Por una escuela de éxito

Asisto a una conferencia de inicio de curso de las muchas que se celebrarán estos días en Catalunya. Unas 200 maestras –la asistencia de las mujeres es siempre más numerosa- que, un año más, tratan de pensar sobre su trabajo, que se interrogan sobre su compromiso personal, y acuden para escuchar a alguien que les cuenta algo al respecto. Y yo que, efectivamente, trato de decirles algo, porque me parece que hace demasiado tiempo que la educación va a la deriva, que se habla de cuestiones secundarias y que hemos perdido de vista el hilo conductor.
Desánimo, lucidez, cansancio. Una primera intervención irrefutable: "Nos dices que la escuela debe transmitir valores, crear hábitos, inculcar actitudes de responsabilidad, respeto y democracia. Pero los valores sociales reales son otros, y estamos hartos de tener que ir contra corriente, de ser la tapadera de una sociedad hipócrita que dice una cosa y hace otra, que es la que realmente los niños y niñas aprenden".
El diagnóstico es agudo, y muy compartido. Y empieza una segunda línea de intervenciones, quizá aun más compartida: el malestar y la impotencia del profesorado ante unos adolescentes difíciles, con poco presente y sin futuro visible, incapaces de disciplina, de aprendizaje, de convivencia ordenada. La marginación que la sociedad produce y que enviamos a la escuela, pidiendo que resuelva lo que se ha echado a perder por una serie de causas totalmente extraescolares.
Pero existe todavía una tercera línea de problemas; no sólo el profesorado no se siente socialmente valorado y reconocido sino que, al contrario, a menudo se siente abandonado y humillado. Lejos del hacer del maestro y de la maestra los primeros ciudadanos de este país, como quiso hacer nuestra segunda república, y como aconsejaría la importancia que todos otorgamos a la educación, parece que hayamos perdido toda la confianza en ellos, y que se trate de una profesión cada día menos valorada.
Así pues, el curso comenzará con malestar, con pocas ganas, con la tentación de cumplir con los mínimos para muchos enseñantes. Estamos lejos de esos años y de ese entusiasmo que hizo posible la salida de la escuela franquista, la creación de un nuevo sistema educativo; lejos de ese salto adelante que se produjo a pesar de todo muy real. Nadie sabe demasiado bien qué ha pasado, ni cómo hemos llegado a esta situación, cómo hemos pasado de aquel estallido de proyectos y energía, en una etapa en la que había menos recursos y más demanda, a esta etapa gris, dominada por la desconfianza y reproches entre familias, profesorado y administración. Aunque falte ilusión, el profesorado volverá al trabajo, y en su mayoría, volverá a hacer todo lo posible, porque es consciente de que para cada crío todo empieza de nuevo, y que cualquier omisión de los adultos genera una falta irreparable. Pero la escuela que tenemos no es la que querríamos, la que necesitamos para los retos que se nos plantean. (…)

Marina Subirats.
EL PERIÓDICO. 18-septiembre-2001

Los expertos alertan de la 'desastrosa' formación científica en secundaria

Representantes de las reales sociedades de Matemáticas, Física y Química mostraron ayer en el Senado su preocupación por el "desastre" que puede suponer para el futuro científico y tecnológico español la "escasa formación" en ciencias que están recibiendo los alumnos de secundaria. Este "analfabetismo funcional" que se traslada al ámbito universitario dejará al país en unos años "con pocas posibilidades de competir en Europa", dicen. Las notas de esas materias en secundaria son muy bajas y cada vez hay menos alumnos interesados por carreras de ciencias.
Los miembros de las sociedades de Matemáticas, Física y Química expusieron a los senadores de una ponencia especial, que inició ayer sus trabajos, su opinión de que los desajustes de la reforma educativa están teniendo "graves" consecuencias. A la reunión de ayer seguirán otras con el fin de alcanzar en unos meses unas conclusiones que puedan ser incorporadas a la futura Ley de Calidad, que reorganizará los estudios de secundaria y el acceso a titulaciones superiores.
Ya hace algunos años que los profesores universitarios vienen detectando el 'bajo nivel' en ciencias con el que los alumnos llegan a la universidad. Para tratar de paliarlo algunas facultades, como la de Matemáticas de la Complutense de Madrid, han añadido un curso cero a los años propios de la carrera. Se trata de un curso intensivo de unas semanas para los alumnos que ingresan en el que se trata de poner al día los conocimientos científicos de los estudiantes, para que no arrastren lagunas durante la carrera que mermen su formación final.
La deficiente formación en estas asignaturas se ha convertido en una barrera insalvable que está alejando a los estudiantes de las carreras de ciencias. Eso se observa con claridad en las notas de corte para acceder a estas titulaciones. Carlos Pico, miembro de la Real Sociedad de Química, explicó ayer que para iniciar carreras tradicionalmente de prestigio, como la Ingeniería de Caminos, sólo se necesita en la actualidad conseguir un 5,00 en la Selectividad. Esta nota de corte indica la baja demanda existente para cursar estos estudios. El estudio está hecho en la comunidad de Madrid, "pero puede extrapolarse a otras comunidades".
Pico presentó además ante los senadores que forman esta ponencia un estudio en el que se observa cómo alumnos que han superado la selectividad con un suspenso en matemáticas, física y química se decantan luego por carreras de ciencias. Consiguen aprobar en Selectividad porque las notas en otras asignaturas les compensan la nota media. (…)

Carmen Morán.
EL PAÍS. 14-septiembre-2001.

 
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