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Madrid.
JULIA FERNANDEZ
Tras el impresionismo y su profunda propuesta de ruptura con el arte anterior,
Europa vive en una revuelta atmósfera creativa en la que se buscan
vías expresivas que representen la nueva era social y sus anhelos;
nuevas vías que singularicen, identifiquen y hagan evolucionar
los gustos estéticos y espirituales de los pueblos.
Entre los intentos
de encontrar un arte para y del siglo XX está la singular propuesta
que en las primeras décadas protagonizaron los mayores artistas
de la época y que ha sido considerada como el más complejo
y rico intento de conciliar dos conceptos antagónicos en la historia:
la modernidad y el ideal clásico del arte.
El recuperar
y renovar los principales fundamentos del arte clásico –la forma,
la línea y los géneros tradicionales: el desnudo, el bodegón,
el retrato, el paisaje- fue el objetivo que hizo confluir a algunos de
los líderes de las vanguardias parisinas en los años anteriores
a la Primera Guerra Mundial: Matisse, Picasso, Derain, Bonnard... Cada
uno de ellos, a la luz de los nuevos retos del arte moderno y desde planteamientos
personales, buscan soluciones a los problemas formales de la pintura moderna
y, para ello, vuelven la mirada hacia el arte clásico.
Perdurable
y vivo
Esta
compleja y significativa corriente artística que en unas décadas
se difuminó para dar paso a las múltiples y sucesivas vanguardias
europeas, es la que estos días recoge y recuerda el Museo Thyssen-Bornemisza
en su muestra "Forma. El ideal clásico en el arte moderno",
un homenaje a la concepción clásica de la belleza y el arte.
Comisariada por el conservador jefe del Museo, Tomás Llorens, y
organizada en colaboración con la Fundación Caja Madrid,
la exposición reúne setenta obras de los principales representantes
del arte moderno, procedentes de treinta museos y colecciones particulares
de todo el mundo.
Oleos, esculturas,
acuarelas y dibujos de Maillol, Renoir, Cezanne, Matisse, Picasso, Degas,
Carrá, Morandi, Sunyer, Juan Gris, Dalí y Julio González,
entre otros, se agrupan en ocho secciones temáticas, enfrentando
a veces sensibilidades aparentemente distantes pero profundamente unidas
en su búsqueda artística. Sus propuestas ponen de manifiesto
cómo llegaron a fundirse en estos creadores los conceptos opuestos
de clasicismo y modernidad. La búsqueda eterna de un arte perdurable
y al mismo tiempo vivo.
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