Los Institutos de Enseñanza Secundaria están sufriendo una crisis de identidad que pone en evidencia la falta de adaptación de estos centros ante los retos de una nueva educación. La mayoría de los problemas vienen originados por una organización errónea de los centros para la realización de su labor educativa. El presente artículo trata de dar respuestas en el sentido
de ofrecer posibles vías de actuación de los IES para la solución de éstos y otros problemas en la Enseñanza Secundaria Obligatoria y Bachillerato.

¿Están bien organizados
los IES?

Francisco Javier Méndez Pérez
Asesor del ámbito sociolingüístico del Centro de Apoyo al Profesorado de Alcorcón (Madrid) y profesor de inglés del IES "Carlos III", de Madrid

 
S  cierto que la  sociedad actual

está cambiando a un ritmo vertiginoso que, a veces. da la sensación de que ha escapado a todo control, haciéndose eco de aquella pintada: que paren el mundo que me quiero bajar. Parece como si la sentencia de Heráclito, "todo fluye", se impusiera con total evidencia dos mil quinientos años después. Cada vez con períodos más cortos no reconocemos el mundo previo. Las cosas están sujetas al cambio que impone la tecnología actual que, enlazada en sí misma, gira y gira más y más deprisa.
¿Todo? No, hay todavía un pequeño reducto de indómitos profesores que todavía resiste a la tecnología invasora. Mientras la mayoría de los oficios han tenido que adaptarse a la nueva situación de la aldea global y del mundo tecnológico y de la información, la escuela se mantiene orgullosa y fiel al diseño con el que la crearon los primeros pensadores allá por el siglo XVIII. No es de extrañar que la mayoría de los centros escolares se manifieste un desconcierto general unido a la insatisfacción por la falta de respuesta de esta institución a los retos del nuevo siglo.
Seguidamente daré una relación breve, entre los muchos, de los problemas más graves que aquejan hoy en día a la escuela española:
Conflictividad en las aulas; diversidad de intereses; diferencias de niveles; adecuación de espacios; actividades alternativas; programaciones coherentes; coordinación pedagógica, mensajes unitarios, protocolo de actuaciones ante los conflictos, etc.; itinerarios; la autoridad (auctoritas), y la eficacia docente: resultados (¿definir?), el papel del profesor.
Dicho esto, quiero destacar dos puntos que, a mi entender, son muy importantes, incluso fundamentales, en el origen de los problemas por los que atraviesan la mayoría de los Institutos de Enseñanza Secundaria del país y como vía de inicio en la solución de los mismos: el dilema escuela pública-concertada y la organización interna de la mayoría de los centros. Mi objetivo final es suscitar un debate profundo en la sociedad actual sobre qué enseñanza queremos y cuánta importancia damos a esa enseñanza que queremos. Esto se traduce en lo económico en ¿cuánto estamos dispuestos a invertir en nuestro sistema educativo?

Pública-privada

Puede parecer que a primera vista el dilema escuela pública-privada sea un falso problema debido a concepciones políticas previas. Sin embargo la existencia de un sistema educativo paralelo al estatal genera una serie de problemas éticos, sociales y educativos que conviene señalar.
La escuela pública, por su mismo carácter público y además participativo, es garantía de control democrático de la misma escuela, y esto de dos maneras: a través de los propios controles que ofrece la sociedad democrática (elecciones) y a través de los mecanismos establecidos de participación de la propia escuela (consejo escolar). De esta manera la escuela no es un mecanismo de control ciudadano o de dominio y defensa de ciertos intereses inconfesables (e incluso en algunos casos de financiación de instituciones que por las solas aportaciones de sus fieles no consiguen la autofinanciación), sino que es una institución al servicio de la sociedad en la difícil tarea de construir al futuro ciudadano, o como dice Victoria Camps de los futuros gobernantes. Los peligros de que el Estado haga dejación de sus funciones educativas se traducen en la renuncia de crear un fondo o magma social compartido por toda la sociedad. La fragmentación social se hace cada vez más evidente. La falta de cohesión social, la desigualdad y la reproducción de las clases sociales son algunas de las consecuencias entre otras muchas.

