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La inversión en educación

Los resultados del estudio de la OCDE sobre el rendimiento académico de los alumnos en áreas como la lectura, las Ciencias o las Matemáticas ponen de relieve que nuestros estudiantes están por debajo de la media de los países desarrollados en las materias citadas, lo que, sin duda, supone toda una carga de profundidad para nuestro sistema educativo, que ni tan siquiera ha acabado de implantar la LOGSE. En mi opinión, estos resultados vienen a demostrar una vez más que los verdaderos problemas de la enseñanza tienen que ver con aspectos íntimamente ligados al hecho de educar -la estructura del currículum, los contenidos, la formación docente, las necesidades de los centros y otros muchos temas que afectan directamente a nuestro trabajo- y no tanto con las peleas ideológicas y de intereses creadas por la clase política. Uno tras otro, los estudios e informes de diversas instituciones nacionales e internacionales refrendan que el fracaso escolar no disminuye y que, lejos de mejorar, los resultados que arroja la escuela son cada vez peores. Esto debe hacer recapacitar tanto a la Administración educativa como a los distintos sectores del mundo de la enseñanza -oposición, patronal, sindicatos, docentes y asociaciones de padres, entre otros- y hacerles ver que la mejor inversión es la inversión en educación. Y no sólo en la dedicación de un mayor presupuesto financiero -también por debajo de los países de nuestro entorno- sino especialmente que sus objetivos deben estar encaminados a abordar los problemas reales a los que los docentes nos enfrentamos cada día en los centros educativos.

Juan Manuel López
Madrid

 
   
 
   

Jóvenes, pero no tontos

Las tribus del vaquero, las zapatillas y los pendientes andan ariscadas gritando consignas contra la LOU y la política educativa del Gobierno. Por fin, han salido de las reservas jardineriles del botellón y el refocilo para demostrarle a la sociedad que saben hacer algo más que tragar pastillas, fumar costo, ponerse hasta las patas de calimocho y estrellar motos y coches contra las farolas. No sólo se dejan ver "destrangis in the night " (Estopa dixit), buscando marcha, sino también a la luz del sol, demandando mejoras en el sistema educativo español. La imagen tópica de la juventud del "¿qué pasa?" , indiferente, destrozapapeleras y anestesiada, empieza a ponerse en entredicho, por más que muchos se empeñen desde los medios de comunicación en presentar estas protestas como resultado de la manipulación, del gusto por la ociosidad de los estudiantes o por el afán de jugar por unas horas a una kale borroka de imitación. Imaginemos por un momento la polvareda que se hubiera levantado si ante las protestas en plena crisis de las vacas locas, alguien se hubiera atrevido a afirmar que no eran más que grupos minoritarios de ignorantes ganaderos con ganas de pasear cuatro terneras.
Tengo la sensación de que sólo nos acordamos de nuestros jóvenes para abroncarlos por su escaso civismo, por lo poco que leen, por lo mal que gastan su dinero, o para ofrecer datos estadísticos sobre la cantidad de drogas que consumen, los condones que gastan o el número de docentes a los que atemorizan. Olvidamos, en cambio, que fracasan año tras año los llamamientos a la milicia porque son mayoritariamente pacifistas o que les preocupan más las ONGs que los partidos políticos. ¿No habrá llegado el momento de dejar de tratar a la muchachada como petimetres? Cuando los quinceañeros y los universitarios salen a la calle es por algo. Eso, que nadie lo dude. Son jóvenes, pero no tontos.

César López Llera
Madrid

 

 
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