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Madrid.
El Defensor
del Pueblo, Enrique Múgica, ha presentado un informe ante la Comisión
Mixta Congreso-Senado, sobre las actividades realizadas por esta institución
durante la primera parte de su mandato, en el segundo semestre del año
2000, tras haber tomado posesión de dicho cargo el 15 de junio
de dicho año. Un dato que destaca en dicho informe es que la administración
educativa es la que más quejas ha originado en el año 2000,
con 6.267 de las 26.784 que se han presentado y las 121 actuaciones promovidas
de oficio. Y también que la calidad de la enseñanza ha sido
uno de los problemas que más han preocupado a los españoles
durante ese período.
El informe
destaca que la escolarización de alumnos con necesidades educativas
especiales, asociadas a condiciones sociales o culturales desfavorecidas,
plantea "problemas a los que debe prestarse una atención prioritaria".
Y advierte que "la afluencia al sistema educativo de alumnos procedentes
de la inmigración requerirá la adopción de medidas,
que palien las dificultades de estos estudiantes para su adecuada incorporación,
y las generadas en los centros que los reciben para la atención
adecuada de los restantes alumnos".
Transporte
y becas
La
Oficina del Defensor del Pueblo cree asimismo que hay que "intervenir
sobre el régimen de admisión de alumnos y sobre el transporte
escolar gratuito, del que se ven privados, entre otros, numerosos alumnos
de Educación Infantil residentes en núcleos de población
en los que no existe oferta de enseñanzas complementarias".
Por lo que respecta a la situación de los beneficiarios de becas
destinadas a la formación de personal investigador, propone "un
cambio en su estatuto jurídico que les permita, por un lado, acceder
a los beneficios sociales de los que dispone quien participa en una relación
laboral y, por otro, que los servicios prestados y el trabajo realizado
sean tomados en consideración a efectos laborales".
El informe
también reclama medidas para que "los alumnos que cursen enseñanzas
constitucional y legalmente definidas como obligatorias y gratuitas dispongan
al menos del material escolar imprescindible para cursarlas, sin que ello
suponga una carga económica, a menudo considerable, para las familias".
Incluye los libros de texto entre ese material gratuito, e insta a los
servicios de inspección de las administraciones educativas "para
que lleven a cabo actuaciones generalizadas en los centros docentes concertados,
para constatar si cumplen o no las condiciones establecidas en los conciertos
educativos, especialmente en lo referido a la gratuidad de la enseñanza".
Práctica
habitual
En
concreto, el Defensor del Pueblo se refiere a "la presunta práctica,
más o menos generalizada, según la cual tales centros perciben
determinadas prestaciones económicas de los padres de los alumnos,
por conceptos diversos no siempre justificados". Dice que muchos
cobros se presentan como "donaciones supuestamente voluntarias",
o se obtienen a través de "organizaciones, fundaciones o asociaciones
de padres de alumnos interpuestas". Y señala que las propias
administraciones educativas reconocen que esta práctica es habitual,
y que los centros alegan que emplean estos mecanismos porque los conciertos
no alcanzan para financiar el coste real de cada puesto escolar.
El informe
indica que "se trata de un problema real y generalizado, que si no
se ha hecho más explícito es porque los padres de los alumnos
son conscientes de que el desembolso que realizan es, en todo caso, muy
inferior al que se derivaría del abono de las enseñanzas
en un centro privado no concertado". Y añade que estos pagos
quizás se aceptan también porque pueden ser "un mecanismo
de selección indirecta de alumnos, que contribuye a alejar de esos
colegios a niños procedentes de entornos sociales desfavorecidos,
de familias inmigrantes o de minorías étnicas".
Desmentido
La
patronal católica Educación y Gestión, mayoritaria
en la enseñanza concertada, ha negado que exista en sus centros
"una práctica generalizada de cobros anómalos a las
familias por actividades y servicios para sus hijos". El presidente
de esta organización, Néstor Ferrera, afirma que la Administración
no cumple la parte de los conciertos que le corresponde, "al no asumir
el costo real de la enseñanza que ofrecen los centros concertados.
Por ese motivo los padres, en el uso de su libertad, buscan fórmulas
alternativas de financiación, lo que resulta totalmente legítimo".
Y estima que también "es la Administración la que al
no asumir el costo real de cada puesto escolar está impidiendo
la entrada en nuestros centros de alumnos de familias inmigrantes, de
minorías étnicas o procedentes de entornos socialmente desfavorecidos,
y no un supuesto mecanismo de selección".
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