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La
reforma de la FP debe derivar hacia un sistema que
promueva una formación integral, busque la igualdad de oportunidades, y se adapte
a las nuevas exigencias tecnológicas
y a las demandas del mercado laboral, según las propuestas de
un grupo de expertos vinculados a la FERE. Y todo ello tomando como referencia
el entorno de la Unión Europea. |
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Un
colectivo de expertos plantean un debate para conseguir una FP vinculada
al mercado laboral y la realidad europea
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Madrid.
G. A.
La Federación Española de Religiosos de Enseñanza
(FERE) ha presentado el documento "Por una Formación más
Profesional", con el que pretende "poner sobre la mesa de
debate algunas cuestiones claves para fomentar la calidad y el desarrollo
de esta enseñanza". Esta iniciativa tiene una especial relevancia
al coincidir con el trámite parlamentario del proyecto de Ley de
FP. Y es el resultado de un año de trabajo de un grupo de expertos
que integran el "Foro FP", promovido por la FERE tras un congreso
celebrado en marzo de 2000.
El profesor
Ángel Miranda ha revelado públicamente las líneas
maestras del documento, centradas en la imagen pública de la FP;
las relaciones entre la FP reglada, ocupacional y continua; la acreditación
y certificación de las competencias profesionales; los criterios
para el diseño de los perfiles profesionales que demanda el mercado
laboral; y las exigencias formativas que se reclaman desde el ámbito
del empleo, que inciden plenamente en el desarrollo curricular de las
diferentes acciones de formación. Y todo desde la perspectiva de
conseguir "una formación más profesional, no una mejor
Formación Profesional". Y también "una formación
integral de las personas y de los trabajos".
Según
Ángel Miranda, la FP actual soporta problemas como "la falta
de apoyo a la formación del profesorado", su dependencia de
"las políticas predominantes en cada momento", o su consideración
casi exclusivamente como "una solución más al desempleo"
y no como un instrumento para "formar personas". Por ello, opina
que la reforma de la FP tiene que basarse en la idea de que ésta
debe ser "un instrumento básico de desarrollo local y regional".
Y tiene que tener en cuenta que, aunque en la actualidad "la voz
cantante la lleva la escuela, en el futuro será la empresa la que
pida los perfiles de los trabajadores, y se pasará del objetivo
de aprender al de aprender a aprender".
Estabilidad
El
documento plantea el debate en torno a cuatro temas fundamentales: crear
un sistema nacional de FP, reflexionar sobre la imagen social de ésta,
establecer una pedagogía y una metodología específicas
para estas enseñanzas, y concretar todo ello en el entorno de la
Unión Europea. Porque para los miembros del Foro un elemento previo
a cualquier otro es "la creación y puesta en marcha de un
sistema de FP que cuente con una estabilidad suficiente, más allá
de los vaivenes políticos, económicos o socio-laborales".
Un sistema que promueva "la formación integral de las personas",
busque la "igualdad de oportunidades" y luche contra "la
exclusión de grupos o colectivos más desfavorecidos",
y se adapte a "las nuevas exigencias tecnológicas".
También
destacan "la importancia de superar el enfoque social negativo de
la FP", y potenciar su dimensión social "como instrumento
demostradamente eficaz de recuperación personal, social y laboral
de muchos jóvenes en dificultad". Resaltan la necesidad de
fomentar la orientación escolar y profesional de los jóvenes,
y apoyar al profesorado en su formación continua y en la investigación
pedagógica, metodológica y técnica; la revisión
de los contenidos de los ciclos. Y plantean la implantación de
"una carrera profesional en la que sea posible un paso natural del
grado medio al superior y, después, a la universidad, como un proceso
normal de crecimiento personal y profesional".
Por último,
el documento recomienda el establecimiento de acuerdos y fórmulas
de cooperación entre los centros docentes y las empresas, y la
implicación de los agentes sociales "en el reconocimiento
de las cualificaciones profesionales y en el establecimiento de los criterios
de evaluación". Pero teniendo siempre en cuenta "el fenómeno
de la internacionalización de la formación", y la necesidad
de que "los sistemas educativos consideren los proyectos transnacionales
de movilidad e intercambio como una parte integrante del currículo".
Unos sistemas, en definitiva, que puedan formar personas capaces de dar
respuestas de calidad y diferenciadas a las múltiples exigencias
del mundo del trabajo actual y, sobre todo, de la evolución tecnológica,
laboral y social en que nos vemos inmersos".
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