La organización de los IES

Actualmente, una organización caduca, creada para servir unos intereses de otras épocas ya pasadas, se impone como un corsé sobre una escuela que tiene que responder a otras demandas. Paradójicamente, queremos una enseñaza del siglo XXI con profesores del siglo XX y una organización del siglo XIX. Evidentemente, así la máquina no puede funcionar.
Los Institutos de Enseñanza Secundaria se organizan poniendo como eje centralizador el grupo de alumnos de referencia sobre el que gira todo lo demás, las clases, los profesores, los espacios, los tiempos, etc. ¿Cuál es el objetivo de esta estructura? Evidentemente, el orden, la disciplina, el control, en resumen, saber donde está cada uno en cada momento. Es decir, preocupaciones propias de sistemas autoritarios. Esta organización en nada favorece la búsqueda del aprendizaje, la formación integral del alumno y la creación de un marco que estimule al adquisición de conocimientos según las demandas institucionales y los intereses de los alumnos. Los alumnos se agrupan por edades y se les obliga a permanecer juntos durante muchos años aunque los intereses no sean ya compartidos. A todos se les ofrece más de lo mismo a pesar de que muchos alumnos estén al borde de la objeción escolar y aún así se les obliga a permanecer (como si de una cárcel se tratara) horas y horas soportando rollos que no comprenden ni tienen el más mínimo interés para ellos. La escuela se convierte así en una guardería, vista por aquellos que son guardados como un cuartel cuyo único objetivo es mantenerles allí encerrados sin ofrecerles nada a cambio. El afloramiento de lo que se llama violencia escolar cobra así una inesperada óptica: los alumnos se rebelan contra quien o quienes consideran su opresor. A esto hay que añadir que los alumnos que aceptan el sistema y quieran progresar se encuentran que su progreso se ve dificultado y amenazado por los objetores escolares. De nuevo, el problema de la violencia surge con adicionales fuerzas. ¿Qué hacer?

Alternativa de cambio

Los IES deben cambiar completamente de arriba abajo. Intentaré dar unas pinceladas sobre algunas medidas que deberían adoptar los IES:

  • El aula pedagógica, temática, integral o inteligente, o en cualquiera de sus modalidades, es absolutamente imprescindible. La complejidad y variedad de los recursos educativos que hay hoy en día disponibles para ser desplegados por el profesor no permiten que este siga siendo un camello trashumante de clase en clase transportando toda clase de enseres y artilugios por los pasillos y escaleras de los centros (en los que por supuesto no hay ascensor) y a veces por la calle si tiene que trasladarse a otro edificio, característica cada vez más habitual en los Institutos.

  • El profesor tiene que atender a los alumnos individualmente y con una gran variedad de niveles e intereses. La estructura y organización de las aulas no puede ser la misma que la tradicional de mesas y encerado. Además la organización del aula debería estar sujeta a las necesidades de cada asignatura. Por ejemplo, un aula de idiomas no comparte nada con un aula de ciencias. ¿Piensa alguien que un profesor de educación física puede dar su clase en el aula de matemáticas? Deberíamos llegar a la misma conclusión en cualquier asignatura. No tenemos por qué presuponer que un profesor de historia puede dar igual su clase en un laboratorio de biología y viceversa.

  • Los Institutos deberían estructurarse teniendo en cuenta las necesidades educativas de cada área o materia y no según el número de unidades que deben albergar. Los espacios no hay que organizarlos según los niveles y/o etapas educativas sino según las asignaturas con lo cual se ganaría eficiencia educativa. La organización centrada en las áreas no es tan complicada como puede parecer a primera vista, además permitiría una atención por niveles y no por edades. Piénsese también en las ventajas para el profesor y su labor educativa que tiene el hecho de permanecer en una aula y recibir a los alumnos. ¿Y la puntualidad? Pequeño gran problema cuando un profesor se entretiene en hablar con un alumno al término de la clase anterior y tiene que pasarse por el departamento a recoger el material que necesita, dejar el que no necesita y cambiar las listas, fichas, documentos, etc para la clase siguiente.

  • ¡Y todo por un poco de desorden en los pasillos! ¡Si al menos los mismos fueran más anchos y permitieran colocar taquillas para los alumnos!

