Las treinta piezas y sus dibujos preparatorios respectivos reunidos en la muestra "Las formas del cubismo. Escultura y vanguardia 1909-1918" concentran estos días en el Museo Reina Sofía de Madrid las claves de una revolución estética que transformó para siempre la escultura. De su visión cubista de la realidad partirían las más distanciadas escuelas expresivas del siglo XX. Su propuesta de libertad fue el comienzo de una nueva era artística.
"Retrato
de Horace Brodsky",
de Gaudier- Brzeska.

Expresiones de lo real

El Museo Reina Sofía muestra las piezas
maestras de una década de escultura cubista

Madrid. JULIA FERNANDEZ
Aplicar al universo de las tres dimensiones las conquistas de la pintura cubista, una expresión que estaba limitada por el plano en dos dimensiones, fue el objetivo que llevó a algunos artistas a la búsqueda de nuevas formas en el espacio. Sin una caracterización precisa y con una vida efímera en el devenir de las corrientes artísticas, la escultura que surgió del cubismo fue, sobre todo, una negación de la perspectiva y el punto de visión único. Como en el caso de la pintura, las formas construídas en el espacio no debían reproducir linealmente la realidad sino transmitir la multiplicidad de su esencia.
En sus primeros años de formulación la escultura cubista dio algunas de las obras más singulares y simbólicas de la historia de este arte. Son obras que rompen con una tradición milenaria y nos hablan en un idioma sin vocabulario definido. En su arriesgada búsqueda encontraron muchas de las líneas que más tarde desarrollaría la escultura a lo largo del siglo.

Una década

Esta primera concepción cubista de la escultura tendría una corta vida, entre 1909 y 19l8. La Primera Guerra Mundial, las sucesivas vanguardias estéticas y el propio agotamiento de sus fórmulas cancelaron su proyecto pero no pudieron mermar la influencia que ejercería en la escultura posterior. Son esos años, esas propuestas, las que la muestra "Las formas del cubismo. Escultura y vanguardia 1909-1918" recoge estos días en las salas del Museo Nacional centro de Arte Reina Sofía. Una revisión en profundidad de las fundamentales aportaciones del cubismo a la génesis de la escultura moderna, en la que su comisario, el catedrático de arte F.J.Yvars ha vertido su investigación de siete años sobre esta propuesta artística.
A través de una selección de treinta piezas y de veintiséis dibujos directamente relacionados con ellas, la muestra concentra las diferentes vías ensayadas para convertir el concepto dimensional pictórico cubista en una propuesta tridimensional. La primera propuesta de este recorrido es también la más representativa de sus postulados: Cabeza de mujer (Fernande), de Picasso, fechada en 1909 y realizada en bronce, es una traslación perfecta de las pinturas cubistas picassianas, de planos superpuestos para crear las múltiples posibles visiones de la realidad. A partir de ella, se abre una narración que pasa por la cercanía de Brancusi al arte africano, la incorporación de materiales comunes de Archipenko, las reconstrucciones de la figura humana de Duchamp-Villon o de Gaudier-Brzeska...intuiciones y hallazgos confirmados y ampliados en las obras expuestas de Csáky, Laurens, Lipchitz, Zadkine, Gutfreund, Kubista y Derain. Todas narran de forma autónoma y colectiva la experiencia cubista que sentó las bases de una nueva concepción de la escultura.

 


"Le professeur
Gosset", de
Duchamp-Villon.
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