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Un oficio para aprender

Tengo 25 años y estoy en el paro. Esta situación resulta común entre los jóvenes de mi edad que, además, dejamos colgados los estudios y carecemos de una formación mínima para encontrar un trabajo. Pero he descubierto una salida profesional que me parece muy interesante: las escuelas-taller.
Este programa público de empleo combina la formación y la práctica laboral. En su oferta se recogen especialidades encaminadas a la protección del patrimonio artístico, cultural o natural y antiguos oficios que tienden a desaparecer. Desde la albañilería a la carpintería, algunos pueden ser tan atractivos como rehabilitador de entornos urbanos o del medio ambiente.
Los jóvenes que acceden a estas escuelas, reciben inicialmente una formación profesional ocupacional y después se incorporan a un puesto de trabajo, donde tienen la posibilidad de materializar los conocimientos adquiridos. Una vez finalizada su formación teórico-práctica, estos alumnos obtienen un contrato para la formación, según sus aptitudes y destrezas.
Además de la edad y la situación de parado, tienen preferencia las mujeres y los discapacitados, ya que son los grupos que se enfrentan a mayores dificultades para conseguir un empleo. También, los aspirantes pueden solicitar una beca según se recoge en el Plan Nacional de Formación e Inserción Profesional.
Por todo ello, felicito a los responsables de esta iniciativa, que puede constituir una salida profesional para chicos de mi generación, que dejaron la escuela antes de tiempo y que, por su falta de capacitación, no encuentran un espacio en el mercado laboral.

Juan Carlos del Valle
Parla (Madrid)

 
   
 
   

Este niño no para !

Una de las conductas infantiles que resulta más desconcertante para los profesores es la hiperactividad. Traviesos o inquietos son definiciones demasiado simples para calificar los comportamientos de estos alumnos. La falta de información y de apoyo por parte de los padres constituyen los principales obstáculos, que encuentra el profesor para la atención de estos niños.
Según he leído en la prensa recientemente, psiquiatras y psicólogos se muestran partidarios de establecer la más estrecha colaboración entre especialistas, profesores y padres para abordar este problema, que califican de trastorno mental.
Poco sabemos de la hiperactividad, pero nuestra experiencia docente muestra que se produce más en niños que en niñas. No obstante, los últimos estudios al respecto constatan que influyen factores biológicos, psicológicos y sociales y que para su tratamiento es preciso combinar la modificación de la conducta y los fármacos.
Para facilitar su integración en el aula el profesor se ocupará de aumentar la autoestima del alumno, convencerle de que no es un niño vago y, además, que debe aceptar determinadas reglas. Al parecer, es importante no recriminarle, sino indicarle una serie de pautas positivas, como que muestre sus habilidades ante sus compañeros y proporcionarle un ambiente relajado en clase.
La familia también debe asumir su parcela de responsabilidad ante este problema de comportamiento y fomentar la comunicación, razonando las órdenes con el niño. Por último, si el especialista lo considera necesario debe prescribir unos medicamentos para mejorar la atención y la memoria del alumno.

Manuel Méndez
Alcalá de Henares (Madrid)

 

 
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