El término del siglo XIX coincidió en nuestro país con el cierre traumático de una experiencia de siglos como metrópoli colonial. Sus consecuencias, paradójicamente, fueron extraordinariamente vitalistas para la política, la sociedad y la cultura. Una muestra recuerda ahora este período de España a través de sus protagonistas.

Protagonistas de una nación

"Alfonso XIII", por Ramón Casas (arriba). "Manifestación por la República"
(1904), de Antonio Estruch (a la derecha).

La Fundación
BBVA recorre
en "Regeneración
y reforma"
las
décadas en que
se gestó la
España moderna

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
La desaparición de las últimas colonias de ultramar y la reducción consiguiente del papel de España en la escena internacional llevó a la sociedad y a la clase política a la reflexión sobre su propia identidad y sobre el papel que debía cumplir en el nuevo momento histórico. Un debate que provocaría el emerger de una lenta y laboriosa transformación económica, social y cultural, gestada a lo largo del último tercio del XIX pero sin plasmación en leyes o formas sociales al término del siglo.
Mil ochocientos noventa y ocho, la fecha del Desastre, es por tanto el centro de muchas de las contradicciones de los procesos de una cambiante sociedad y la clase política que la dirige. De sus aciertos y errores fue conformándose la España moderna que, conceptualmente, conocemos hoy.

Símbolos cambiantes

Estos años de convulsa historia y de fructíferas consecuencias son los que recoge la muestra exhibida en Madrid "Regeneración y reforma: España a comienzos del siglo XX", organizada conjuntamente por la Fundación BBVA y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
A través de sus cinco apartados: El nacimiento de los intelectuales, Cambios económicos y fuerzas sociales, Los conservadores y la revolución desde arriba, El nuevo liberalismo y La política de masas, se recorren todos los aspectos que fueron configurando el período 1898-1914, entre el Desastre y el inicio de la Primera Guerra Mundial, un conflicto que tuvo gran influencia en nuestro país pese a su posición neutral en el mismo. Y lo hace a través de sus protagonistas –individuos, asociaciones y partidos-, de sus ideas y perspectivas, de los medios que utilizaron para expresarlas y de los escenarios en que actuaron: la prensa política, las revistas satíricas y la prensa de masas; los círculos, comités y casas del pueblo; el Parlamento y las instituciones públicas, los mítines y la movilización electoral; las huelgas y protestas; las fábricas, las minas y los bancos, sin olvidar las diferencias entre el campo y la ciudad y entre las diversas regiones que componían el mosaico español.
Para ello, la muestra ofrece un amplio conjunto de obras de arte y de documentos originales representativos de la época y de gran riqueza significativa: obras de Zuloaga, Ramón Casas...o Sorolla; fotografías, dibujos y caricaturas; libros y cartas; una reproducción del despacho de Antonio Maura...dibujan una época convulsa y rica, vitalista y productiva. Sus símbolos son los que ahora nos hablan de ella.

 

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