  • Las ventajas, si se piensa un poco, son enormes y se abren múltiples posibilidades para el tratamiento de la diversidad y la diversificación de los alumnos en niveles de competencia. Esta iniciativa podría ir acompañada de otras medidas como una oferta amplia de optativas y talleres prácticos, buenas instalaciones deportivas, potenciación de las tutorías, flexibilidad de horarios, no identificar el horario del alumno con el del profesor, etc.
  • ¡Y esto último es quizás lo más importante! Las horas de permanencia (horas que no son de clase estrictamente) son tan importantes como las lectivas (horas estrictamente de clase). No hace falta recordar una cosa archisabida: el éxito de la clase depende en gran medida del trabajo que hay detrás de esa sola hora delante de los alumnos. A esto hay que añadir que hoy en día el profesor solitario superexperto de su materia no tiene nada que hacer. La sociedad demanda del profesor que sea no sólo un transmisor de conocimientos sino también un educador en la acepción más amplia de la palabra. Esto implica que los profesores tienen que coordinarse, trabajar en equipo y negociar mínimos educativos para ofrecer una acción educativa global coherente ante el alumno. Esta acción ha de contar al mismo tiempo con objetivos y fines, planes de intervención y medidas complementarias y correctoras que obliguen a todos: alumnos, padres y profesores.
  • Llegamos aquí al último punto pero no menos importante (last but not least): la participación de los padres/madres en todo el proceso educativo. Los centros educativos tienen que abrirse a la participación de los padres y tutores de sus alumnos y permitir (y poder exigir llegado el caso) la intervención de los mismos cuando sea necesario. Padres/madres y profesores junto con los servicios sociales deben trabajar coordinadamente. En muchos casos la acción educativa exige una intervención familiar y no solamente escolar. Para esta función contamos con un órgano decisivo: Los Consejos Escolares. Pero para ello los consejos necesitarían más autonomía pedagógica, financiera y por qué no decirlo cohercitiva.

En definitiva, quiero hacer ver con esta reflexión que las soluciones muchas veces están en pequeñas modificaciones, es decir, en ver el problema desde un punto de vista diferente y no en diseñar grandes cambios costosos que muchas veces tan solo actúan como cataplasma que retrasan que el problema sea cada vez mayor. Con otras palabras, no hace falta hacer una reforma de la reforma, modificar planes de estudios, o las horas asignadas a cada materia, ni siquiera en diseñar itinerarios vagamente diferenciados para separar a los alumnos, ni desarrollar ordenes, reglamentos o decretos cuya inconfesable finalidad sea separar a los alumnos pretendidamente buenos de los pretendidamente malos. Se trataría de aprovechar al máximo lo que hay, los recursos y medidas que tenemos para modificar la realidad sobre la que queremos actuar y no de inventar una nueva realidad a base de leyes, decretos y normas que la mayoría de las veces se quedan en papel mojado.

Organización de la escuela

La escuela no puede organizarse de una manera inflexible o mantener criterios inamovibles. La escuela es parte de la formación permanente. En este sentido se debe abrir tanto horizontal como verticalmente. Los agrupamientos de los alumnos no tienen que ser necesariamente por edades y los profesores pueden servir de ayuda en la formación permanente de sus compañeros, como por ejemplo en el dominio de idiomas. ¿Por qué no pueden los profesores de idiomas enseñar a otros profesores en el dominio de un idioma? En la Europa actual el conocimiento de idiomas es básico y crucial si queremos trabajar con otros países. Estos tiempos pueden salir de profesores para completar su horario o ser remunerados independientemente. En la FP, enseñanzas artísticas y musicales ocurre los mismo. Unas instalaciones tan costosas podrían aprovecharse para formar a trabajadores del barrio, profesores interesados, padres, madres o ciudadanos que vivan en el barrio en general. Esto además traería la ventaja de motivar al profesorado que tanta falta le hace.
Queda en el aire otra pregunta: ¿Qué profesores necesitamos para una nueva enseñanza? Y de ¿qué enseñanza hablamos? Aquí entramos de lleno en la formación inicial del profesorado, en los planes de estudio de las universidades para formar a los futuros profesores, en el problemático concepto de calidad de enseñanza, en los fines últimos de la instrucción, etc., pero eso es otra reflexión para ser tratada independientemente.

 

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