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El negocio de los libros de texto

Cada inicio de curso aparecen los desequilibrios económicos familiares causados por los libros de texto. Este año me toca ser víctima no sólo de su abusivo precio (precio medio por libro 3000 ptas), sino de la tomadura de pelo que supone su contenido. Mi hija pasará el curso coloreando dibujos y escribiendo en los libros (negocio redondo, por ser inservibles para su hermano), a veces, entre sus hojas, aparecen unas simples muestras de letras o sencillas operaciones aritméticas que, sin ningún esfuerzo, el personal docente podría escribir en la pizarra y los alumnos copiarlas en sus cuadernos (precio medio de un cuaderno 100 pesetas). Así se hacía en otros tiempos y, desde luego, la mayoría de los padres no somos incultos analfabetos.
El negocio de los libros de textos es seguro y muy lucrativo a costa de nuestros hijos. Incluso, a pesar de tanto libro de texto inútil, cada vez es mayor el fracaso escolar, los niños no son capaces de redactar correctamente un texto ni dominar otro idioma al finalizar la educación obligatoria, crece la incultura y desaparecen los buenos modales.
Los poderes públicos siguen año tras año consintiendo el negocio. Invito a todos los padres a tomar medidas contra este abuso permanente.

Begoña Mendoza Casares
Ciempozuelos (Madrid)

 
   
 
   

Jóvenes fumadores

Los últimos datos que se han dado a conocer sobre el consumo de tabaco entre los adolescentes resultan, en mi opinión, alarmantes. Según se desprende de una reciente encuesta, un 75% de los chicos entre 14 y 19 años consume tabaco. Este dato confirma la inutilidad de las campañas sobre las nocivas consecuencias para la salud que conlleva el consumo de esta droga, ya que los jóvenes fuman cada vez más y comienzan a edades más tempranas.
Los psicólogos afirman que el adolescente empieza a fumar por imitación, porque desea ser igual a los de su grupo, y además, cree que el cigarrillo le da una apariencia de madurez. Otro factor que debemos considerar es el atractivo que tiene para los jóvenes rebelarse contra una prohibición.
No obstante, la responsabilidad no debe recaer exclusivamente en los organismos públicos, sino que los padres debemos asumir parcela que nos corresponde.
Para convencer a un adolescente de que abandone el consumo de tabaco debemos empezar por dar ejemplo y, si somos consumidores de cigarrillos, dejar el vicio de inmediato. Por lo general, las amenazas no funcionan y tampoco resultan efectivas las actitudes agresivas o de prohibición. Debemos actuar de forma racional y mostrar a nuestros hijos los daños que ocasiona el tabaco en su salud y los inconvenientes para la práctica deportiva.
Dado que los colegios suelen desarrollar campañas informativas antitabaco y con resultados muy positivos, los padres debemos averiguar si en el centro al que acuden nuestros hijos las ha programado y, en caso contrario, sugerir a los responsables educativos que las emprendan de inmediato.

María Rosa Sánchez Vargas
Parla (Madrid).

 

 
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