La Fundación Carlos de Amberes presenta en Madrid la obra
del simbolista belga Félicien Rops

La muestra "Felicien Rops. Un simbolista transgresor. (1833- 1898)" revela la complejidad filosófica, estética y ética de un hombre y un creador que, superando orígenes sociales y

Emocionar el alma

culturales, buscó a través del arte formas nuevas
de experimentar la vida.

Madrid. JULIA FERNANDEZ
Nombre fundamental del arte belga y pieza clave de la modernidad europea de la segunda mitad del siglo XIX, la figura de Félicien Rops ha logrado atravesar el tiempo manteniendo vivo su transgresor mensaje acerca del sexo, la mujer y la muerte. Su obra, brutalmente explícita a veces, habla de los fantasmas y de las fantasías de una sociedad burguesa a la que pertenecía. Sus parodias, escarnios y desmanes traen a primer plano el horror inherente a toda existencia: la muerte.
Este Félicien Rops fue sobre todo un pintor sobre papel, otra característica transgresora de su creación, en una época en que el óleo era el soporte rey. "Transmitir en imágenes la realidad que nos rodea, conservando la espontaneidad del gesto" era su teoría artística y, para ello, la acuarela, el dibujo y, sobre todo, el grabado, resultaban perfectos.

Plataforma de creación

Nacido en Namur (Bélgica), hijo único de una acaudalada familia, Rops tuvo muy joven la posibilidad de crear su propia plataforma de difusión artística. En 1856, ya en Bruselas, funda con la fortuna heredada de su padre, la publicación "Uylenspiegel, journal des ébats artistiques", un título con el que se burlaba abiertamente del "Journal des debats politiques et literéraires" que se publicaba en París desde hacía medio siglo y que apoyaba la política de Napoleón III, al que Rops y sus amigos odiaban vehementemente. Este periódico sería su verdadera escuela artística, desde la que Rops comenzaría a mostrar a una sociedad bien pensante y autosatisfecha la caricatura de su propia satisfacción.
Es esta primera fase de la carrera artística de Rops la que ocupa el primer bloque temático de la muestra "Un simbolista transgresor" que estos días exhibe en Madrid la Fundación Carlos de Amberes. Organizada en colaboración con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y comisariada por la directora del Museo Rops, Bernadette Bonnier, y por el especialista en arte del S. XIX Carlos Reyero, se trata de la más completa visión de la obra de este autor llevada a cabo en nuestro país.

Esqueletos vivientes

Muy pronto París y su enriquecedor momento artístico y cultural actuarán de detonantes del genio de Rops. Abandonará progresivamente las ilustraciones de diarios para realizar la ilustración de libros, abandonando la litografía por el grabado al aguafuerte. Su idea de la poética del mal será la que ilustre el conjunto de poemas censurados de Las flores del mal de Baudelaire, Los Despojos.
Agrupadas en seis secciones temáticas que son también fases de su evolución vital, el casi centenar de obras de que consta la muestra perfilan el imaginario de un pintor obsesionado por la mujer, el mal y la muerte. Mayoritariamente dedicada a su obra en papel, la muestra informa también del Rops pintor al óleo con nueve lienzos entre los que se encuentran algunas de sus vistas de Toledo y Sevilla, realizadas en un viaje por España en 1880.
Pero son sus litografías, aguafuertes, dibujos y acuarelas las que nos traen al Rops más poderosamente creativo. El que escenifica la vida con esqueletos vivientes, mujeres poderosas y crueles para con el deseo del hombre, espíritus demoníacos que copulan con mujeres en éxtasis... Imágenes todas ellas creadas para "emocionar el alma de los hombres y elevarlos a ellos mismos", según las propias palabras de Rops. Ni su miedo último a la muerte y a la sexualidad femenina podían ocultar una relación extraordinariamente inocente con el sexo y con el mundo sobrenatural. Una seña más de identidad propia de un pintor enclavado en el simbolismo pero alejado de su visión atormentada del sexo.

 

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