Dos de las obras expuestas.

Cuatro
diseñadores
resumen en una
exposición
la fuerza del
cartel publicitario francés de comienzos
del siglo XX

Irrumpieron en las calles francesas sorprendiendo por su capacidad expresiva y su arriesgada propuesta estética. Trasladaban a la cotidianidad la atmósfera creativa de un comienzo de siglo excepcional. Su lenguaje simbólico transformó conceptos existenciales. Ahora, una selección de los más afamados y significativos de entre ellos llegan a las salas del museo Reina Sofía

Madrid. JULIA FERNANDEZ
Hermanos culturales de los artistas ligados al movimiento de la Bauhaus, que propugnaban la unidad del arte y la técnica, y herederos de las primeras incursiones en el cartelismo de grandes creadores como Toulousse Lautrec en el París de fines del siglo XIX, los nuevos diseñadores publicitarios emergían en la escena pública con la fuerza de una síntesis estética y expresiva: trasladarían a la vida cotidiana, a sus escenarios más anodinos, la vitalidad de una comunidad artística que vencía diariamente obstáculos técnicos y prejuicios estéticos.
El color, el símbolo, la tipografía serían mensajeros no ya de un artículo de mercado ofrecido al consumo público sino, y sobre todo, de una forma nueva de comprender el mundo y participar en él. Los carteles centrarían por tanto la ilusión social de "ser de nuevo", de renovar modos y formas de una existencia casi siempre monocroma y repetida. Sus creadores realizaban la magia de vender arte y anunciar un producto.

Espectáculo para todos

Los cuatro cartelistas -Cassandre, Colin, Carlu y Loupot- que reúne el Museo Reina Sofía en su exposición "El espectáculo está en la calle, el cartel moderno francés" son los grandes hacedores de este fenómeno cultural y artístico. Con una importante representación de las obras que mayor resonancia lograron en la época, traídas expresamente desde museos estatales y colecciones privadas, esta muestra es la manifestación más evidente del singular y complejo diálogo entre las bellas artes y las artes aplicadas. Su realidad es la del nacimiento del grafismo moderno y la aparición de una nueva figura: el diseñador profesional.
El recorrido por sus obras nos lleva a la atmósfera que durante más de cuatro décadas animó el paisaje urbano de París y constituyó el telón de fondo de sus ciudadanos: desde el cartel de la mítica Revue Nègre –que dio a conocer a Josephine Baker- al que incitó a viajar a Nueva York a bordo del paquebote Normandie. Y también lo que anuncian simples objetos del día a día pero que las sensibilidades de estos cuatro creadores transformaron en las más bellas expresiones de remotos sueños. Una propuesta onírica que tuvo su final en los años cuarenta, cuando nuevas exigencias del mercado trataron de vejar los principios de esta comunicación publicitaria. Los cuatro grandes magos del cartel se alejaron del comercio y continuaron su creación en otros espacios y medios. Pero la huella de una forma de entender y comunicar la vida y sus pequeñas cotidianidades ya nadie podría olvidarla.

 

arriba