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está
cambiando a un ritmo vertiginoso que, a veces. da la sensación
de que ha escapado a todo control, haciéndose eco de aquella pintada:
que paren el mundo que me quiero bajar. Parece como si la sentencia
de Heráclito, "todo fluye", se impusiera con total
evidencia dos mil quinientos años después. Cada vez con
períodos más cortos no reconocemos el mundo previo. Las
cosas están sujetas al cambio que impone la tecnología actual
que, enlazada en sí misma, gira y gira más y más
deprisa.
¿Todo? No,
hay todavía un pequeño reducto de indómitos profesores
que todavía resiste a la tecnología invasora. Mientras la
mayoría de los oficios han tenido que adaptarse a la nueva situación
de la aldea global y del mundo tecnológico y de la información,
la escuela se mantiene orgullosa y fiel al diseño con el que la
crearon los primeros pensadores allá por el siglo XVIII. No es
de extrañar que la mayoría de los centros escolares se manifieste
un desconcierto general unido a la insatisfacción por la falta
de respuesta de esta institución a los retos del nuevo siglo.
Seguidamente
daré una relación breve, entre los muchos, de los problemas
más graves que aquejan hoy en día a la escuela española:
Conflictividad
en las aulas; diversidad de intereses; diferencias de niveles; adecuación
de espacios; actividades alternativas; programaciones coherentes; coordinación
pedagógica, mensajes unitarios, protocolo de actuaciones ante los
conflictos, etc.; itinerarios; la autoridad (auctoritas), y la
eficacia docente: resultados (¿definir?), el papel del profesor.
Dicho esto,
quiero destacar dos puntos que, a mi entender, son muy importantes, incluso
fundamentales, en el origen de los problemas por los que atraviesan la
mayoría de los Institutos de Enseñanza Secundaria del país
y como vía de inicio en la solución de los mismos: el dilema
escuela pública-concertada y la organización interna de
la mayoría de los centros. Mi objetivo final es suscitar un debate
profundo en la sociedad actual sobre qué enseñanza queremos
y cuánta importancia damos a esa enseñanza que queremos.
Esto se traduce en lo económico en ¿cuánto estamos dispuestos
a invertir en nuestro sistema educativo?
Pública-privada
Puede
parecer que a primera vista el dilema escuela pública-privada sea
un falso problema debido a concepciones políticas previas. Sin
embargo la existencia de un sistema educativo paralelo al estatal genera
una serie de problemas éticos, sociales y educativos que conviene
señalar.
La escuela
pública, por su mismo carácter público y además
participativo, es garantía de control democrático de la
misma escuela, y esto de dos maneras: a través de los propios controles
que ofrece la sociedad democrática (elecciones) y a través
de los mecanismos establecidos de participación de la propia escuela
(consejo escolar). De esta manera la escuela no es un mecanismo de control
ciudadano o de dominio y defensa de ciertos intereses inconfesables (e
incluso en algunos casos de financiación de instituciones que por
las solas aportaciones de sus fieles no consiguen la autofinanciación),
sino que es una institución al servicio de la sociedad en la difícil
tarea de construir al futuro ciudadano, o como dice Victoria Camps
de los futuros gobernantes. Los peligros de que el Estado haga
dejación de sus funciones educativas se traducen en la renuncia
de crear un fondo o magma social compartido por toda la sociedad. La fragmentación
social se hace cada vez más evidente. La falta de cohesión
social, la desigualdad y la reproducción de las clases sociales
son algunas de las consecuencias entre otras muchas.
La
organización de los IES
Actualmente,
una organización caduca, creada para servir unos intereses de otras
épocas ya pasadas, se impone como un corsé sobre una escuela
que tiene que responder a otras demandas. Paradójicamente, queremos
una enseñaza del siglo XXI con profesores del siglo XX y una organización
del siglo XIX. Evidentemente, así la máquina no puede
funcionar.
Los Institutos
de Enseñanza Secundaria se organizan poniendo como eje centralizador
el grupo de alumnos de referencia sobre el que gira todo lo demás,
las clases, los profesores, los espacios, los tiempos, etc. ¿Cuál
es el objetivo de esta estructura? Evidentemente, el orden, la disciplina,
el control, en resumen, saber donde está cada uno en cada momento.
