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Madrid.
JULIA FERNANDEZ
Nombre fundamental del arte belga y pieza clave de la modernidad europea
de la segunda mitad del siglo XIX, la figura de Félicien Rops ha
logrado atravesar el tiempo manteniendo vivo su transgresor mensaje acerca
del sexo, la mujer y la muerte. Su obra, brutalmente explícita
a veces, habla de los fantasmas y de las fantasías de una sociedad
burguesa a la que pertenecía. Sus parodias, escarnios y desmanes
traen a primer plano el horror inherente a toda existencia: la muerte.
Este Félicien
Rops fue sobre todo un pintor sobre papel, otra característica
transgresora de su creación, en una época en que el óleo
era el soporte rey. "Transmitir en imágenes la realidad que nos
rodea, conservando la espontaneidad del gesto" era su teoría artística
y, para ello, la acuarela, el dibujo y, sobre todo, el grabado, resultaban
perfectos.
Plataforma
de creación
Nacido
en Namur (Bélgica), hijo único de una acaudalada familia,
Rops tuvo muy joven la posibilidad de crear su propia plataforma de difusión
artística. En 1856, ya en Bruselas, funda con la fortuna heredada
de su padre, la publicación "Uylenspiegel, journal des ébats
artistiques", un título con el que se burlaba abiertamente del
"Journal des debats politiques et literéraires" que se publicaba
en París desde hacía medio siglo y que apoyaba la política
de Napoleón III, al que Rops y sus amigos odiaban vehementemente.
Este periódico sería su verdadera escuela artística,
desde la que Rops comenzaría a mostrar a una sociedad bien pensante
y autosatisfecha la caricatura de su propia satisfacción.
Es esta primera
fase de la carrera artística de Rops la que ocupa el primer bloque
temático de la muestra "Un simbolista transgresor" que estos días
exhibe en Madrid la Fundación Carlos de Amberes. Organizada en
colaboración con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte
y comisariada por la directora del Museo Rops, Bernadette Bonnier, y por
el especialista en arte del S. XIX Carlos Reyero, se trata de la más
completa visión de la obra de este autor llevada a cabo en nuestro
país.
Esqueletos
vivientes
Muy
pronto París y su enriquecedor momento artístico y cultural
actuarán de detonantes del genio de Rops. Abandonará progresivamente
las ilustraciones de diarios para realizar la ilustración de libros,
abandonando la litografía por el grabado al aguafuerte. Su idea
de la poética del mal será la que ilustre el conjunto de
poemas censurados de Las flores del mal de Baudelaire, Los Despojos.
Agrupadas en
seis secciones temáticas que son también fases de su evolución
vital, el casi centenar de obras de que consta la muestra perfilan el
imaginario de un pintor obsesionado por la mujer, el mal y la muerte.
Mayoritariamente dedicada a su obra en papel, la muestra informa también
del Rops pintor al óleo con nueve lienzos entre los que se encuentran
algunas de sus vistas de Toledo y Sevilla, realizadas en un viaje por
España en 1880.
Pero son sus
litografías, aguafuertes, dibujos y acuarelas las que nos traen
al Rops más poderosamente creativo. El que escenifica la vida con
esqueletos vivientes, mujeres poderosas y crueles para con el deseo del
hombre, espíritus demoníacos que
copulan con mujeres en éxtasis... Imágenes todas ellas creadas
para "emocionar el alma de los hombres y elevarlos a ellos mismos", según
las propias palabras de Rops. Ni su miedo último a la muerte y
a la sexualidad femenina podían ocultar una relación extraordinariamente
inocente con el sexo y con el mundo sobrenatural. Una seña más
de identidad propia de un pintor enclavado en el simbolismo pero alejado
de su visión atormentada del sexo.
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