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Madrid.
JULIA FERNANDEZ
La propuesta artística que protagoniza Holanda en la década
de los veinte es una provocación en un contexto creativo en el
que la representación verídica de las personas, de sus circunstancias
o de los objetos que cotidianamente forman parte de sus vidas, era un
camino agotado en el siglo anterior. La aparición de la fotografía
como medio capaz de plasmar la realidad de forma objetiva cuestionaba
uno de los fines tradicionales de la pintura: si ya no era estrictamente
necesaria como reflejo de la realidad, podía abrir las puertas
de la experimentación e iniciar la búsqueda de nuevos sentidos
al quehacer pictórico.
Es en esta
misma búsqueda expresiva alejada de los parámetros ya vividos
por la plástica, donde Holanda regrese, paradójicamente
y contra las corrientes vanguardistas del resto de países, a una
forma de decir que le es profundamente propia y que enlaza con la revolución
emprendida por sus antepasados: sugerir y representar lo que es singular
en cada fragmento de vida. Aquello que un sorprendente y genial Vermeer
logró en sus misteriosas, cálidas y etéreas imágenes
de la Holanda del XVII.
Realismo
mágico
Esta
nueva corriente, calificada por algunos como "realismo mágico",
tendrá también en la fotografía un medio de enorme
expresión. Se planteaba por vez primera no acartonar, no "mejorar",
no mixtificar la realidad sino sólo mostrarla en su dimensión
menos artificial. Sus imágenes nuevas de los seres humanos, de
sus costumbres y de los objetos con los que convivían fueron un
motor de cambio para una sociedad que quería ser como su imagen
especular.
La muestra
"Visiones huidizas. El regreso al realismo en los Países Bajos:
1925-1945" que estos días expone la Fundación Carlos de
Amberes en Madrid, es la presentación en nuestro país de
una corriente artística muy poco conocida. Realizada en colaboración
con el Museum Kunst de Amhem y comisariada por la profesora Estrella de
Diego, reúne un total de 87 obras entre fotografías, pinturas
al óleo y grabados que son un completo recorrido por los autores
y las obras más significativos de esta escuela. Su sistema organizativo,
enfrentando la fotografía a la pintura, muchas veces abordando
la misma temática y en otras reflejando el ambiente que rodeó
la creación, hace de este conjunto de autorretratos, retratos y
naturalezas muertas una fascinante mirada a una realidad permanente aún
en el tiempo.
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