Es decir, preocupaciones propias de sistemas autoritarios. Esta organización
en nada favorece la búsqueda del aprendizaje, la formación
integral del alumno y la creación de un marco que estimule al adquisición
de conocimientos según las demandas institucionales y los intereses
de los alumnos. Los alumnos se agrupan por edades y se les obliga a permanecer
juntos durante muchos años aunque los intereses no sean ya compartidos.
A todos se les ofrece más de lo mismo a pesar de que muchos alumnos
estén al borde de la objeción escolar y aún así
se les obliga a permanecer (como si de una cárcel se tratara) horas
y horas soportando rollos que no comprenden ni tienen el más mínimo
interés para ellos. La escuela se convierte así en una guardería,
vista por aquellos que son guardados como un cuartel cuyo único
objetivo es mantenerles allí encerrados sin ofrecerles nada a cambio.
El afloramiento de lo que se llama violencia escolar cobra así
una inesperada óptica: los alumnos se rebelan contra quien o quienes
consideran su opresor. A esto hay que añadir que los alumnos que
aceptan el sistema y quieran progresar se encuentran que su progreso se
ve dificultado y amenazado por los objetores escolares. De nuevo, el problema
de la violencia surge con adicionales fuerzas. ¿Qué hacer?
Alternativa
de cambio
Los
IES deben cambiar completamente de arriba abajo. Intentaré dar
unas pinceladas sobre algunas medidas que deberían adoptar los
IES:
- El aula pedagógica,
temática, integral o inteligente, o en cualquiera de sus modalidades,
es absolutamente imprescindible. La complejidad y variedad de los recursos
educativos que hay hoy en día disponibles para ser desplegados
por el profesor no permiten que este siga siendo un camello trashumante
de clase en clase transportando toda clase de enseres y artilugios por
los pasillos y escaleras de los centros (en los que por supuesto no
hay ascensor) y a veces por la calle si tiene que trasladarse a otro
edificio, característica cada vez más habitual en los
Institutos.
- El profesor tiene
que atender a los alumnos individualmente y con una gran variedad de
niveles e intereses. La estructura y organización de las aulas
no puede ser la misma que la tradicional de mesas y encerado. Además
la organización del aula debería estar sujeta a las necesidades
de cada asignatura. Por ejemplo, un aula de idiomas no comparte nada
con un aula de ciencias. ¿Piensa alguien que un profesor de educación
física puede dar su clase en el aula de matemáticas? Deberíamos
llegar a la misma conclusión en cualquier asignatura. No tenemos
por qué presuponer que un profesor de historia puede dar igual
su clase en un laboratorio de biología y viceversa.
- Los Institutos
deberían estructurarse teniendo en cuenta las necesidades educativas
de cada área o materia y no según el número de
unidades que deben albergar. Los espacios no hay que organizarlos según
los niveles y/o etapas educativas sino según las asignaturas
con lo cual se ganaría eficiencia educativa. La organización
centrada en las áreas no es tan complicada como puede parecer
a primera vista, además permitiría una atención
por niveles y no por edades. Piénsese también en las ventajas
para el profesor y su labor educativa que tiene el hecho de permanecer
en una aula y recibir a los alumnos. ¿Y la puntualidad? Pequeño
gran problema cuando un profesor se entretiene en hablar con un alumno
al término de la clase anterior y tiene que pasarse por el departamento
a recoger el material que necesita, dejar el que no necesita y cambiar
las listas, fichas, documentos, etc para la clase siguiente.
- ¡Y todo por un
poco de desorden en los pasillos! ¡Si al menos los mismos fueran más
anchos y permitieran colocar taquillas para los alumnos!
- Las ventajas,
si se piensa un poco, son enormes y se abren múltiples posibilidades
para el tratamiento de la diversidad y la diversificación de
los alumnos en niveles de competencia. Esta iniciativa podría
ir acompañada de otras medidas como una oferta amplia de optativas
y talleres prácticos, buenas instalaciones deportivas, potenciación
de las tutorías, flexibilidad de horarios, no identificar el
horario del alumno con el del profesor, etc.
