropiado, en cambio, practicar deporte, acudir al teatro y al cine, apreciar el arte, leer, realizar excursiones, integrarse en grupos prosociales, etc. Este tipo de actividades estimuladas por un ambiente familiar genuinamente cultural-educativo ensanchan los horizontes intelectuales y personales y, por ende, coadyuvan a mejorar el rendimiento académico.

Conclusiones

El rendimiento académico en los distintos niveles educativos es el resultado de una constelación de factores. Pese a los numerosos estudios sobre el tema, permanecen las incógnitas y dificultades del sistema educativo, en general, y de los educadores, en particular, a la hora de erradicar el elevado fracaso escolar.
En este artículo se han descrito sumariamente algunos condicionantes del rendimiento escolar en la adolescencia. Aunque se analizan algunos relevantes factores, evidentemente no se abarcan todos. También se podía haber calibrado, por ejemplo, la influencia del tipo de centro (público o privado), el carácter religioso o laico del mismo, el género, la metodología, etc. A decir verdad, los factores que inciden en el rendimiento son numerosos y, como se dijo arriba, constituyen una intrincada malla. En cualquier caso, una taxonomía apropiada para acercarse al fenómeno que nos ocupa ha de permitir reconocer entreveradamente tres grupos de condicionantes: 1) psicológicos (rasgos de personalidad, aptitudes intelectuales, etc.), 2) pedagógicos (hábitos y técnicas de estudio, estilos de enseñanza-aprendizaje, etc.), y 3) sociales (ambiente familiar y escolar, mass media, etc.).
Si partiendo de los condicionantes analizados en el artículo tuviésemos que reflejar por medio de una ecuación el perfil de un alumno con alto rendimiento académico, dicha expresión estaría integrada por los siguientes valores: buena aptitud verbal, perseverancia, hábito de estudiar y dominio de técnicas, intereses científicos, organización e integración en el centro escolar, ocupación saludable del tiempo libre y apoyo familiar. Naturalmente esta fórmula tiene carácter orientativo y general, de ahí la necesidad de valorar de modo personalizado cada caso concreto.
Las variables analizadas ofrecen una panorámica de las causas del rendimiento escolar en la adolescencia, al tiempo que ofrecen claves para optimizar la actuación profesional. A fin de cuentas, entre todos debemos mejorar el proceso perfectivo de los educandos. Cuando se mejoran las condiciones educativas muchos alumnos transitan del fracaso al éxito.


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