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El
término del siglo XIX coincidió en nuestro país con el cierre traumático de
una experiencia de siglos como metrópoli colonial. Sus consecuencias, paradójicamente,
fueron extraordinariamente vitalistas para la política, la sociedad y la cultura.
Una muestra recuerda ahora este período de España a través de sus protagonistas.
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Madrid.
JULIA FERNÁNDEZ
La desaparición de las últimas colonias de ultramar y la
reducción consiguiente del papel de España en la escena
internacional llevó a la sociedad y a la clase política
a la reflexión sobre su propia identidad y sobre el papel que debía
cumplir en el nuevo momento histórico. Un debate que provocaría
el emerger de una lenta y laboriosa transformación económica,
social y cultural, gestada a lo largo del último tercio del XIX
pero sin plasmación en leyes o formas sociales al término
del siglo.
Mil ochocientos
noventa y ocho, la fecha del Desastre, es por tanto el centro de muchas
de las contradicciones de los procesos de una cambiante sociedad y la
clase política que la dirige. De sus aciertos y errores fue conformándose
la España moderna que, conceptualmente, conocemos hoy.
Símbolos
cambiantes
Estos
años de convulsa historia y de fructíferas consecuencias
son los que recoge la muestra exhibida en Madrid "Regeneración
y reforma: España a comienzos del siglo XX", organizada conjuntamente
por la Fundación BBVA y el Ministerio de Educación, Cultura
y Deporte.
A través
de sus cinco apartados: El nacimiento de los intelectuales, Cambios económicos
y fuerzas sociales, Los conservadores y la revolución desde arriba,
El nuevo liberalismo y La política de masas, se recorren todos
los aspectos que fueron configurando el período 1898-1914, entre
el Desastre y el inicio de la Primera Guerra Mundial, un conflicto que
tuvo gran influencia en nuestro país pese a su posición
neutral en el mismo. Y lo hace a través de sus protagonistas –individuos,
asociaciones y partidos-, de sus ideas y perspectivas, de los medios que
utilizaron para expresarlas y de los escenarios en que actuaron: la prensa
política, las revistas satíricas y la prensa de masas; los
círculos, comités y casas del pueblo; el Parlamento y las
instituciones públicas, los mítines y la movilización
electoral; las huelgas y protestas; las fábricas, las minas y los
bancos, sin olvidar las diferencias entre el campo y la ciudad y entre
las diversas regiones que componían el mosaico español.
Para ello,
la muestra ofrece un amplio conjunto de obras de arte y de documentos
originales representativos de la época y de gran riqueza significativa:
obras de Zuloaga, Ramón Casas...o Sorolla; fotografías,
dibujos y caricaturas; libros y cartas; una reproducción del despacho
de Antonio Maura...dibujan una época convulsa y rica, vitalista
y productiva. Sus símbolos son los que ahora nos hablan de ella.
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