- ¡Y esto último
es quizás lo más importante! Las horas de permanencia
(horas que no son de clase estrictamente) son tan importantes como las
lectivas (horas estrictamente de clase). No hace falta recordar una
cosa archisabida: el éxito de la clase depende en gran medida
del trabajo que hay detrás de esa sola hora delante de los alumnos.
A esto hay que añadir que hoy en día el profesor solitario
superexperto de su materia no tiene nada que hacer. La sociedad demanda
del profesor que sea no sólo un transmisor de conocimientos sino
también un educador en la acepción más amplia de
la palabra. Esto implica que los profesores tienen que coordinarse,
trabajar en equipo y negociar mínimos educativos para ofrecer
una acción educativa global coherente ante el alumno. Esta acción
ha de contar al mismo tiempo con objetivos y fines, planes de intervención
y medidas complementarias y correctoras que obliguen a todos: alumnos,
padres y profesores.
- Llegamos aquí
al último punto pero no menos importante (last but not least):
la participación de los padres/madres en todo el proceso educativo.
Los centros educativos tienen que abrirse a la participación
de los padres y tutores de sus alumnos y permitir (y poder exigir llegado
el caso) la intervención de los mismos cuando sea necesario.
Padres/madres y profesores junto con los servicios sociales deben trabajar
coordinadamente. En muchos casos la acción educativa exige una
intervención familiar y no solamente escolar. Para esta función
contamos con un órgano decisivo: Los Consejos Escolares. Pero
para ello los consejos necesitarían más autonomía
pedagógica, financiera y por qué no decirlo cohercitiva.
En
definitiva, quiero hacer ver con esta reflexión que las soluciones
muchas veces están en pequeñas modificaciones, es decir,
en ver el problema desde un punto de vista diferente y no en diseñar
grandes cambios costosos que muchas veces tan solo actúan como
cataplasma que retrasan que el problema sea cada vez mayor. Con otras
palabras, no hace falta hacer una reforma de la reforma, modificar planes
de estudios, o las horas asignadas a cada materia, ni siquiera en diseñar
itinerarios vagamente diferenciados para separar a los alumnos, ni desarrollar
ordenes, reglamentos o decretos cuya inconfesable finalidad sea separar
a los alumnos pretendidamente buenos de los pretendidamente malos.
Se trataría de aprovechar al máximo lo que hay, los recursos
y medidas que tenemos para modificar la realidad sobre la que queremos
actuar y no de inventar una nueva realidad a base de leyes, decretos y
normas que la mayoría de las veces se quedan en papel mojado.
Organización
de la escuela
La
escuela no puede organizarse de una manera inflexible o mantener criterios
inamovibles. La escuela es parte de la formación permanente. En
este sentido se debe abrir tanto horizontal como verticalmente. Los agrupamientos
de los alumnos no tienen que ser necesariamente por edades y los profesores
pueden servir de ayuda en la formación permanente de sus compañeros,
como por ejemplo en el dominio de idiomas. ¿Por qué no pueden los
profesores de idiomas enseñar a otros profesores en el dominio
de un idioma? En la Europa actual el conocimiento de idiomas es básico
y crucial si queremos trabajar con otros países. Estos tiempos
pueden salir de profesores para completar su horario o ser remunerados
independientemente. En la FP, enseñanzas artísticas y musicales
ocurre los mismo. Unas instalaciones tan costosas podrían aprovecharse
para formar a trabajadores del barrio, profesores interesados, padres,
madres o ciudadanos que vivan en el barrio en general. Esto además
traería la ventaja de motivar al profesorado que tanta falta le
hace.
Queda en el
aire otra pregunta: ¿Qué profesores necesitamos para una nueva
enseñanza? Y de ¿qué enseñanza hablamos? Aquí
entramos de lleno en la formación inicial del profesorado, en los
planes de estudio de las universidades para formar a los futuros profesores,
en el problemático concepto de calidad de enseñanza, en
los fines últimos de la instrucción, etc., pero eso es otra
reflexión para ser tratada independientemente.
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