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Madrid.
JULIA FERNANDEZ
El bordado pertenece a las llamadas artes industriales y decorativas,
un capítulo generalmente olvidado y no bien visto en la historia
del arte español hacia el que siempre se ha mirado con prejuicios
y algo de menosprecio. Pero, paradójicamente, sus obras artesanales
son las que mayor huella han dejado en los seres humanos a través
del tiempo: pertenecen a la cotidianidad, forman parte de las costumbres
y marcan con sus diseños y estilos el gusto artístico de
una colectividad. La llamada arte menor es entonces el mayor generador
de emociones estéticas y los hacedores de sus obras los únicos
magos a los que una sociedad accede para celebrar el misterio de lo que
se conoce como arte.
Dar a conocer
y divulgar estas artes tan presentes en nuestra vida está siendo
el objetivo de la Fundación Santander Central Hispano, en cuyas
salas de Madrid se acaba de inaugurar la muestra "Arte en seda",
una selección de los más ricos y significados bordados realizados
por los maestros lorquinos.
Pieza
ritual
Los
materiales con los que se realizan los objetos bordados han impedido su
conservación más de unos siglos y es esa circunstancia la
que determina el origen de la tradición en Murcia y la que inicia
el recorrido cronológico de la muestra: un terno rojo, atribuido
a Diego Díaz, del último cuarto del siglo XVI, fruto de
un taller murciano para una de las antiguas parroquias de Lorca.
Sus más
de cuatrocientos años miran al visitante con la familiaridad de
la permanencia en la historia cultural de este país. Su diseño
y sus tonalidades forjaron una forma de expresión estética
sacra y se repitieron con minúsculas variaciones a lo largo de
los tiempos. Sus dibujos geométricos o florales se combinan con
las imágenes del viejo y nuevo testamento para lograr esas piezas
ligadas al rito litúrgico semanal de la misa o a la procesión
anual de vírgenes y cristos por calles y plazas de la ciudad.
Las cincuenta
obras de las que consta esta muestra -que ha estado dirigida por el catedrático
de Historia del Arte Cristóbal Belda Navarro- pertenecen sobre
todo al periodo conocido como "Edad de oro" del bordado, que
comprende desde finales del siglo XIX hasta 1936, en su gran parte dedicadas
al arte sacro.
Las manifestaciones
civiles de esta escuela lorquina están presentes también
en la exposición con piezas como el capote de paseo del torero
Joselito, de 1917, y con enseñas de diversas instituciones: banderas,
pendones y guiones.
Sus piezas,
en algunos casos muy cercanas en el tiempo, nos hablan de la permanencia
de esta manifestación creativa tradicional en el presente artístico
de Lorca.
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