Cuatro obras de Zurbarán, Murillo y Velázquez viajan a España desde el Ermitage

Piezas importantísimas de la colección de pintura española del museo Ermitage de San Petersburgo, las obras de los maestros sevillanos del Barroco que estos días acoge la Real Academia de Bellas Artes son también una memoria de la turbulenta historia europea y, sobre todo, símbolos de la embajada que el arte realiza más allá de nuestras fronteras.

Madrid. JULIA FERNANDEZ
El Museo del Ermitage contiene en su colección de arte español una síntesis de la historia de la pintura de nuestro país en la que las grandes escuelas y periodos desde el siglo XV al inicio del XIX han sido magníficamente representados por o-

bras significativas de grandes maestros. Su realidad actual contiene también la historia de unos hombres y mujeres que en una Europa convulsa social, política y económicamente buscaron y adquirieron obras de autores desconocidos del gran público para trasladar y comunicar con ellas la imagen y el espíritu del país más extremo del continente.
La pequeña gran muestra sobre esta colección que estos días acoge la Real Academia de San Fernando en Madrid resume en sus cuatro obras la creación y desarrollo de la que fue primera colección de arte español de un museo europeo. Sus particulares avatares quedan ejemplificados en la adquisición por Rusia del lienzo Descanso en la huida a Egipto, de Murillo, una obra fechada entre 1660 y 1665. Adquirido inicialmente por el antiguo secretario del rey francés Luis XV, será el enciclopedista y amigo de la emperatriz rusa Catalina II el que se haga con él en la subasta póstuma de los bienes del ex secretario. Así lo comunicó a su amigo el escultor Falconet, a la sazón trabajando en San Petersburgo en la estatua ecuestre de Pedro I: "Me parece que le va a agradar lo que afané con mis propias manos en la subasta de Gaignat". Era el año 1768 y fue el primer cuadro español que adornó el Ermitage.
A esta primera obra seguiría otro de los cuadros que han viajado a nuestro país: Muchacho con perro, de Murillo, fechada en 1655 y comprada por vez primera por el coleccionista sevillano Nicolás de Omazur.

Dispersión del patrimonio

Estos dos casos y algunas otras adquisiciones no dejan de hacer rara la compraventa de arte español a lo largo del siglo XVIII, una época en la que sólo eran conocidos fuera de nuestras fronteras los nombres de Ribera, Velázquez y Murillo. Es en el siglo XIX, a raíz de la invasión de la península Ibérica por el ejército de Napoleón, cuando se producirá la salida de numerosas obras de arte en un triste e incontrolado fenómeno de dispersión de nuestro patrimonio cultural.
Muchas de esas obras llegarían a mercados de Europa y serían adquiridas por gobernantes de Rusia llegando a conformar una de las más brillantes colecciones de nuestro arte y de nuestra historia: Cabeza de hombre de perfil, de Diego Velázquez, fechada en 1617, y La virgen niña en oración, de Francisco de Zurbarán, de 1660, los otros dos cuadros con los que se completa esta muestra, pertenecen a esta etapa de la colección.
Sus presencias en Madrid, doscientos años después de haber sido trasladadas a Rusia, son un homenaje a los hombres y mujeres que admiraron la capacidad artística de un pueblo ajeno y también una memoria emotiva de la alambicada historia de España.

 

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