Los jóvenes comparten similares valores que los adultos, pero son más proclives al prag- matismo, la aventura y la búsqueda de beneficios personales,
a causa de un menor sentido del riesgo
y la responsabilidad.
(Foto: Rafael Martínez)
La FAD publica un estudio sobre la relación entre diversos "valores sociales" y la drogadicción

Educación temprana contra las drogas

La educación en valores desde edades muy tempranas es imprescindible para prevenir conductas problemáticas
en la juventud, según un estudio de la FAD que demuestra la
relación entre el consumo de drogas y pautas de comportamiento
de tipo xenófobo, incívico, ventajista o hedonista. También
destaca que los jóvenes se decantan por los mismos
valores sociales que los adultos, aunque son más pragmáticos.

Madrid. G. ARIANES
La Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) ha difundido una investigación sobre "Valores sociales y drogas", en la que se analiza la relación entre los valores imperantes en la sociedad española y su relación con los consumos de drogas, y cómo el contexto social donde se desarrollan estos valores favorecen dichos consumos. Es el resultado de ocho grupos de discusión y de 2.800 entrevistas personales, cuyos datos son extrapolables a toda la población española de 15 a 65 años con una fiabilidad del 95%, realizadas y coordinadas por un grupo de sociólogos y antropólogos dirigidos por el médico psiquiatra Eusebio Megías, que también es director técnico de la FAD.
El profesor Megías y el director general de la Fundación, Ignacio Calderón, han presentado en rueda de prensa los aspectos más destacados y las conclusiones de este estudio, realizado porque "la FAD sabe que no podremos entender las razones de los consumos de drogas, y mucho menos prevenirlos", si no conocemos la realidad donde se producen". Del estudio se desprende que la prioridad fundamental para el conjunto de la población es tener unas buenas relaciones familiares, con una puntuación media de 8,5 en una escala de 1 a 10. En el lado opuesto de la escala de valores se sitúa el interés por la religión o la política que, con 4 puntos, son los aspectos más desvalorizados actualmente entre la sociedad. Entre ambos extremos los españoles dan más importancia, por este orden, al bienestar personal, el orden social, una vida cotidiana gratificante, el altruismo y la preocupación por los demás, y el presentismo (vivir al día) y la autonomía.
Considerando al conjunto de los encuestados, los españoles se sienten vinculados a valores normativos (93,7%), altruistas (36,8%), presentistas (27,7%), arreligiosos (24,5%), aventureros (7,8%), ventajistas (4,9%) incívicos (2,0%) y xenófobos y asociales (0,4%). Por su parte, los jóvenes siguen las mismas pautas y muestran interés por los mismos valores que los adultos, pero con claros matices en cuanto a los porcentajes de adhesión a cada uno de los tipos. Así, el 83,4% de los chicos de entre 15 y 24 años se identifican con valores pragmáticos, ya que "al no ser tan importante para ellos la exigencia de seguridad enfatizan los deseos de búsqueda de beneficios".

Lo políticamente correcto

El 79,6% se decantan también por valores altruistas o respetuosos con las normas cívicas, es decir "el altruismo se confunde con la norma y pasa a formar parte de lo obligado por políticamente correcto". Un 62,7% enfatizan claramente valores que traducen una moral personal (que incluyen la defensa del aborto o la eutanasia), y otro 61,1% se identifican igualmente con valores presentistas. Por contra, sólo el 32,9% se consideran hedonistas o aventureros, el 24,1% se inclinan por valores incívicos o ventajistas (buscan el interés o beneficio propio aún a costa de perjudicar a los demás), y un 22,2% reconocen ser autoritarios o xenófobos. También es llamativo un cierto "relativismo moral" que hace que los jóvenes puedan "apuntarse", por término medio, a casi cuatro tipos de valores diferentes a la vez, mientras que los adultos no llegan a dos.
Los autores de la investigación entienden que "los valores prioritarios de la sociedad española son el orden, la seguridad y los beneficios personales". Añaden que "los valores relativos a la tolerancia, la solidaridad, o la cooperación, es decir, los dirigidos al interés de otro o de la colectividad se plantean como valores ideales, pero irrealizables en un contexto social que los convierte en imposibles". Y creen que los valores considerados tradicionales hasta hace poco, como el esfuerzo, ahorro, disciplina, religión, etc., "no están de moda", mientras que los relacionados con el presentismo y el hedonismo, como buscar el placer inmediato, vivir al día, apurar el presente y despreocuparse del futuro, "cobran más énfasis".
Los resultados del estudio en las franjas juveniles también reflejan que "existe un claro nivel de relación entre las prioridades respecto a los valores y la tendencia a consumir distintas drogas". Según han manifestado Eusebio Mejías e Ignacio Calderón, "quienes se acercan más a los valores de los tipos xenófobo social, incívico, ventajista o hedonista muestran una mayor probabilidad de consumir tabaco, alcohol y, sobre todo, cannabis y otras drogas, mientras que los cercanos al tipo altruísta resultarían ser más protectores respecto a los diferentes consumos".

Otros factores

De todas formas, han advertido que "no se puede sacar la conclusión de que sólo estos jóvenes tomen drogas o que todos los de estas franjas lo hagan, porque en el consumo inciden otros factores. Han bebido de los mismos valores que el resto de la sociedad y los han incorporado a su vida, aunque desde un entramado que les hace más proclives a la experimentación y la aventura, unido a un menor sentido del peligro y a la menor ligadura a responsabilidades, propias de esa edad".
En cualquier caso, consideran que "los valores dominantes de la sociedad española favorecen los nuevos patrones de consumos de drogas juveniles, basados en la diversión y el placer. Es difícil limitar esos consumos -añaden- si no se cuestionan primero los valores dominantes, pues es paradójico que la sociedad adulta pida el no consumo cuando el contexto social contribuye a crear unos condicionantes que favorecen el consumo". Como ejemplo de dicha contradicción señalan el fenómeno del botellón, "que se describe como un comportamiento extraño y antisocial y, a la vez, es visto por todos como algo propio de la juventud, hasta el punto de que el joven que no participa pasa a sentirse y a ser considerado como raro".
Por todo ello, la FAD quiere llamar la atención sobre "la importancia de la educación en valores desde edades muy tempranas, como base imprescindible para reducir conductas problemáticas en la adolescencia y la juventud. Los padres, los educadores y la sociedad en general deben concienciarse de que los valores que un niño interioriza en las primeras fases de la socialización, serán determinantes para que posteriormente pueda enfrentarse a cualquier conducta de riesgo social, como la violencia, la intolerancia, el racismo y, por supuesto, también a las drogas".

 

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